Hace unos días me llegaron unas palabras pronunciadas por don Stefano, sacerdote de la Comunidad del Cenáculo, un movimiento que ayuda a jóvenes con adicciones a rehabilitarse mediante la oración, el acompañamiento y el trabajo, dirigidas a los padres de los residentes: “Cuando uno de vuestros hijos nos escribe una carta diciendo que quiere ir a las misiones o quiere hacer aquello o lo otro…, esperan. ¿Y por qué esperan? Porque el tóxico es aquel que escapa siempre de lo que vive, y vive permanentemente escapando. A veces, también nosotros escapamos así. Estás en una casa donde te cuesta un poco…, como uno que no está bien con su mujer y dice: ‘bah, mejor me busco otra que me sonría más…’ o alguna que tiene dificultades con el marido… Así es, para nosotros, la mentalidad intoxicada de nuestra vida. Cuando hay un momento de dificultad, escapamos pensando que esa fuga nos hará más felices y, en cambio, nos acaba entristeciendo más. Por eso hacemos esperar a vuestros hijos, para que su marcha no sea una huida, sino una donación, que sea una semilla que Dios les ha puesto en el corazón y después crece”.

La reflexión me recordó el tiempo en que mi hermano pequeño, monje de la Comunidad del Cordero, barruntaba su vocación. Estaba estudiando Derecho y, como sintió con fuerza la llamada, decidió abandonar la carrera para irse con la Comunidad. El prior le aconsejó que terminara antes la carrera: “si tu vocación es auténtica, seguirás teniéndola entonces”. Terminó la carrera y decidió hacerse objetor de conciencia para no tener que hacer el entonces obligatorio Servicio Militar, pero el prior de la Comunidad le volvió a decir: ‘cumple el Servicio Militar, que, si tienes vocación, la seguirás teniendo cuando acabes la mili’. Mi hermano obedeció y hoy, más de veinte años después, es un monje feliz, entregado a Dios y a los demás.

La espera es importante también en la familia. En especial, cuando se trata de tomar decisiones de calado. Podemos sentir grandes impulsos, a veces meramente pasionales y otras más espirituales, que nos empujan en distintas direcciones. No siempre hay que seguirlos. Es necesario discernir su procedencia, su móvil, su destino y, sobre todo, su coherencia con la plenitud de vida que hemos elegido al optar por el matrimonio y la familia.

En no pocas ocasiones, estos impulsos vienen disfrazados de bondad, incluso de caridad. Otras veces, se confunden con la felicidad…, normalmente la nuestra, claro.

Cuando empezaba a ejercer la profesión de abogado, una persona pidió un día al abogado con el que yo trabajaba que le preparara la transmisión de todo su patrimonio a su mujer y a sus dos hijas pequeñas. Yo, recién licenciado y presente en la reunión, pensé: ‘un gesto noble y desprendido’..., hasta que desveló el motivo: había descubierto que su vocación era la de ser misionero laico y quería abandonar a su mujer y sus hijas por esa generosa y entregada causa. El abogado con quien trabajaba (y mi primer e inolvidable maestro en esta profesión), con gran experiencia y sentido ético, hizo una delicada reflexión y declinó amablemente llevar el asunto.

Detrás del altruismo aparente, se escondía una visión egoísta de la caridad. En el fondo de su decisión estaba él mismo, que era en realidad a quien buscaba, instrumentalizando en cierto modo a los pobres del tercer mundo. Si de verdad pensaba sinceramente en la felicidad de los demás, debía empezar por los suyos, me explicó mi mentor.

San Agustín llamaba a este principio el ‘ordo amoris’: el orden o jerarquía en los amores. Y proponía empezar por los que están más cerca de nosotros, aunque haya momentos en que pueda hacerse exigente.

Por eso la espera es tan conveniente, porque nos ayuda a distinguir y a ubicar nuestros amores en el lugar adecuado. Ahora bien, ha de ser una espera activa, prudente y sabia, que pida consejo, si es necesario, para salir de esa “mentalidad intoxicada de nuestra vida” de que hablaba don Stefano, no sea que nos pasemos la vida huyendo de nosotros mismos y nos demos una y otra vez de bruces con nuestra propio y egocéntrico interés.

Javier Vidal-Quadras Trias de Bes

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.570 seguidores