Estos días de confinamiento las redes sociales están que arden. Wahtsapp, Instagram, twitter, slack, emails, skype, zoom… Mucho se ha hablado de las diferencias entre el cerebro femenino y el cerebro masculino. Para un hombre arquetípico, esta acumulación de información y de emociones es la prueba de fuego.

Para una mujer no deja de ser la intensificación y extensión de su universo psíquico habitual. Dicen los expertos que el cerebro femenino es como un ordenador en el que se van abriendo distintas ventanas sin solución de continuidad. Pensamientos, recuerdos y emociones emergen simultáneamente sin que la mujer sea capaz de ignorarlos ni apartarlos. En cambio, el varón recibe muchos menos impactos y, además, es capaz de minimizar las ventanas que en ese momento le estorban, para concentrarse en las que le interesan.

El cerebro de la mujer está diseñado para procesar muchas cosas diferentes a la vez y para trabajar en todas esas ventanas simultáneamente; mientras que el cerebro masculino está diseñado para procesar en profundidad una sola cosa a la vez sin distraerse, afirman Shaunti y Jeff Feldhahn.

Y la mujer tiene todavía una complejidad añadida: está más sujeta que el varón a experimentar invasiones de pensamientos, emociones o preocupaciones no resueltas en el pasado, que quedaron allí expectantes una semana, un mes ¡o diez años! atrás y se despiertan un día cualquiera, sin avisar. Es verdad que esta conexión entre información y emoción les dota de una prodigiosa memoria biográfica: “Cariño, ¿te acuerdas de cuántos años tiene la lavadora?” “Espera…, la compramos cuando estaba embarazada de Juan, justo el día después de la primera ecografía; a ver, la tengo aquí, en el whatsapp. Sí, el 10 de junio de 2007”.

El varón no acaba de entenderlo, y le desconcierta que, de repente y sin aviso previo, su mujer rescate algo que sucedió hace dos años, se emocione con un recuerdo súbito, se acalore o enfade por un hecho aparentemente trivial que ella ha conectado con un recuerdo emotivo o salte de un tema a otro sin aparente relación y sin lógica aparente.

Si el varón pudiera estar dentro del cerebro de su mujer lo entendería todo. Anoche, estábamos cenando, había un sitio vacío con el plato rebañado y pregunté: “¿Pablo ha cenado ya?” Mi mujer, que estaba preguntándose por qué demonios Pablo no estaba cenando con toda la familia, contestó, en tono de denuncia, con una emoción en lugar de una información: “Está en su cuarto”. Yo había preguntado si había cenado, pero ella, con esa escueta respuesta, quería que yo escuchase: “Pablo ha cenado aprovechando que nos hemos levantado un momento a ver el discurso del Rey sobre el coronavirus y ha aprovechado para irse a su cuarto, probablemente a ver una serie, cuando sabe que ha de cenar con la familia”.

Pero, claro, si no me hubiera transmitido esa emoción, no podría haber cenado tranquila porque ese sentimiento le hubiera estado acechando durante toda la cena. Por suerte, estaban nuestras hijas mayores, y una de ellas, comprendiendo mi perplejidad, se levantó a decirle a Pablo que tenía que venir a la mesa aunque ya hubiera cenado, mi mujer pudo cenar tranquila y yo volví a entender de qué iba la cosa.

La mayoría de mujeres no pueden ignorar un pensamiento o un sentimiento que les asalta y no quieren tener. Si el marido se va enfadado al trabajo, cambia de tercio, compartimenta su mente y, a su vuelta, afronta el enfado con su mujer. La mujer se queda todo el día dándole vueltas. Aunque, he de confesar que, en esto, yo me identifico más con la mujer.

Esta configuración cerebral tiene muchas ramificaciones que explican por qué a tu mujer le preocupan cuestiones que a ti te parecen sin importancia, o no acaba de confiar en tu decisión (no ir a buscar a Pablo), o se empeña en hablar de un asunto mal cerrado, o está demasiado “cansada” (abrumada con exceso de ventanas abiertas) como para tener relaciones sexuales.

El consejo para el varón es no ignorar, sino, al contrario, aprovechar las ventanas del cerebro de la mujer:

  • Si su preocupación tiene que ver contigo, escucha y tranquiliza: “perdona, te quiero mucho, hablamos de esto cuando quieras”.
  • Si no guarda relación contigo, escucha igualmente, anímala a actuar o hazlo tú en su lugar: “tienes razón, Pablo debería estar aquí. Voy a avisarle”.

Hasta mañana.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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