En el post anterior hablaba del marido ‘proveedor’. Proveer está bien, pero a muchos hombres les sucede que no han hecho antes un riguroso estudio de mercado y acaban proveyendo bienes que no responden a las solicitudes del mercado. En un mercado de consumidor único como es el matrimonio, esto es una desidia especialmente grave, porque hay estudios muy buenos de lo que este consumidor quiere.

Jeff Feldhahn, en su libro For Men Only, destaca, sobre todo, la necesidad de seguridad. Pero, aquí se produce muchas veces otra confusión, porque el marido suele identificar seguridad con bienestar material. Pero ¿realmente las mujeres valoran tanto la seguridad económica?

En las entrevistas realizadas durante la preparación del libro, se obtiene la siguiente estadística: siete de cada diez mujeres prefieren pasar dificultades económicas a sufrir una distancia emocional en la relación matrimonial. Y de dichas entrevistas se pueden entresacar las distintas lecturas/consejos:

  1. Tu mujer se siente segura cuando tú estás cerca. La cuenta que le importa no es tanto la del banco cuanto la de la cercanía e intimidad. Compartir casa y cama no es suficiente y, aunque a ti te lo pueda parecer, no equivale a intimidad y cercanía. La gran diferencia entre una relación plena y una insuficiente no está en la gran escapada, el planazo excepcional o la cena romántica, sino en los pequeños detalles diarios que le dan contenido constante y continuidad. Para tu mujer, la seguridad y felicidad matrimonial no proceden solo de transmitirte sus emociones, sino, muy especialmente, de conocer las tuyas, incluso aquellas que experimentas en la zozobra y dificultad, en la debilidad.
  2. Tu mujer se siente segura cuando sabe que ella y vuestros hijos son para ti lo primero después de Dios. Si sabe que estás de verdad ahí, por ella y por vuestra familia, contigo puede soportar cualquier dificultad financiera. Muchos hombres se centran en proveer de bienestar material y económico porque es más fácil de medir que el bienestar emocional. ¿Cómo se puede cuantificar el amor? Fácilmente. Sí, el amor tiene su propia métrica, pero nosotros preferimos dejarlo en el etéreo platonismo para no quedar en evidencia. Es una cuestión de prioridades. Y la métrica es muy sencilla, consiste en calcular si la cantidad de tiempo (fuera de las horas necesarias para el trabajo y para el sueño) que le dedicas a ella es superior a la que dedicas a cualquier otra cosa. No se trata de dedicar todas las horas disponibles, pero sí de ejercer una elección constante prioritaria. Si esas horas están más ocupadas por el fútbol, el pádel, tus amigos, tus aficiones, el trabajo fuera de horas, etc., me temo que priorizas mal.
  3. Tu mujer se siente segura cuando eres activo en casa y con vuestros hijos. Muchas mujeres experimentan la sensación de que empezaron este camino del matrimonio y la familia con un socio comprometido y, con el paso del tiempo, se encuentran a sí mismas como socias mayoritarias de una empresa que se llama familia en un domicilio social que el socio minoritario visita tan solo para asistir a las juntas generales. Y, encima, muchas veces viene en plan experto y exigiendo resultados. ¿Primer paso? Apreciar todo lo que ella hace y agradecérselo mucho. ¿Segundo? Hablar con ella y pedirle humildemente consejo. ¿Tercero? Seguir su consejo y reordenar la agenda.
  4. Tu mujer se siente segura cuando te ve luchar por tu trabajo y por tu familia. En el terreno profesional y laboral, a diferencia del varón, la mujer no valora tanto los resultados como el esfuerzo. Si te ve esforzarte, no le importa sufrir dificultades económicas. ¡No has fracasado! Para ella tú vales más que una paga, que la cuota de una hipoteca o que una segunda residencia. Tu éxito es el esfuerzo y la entrega.

Dicho lo anterior, cualquier mujer prefiere un marido feliz y realizado en el trabajo que luche por arañar tiempo para la familia que un depresivo descontento con su trabajo que pasa mil horas en casa sin saber qué hacer. Lo importante es la prioridad de la familia y el matrimonio, que tiene distintas manifestaciones en diferentes circunstancias, y aquí es peligroso generalizar. En cualquier caso, hay que superar esos prejuicios y asunciones culturales o interiores que nos llevan a ofrecer a nuestras mujeres lo que nosotros mismos (u otros por nosotros, según el modelo cultural) hemos decidido sin contar con ellas.

Pienso que este tiempo de confinamiento es un buen momento, como decía el Papa Francisco en su homilía de la bendición Urbi et Orbi, para “elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo necesario de lo que no lo es”. Lo que recordarán tus hijos cuando crezcan no es lo que tuvieron ni lo que dejaron de tener, sino el tiempo que pasaron con su padre… o le vieron con su madre.

Hasta la próxima

Javier Vidal-Quadras

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.