“Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas”, aseguraba Oscar Wilde. Y, sin embargo, cuanto más se conoce a alguien más fácil es amarle. La gran ventaja del amor es que facilita el conocimiento. El amor no es ciego, como dicen, sino agudo y perspicaz. Solo el que ama de verdad es capaz de conocer a la persona amada por lo que es… y por lo que es capaz de llegar a ser. Pero hay que ponerse. Por eso, estoy de acuerdo con Wilde en la primera parte de la frase, pero discrepo de la segunda.

Si el talón de Aquiles del varón es el respeto, el de la mujer es el amor, entendido aquí, sobre todo, como sentimiento. O, dicho de otra manera, el miedo a no ser amada.

La pregunta que sobrevuela su mente una y otra vez es: ¿me escogería a mí de nuevo”. Y, por desgracia, la torpeza del varón estimula muchas veces esa inseguridad porque las señales que envía, que suelen tener su origen en una mezcla de orgullo e ignorancia, pueden suscitar dudas y recelos.

“No entiendo por qué he de manifestar tan a menudo el amor a mi esposa. Ya le dije que le quería cuando nos casamos. Ella ya sabe que la quiero. Si cambio de opinión, ya le informaré”. Suena cómico, pero está más cerca de la realidad de lo que parece.

Uno de los grandes errores del hombre es pensar que el amor es como un negocio que se cierra con su firma el día de la boda y ya queda fijado para siempre. A partir de ahí, a ejercer derechos: la visión contractualista del amor. Otro gran error es la reducción mental de pensar que lo que la mujer necesita es oír muchas veces “te quiero”, “cariño” o expresiones similares como si de una fórmula mágica se tratara o como si la mujer fuera una niña antojadiza que hay que contentar con fáciles recursos.

No. La mujer, como el varón, necesita ser y sentirse amada, pero ella de manera diferente. No basta con decirlo -¡aunque hay que hacerlo!-, es necesario amar con la misma competencia con que se afronta un partido de pádel o el cierre de una transacción: con preparación, esfuerzo y conocimiento.

Aunque la lógica del varón arroje un resultado positivo en la mente femenina (se ha casado conmigo, intenta que estemos juntos, trabaja mucho para la familia, me trata bien…), si el corazón no experimenta el amor, la mujer no se siente amada. Es lo que tiene que el ser humano sea, como decía Aristóteles, una “inteligencia deseosa” o un “deseo inteligente”.

Jeff Feldhahn, en su libro For Men Only, escrito con su esposa Shaunti, sugiere dos consejos que podrían expresarse así:

  • Asegúrale que la amas
  • Sigue conquistándola

Y propone algunas actitudes que ayudan a ponerlos en práctica:

  • Si estás enfadado o algo te preocupa, aclárale, verbalmente o con tu conducta, que es un tema pasajero o que no tiene nada que ver con ella y que la sigues queriendo mucho y la necesitas. Si no, ella no dejará de dar vueltas a tus reacciones y tenderá a pensar que tu amor está en juego.
  • Si ella está enfadada o contrariada por algo, no huyas a tu cueva, aunque aparentemente te rechace. No necesita tu silencio, sino que la abraces física y espiritualmente (con permiso del coronavirus, claro). Y si inicialmente te rechaza, trágate el orgullo y vuélvela conquistar; piensa que el rechazo es su última interpelación (“¿me amas de verdad?) y está esperando que vuelvas, no que te vayas.
  • Si necesita hablar de algo, aunque a ti te parezca que el tema está agotado, escucha y empatiza, y no te tomes siempre sus comentarios sobre la relación como una crítica velada. Baja las defensas y aprende.
  • Demuéstrale perseverantemente, con esas llamadas diarias, con pequeños detalles y atenciones, con el esfuerzo por comprometerte de verdad en los asuntos ‘domésticos’, con el interés (¡solo interés, sin consejos y soluciones gratuitas!) por sus temas profesionales o personales… que la sigues amando y que quieres hacerlo cada día más. Y, por supuesto, díselo, pero no como una cláusula de estilo, sino como corolario de una preferencia manifiesta.

Hay más, mucho más, pero lo reservo para los próximos posts. Mañana me dirigiré de nuevo a las mujeres, que los hombres necesitamos tiempo para asimilar estas cosas.

Hasta mañana.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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