Las vacaciones son un buen tiempo para soñar, dejar volar la imaginación y hacer grandes planes, incluso en un post sobrevenido como este, escrito cuando ya me había despedido hasta septiembre…

El impulso de escribir me ha llegado esta vez de la letra de una famosa canción que he escuchado estos días en el coche, en una de las listas de mis hijas. Probablemente sea una de las canciones más escuchadas de la historia de la música, pero nunca antes había prestado suficiente atención a su letra. Esto pasa mucho con las canciones, sobre todo si son en una lengua que no es la propia.

¿Quién no ha escuchado Imagine, de John Lennon? Es una canción bonita y esperanzada que invita a soñar en un mundo mejor. Un mundo, dice el cantautor, sin países ni fronteras, sin posesiones, sin codicia ni hambre, fundado en una gran hermandad de hombres y mujeres compartiendo todo lo que tienen y viviendo en paz.

La canción comienza de forma paradójica, porque su descripción utópica de un paraíso en la Tierra pasa por eliminar el Cielo. Es comprensible desde una perspectiva agnóstica. Y también pasa por eliminar las religiones, aunque creo que Lennon se refiere solo a sus desviaciones humanas y al sufrimiento que a veces han ocasionado, porque no creo que un intelectual como él desconociera el inmenso bien que las religiones han hecho a tantas personas y sociedades. Al fin y al cabo, una canción aspira a ser poesía, y la poesía juega siempre con imágenes que no pueden captar todas las facetas de la realidad.

Creo que todo lo anterior es asumible incluso para un católico, pues, cuando alcancemos el Paraíso que Lennon describe, en efecto, los actuales Cielo y Tierra habrán desaparecido y una nueva Tierra y un nuevo Cielo acaecerán. Y las religiones tampoco serán necesarias porque la criatura vivirá ya con el Creador.

Pero, cuando, incluso con estas premisas, he escuchado la canción y me he dejado llevar por ella intentando imaginar el mundo que tan poética y bellamente expresa, me he llevado una gran desilusión: no he sido capaz de encontrar la felicidad en esta fraternidad lennoniana.

Me ha gustado el deseo de Lennon de una humanidad que no tenga nada por lo que matar, pero me ha desconcertado, y decepcionado, su propuesta de un ser humano que no tenga nada por lo que morir. De pronto, he vislumbrado un ser humano deshumanizado, pacificado, casi domesticado, sin grandes pasiones ni emociones. Así me lo he imaginado. La gran hermandad de Imagine me ha parecido insuficiente, como un trayecto con destino al mero bienestar, que es mucho…, pero es poco.

Y me he quedado preocupado. Seguro que Lennon no pretendía esto. ¿Por qué, entonces, cuando intento imaginar su mundo ideal se me presenta como un mundo romo y poco atractivo? ¿Qué es lo que falta? ¿No bastan la paz, el bienestar y la fraternidad universales?

Llevo unos días sin poderme quitar este pensamiento de la cabeza y hoy, por fin, he dado con el obstáculo que me impedía disfrutar de la utopía de Imagine.

El día 9, mis hijas subieron a mi padre, con su fémur recién fracturado, para que pudiera venir a pasar unos días con sus hijos y nietos y disfrutar del aire de la montaña. El día 14 tuvimos la ‘vidalquadrada’, el encuentro de cada verano con mis hermanos y sobrinos, y la imaginación me llevó, como cada año, al recuerdo de mi madre, que tanto disfrutaba en vida de estos encuentros familiares y que estuvo especialmente presente en la jornada.

Y, gracias a esta sencilla anécdota familiar, he visto con meridiana claridad lo que echo de menos en el mundo de Imagine y me he apresurado a escribirlo: un padre, una madre. No quiero vivir en una fraternidad huérfana, que no tenga, en la Tierra o en el Cielo, un padre y una madre a quien amar y por quien ser amado. Quiero poder amar apasionadamente, poder disfrutar y sufrir por aquellos a quienes amo. Quiero, sí, tener una razón por la que morir y por la que vivir, y quiero haber aprendido esta razón de un padre y una madre que me han amado hasta el extremo de entregar cada día de su vida por mí.

Entonces, he decidido completar la hermandad de Imagine y he topado con la única persona que ha mostrado a esta humanidad nuestra un Padre que es también Madre, para que los hombres no vivamos en un gran orfanato universal, sino que podamos, siempre, ser familia. Así que he recuperado el Cielo de verdad, aquel en que nos encontraremos con un Padre con corazón de Madre que sí tuvo una razón para morir, y lo hizo a través de su Hijo. Y en ese Cielo casi he podido ver a mi madre… y a tantos otros seres queridos.

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one…

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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