Es un lugar común decir que al hombre se le conquista por la vista y a la mujer por el oído. El hombre, en efecto, es visual. Pero…, ¿entiende la mujer lo que esto significa?

Nuestra buena amiga Eyra Sanidas, ginecóloga, experta en sexualidad y moderadora de cursos de orientación familiar, suele explicarlo a las mujeres con un gráfico ejemplo: “ si vas por la calle y a tu marido se le va la vista al pasar una mujer ‘envasada al vacío’ (esta es expresión de mi mujer), no te preocupes, es que está sano…, siempre que logre controlar los músculos del cuello y con la vista no se la vaya la cabeza”

De la misma manera que afirmaba en un post anterior que la mujer no puede evitar recibir impactos de emociones y recuerdos, próximos o lejanos en el tiempo, digo ahora que el cerebro masculino tiene una tendencia innata a fijarse en las imágenes seductoras de mujeres, a almacenarlas y a recordarlas.

Si la mujer, cuyo cerebro no funciona así, entiende esto, podrá comprender muchas reacciones masculinas.

Hay una explicación neurológica. Por lo visto, en el cerebro masculino, esta tendencia se aloja en el nucleus accumbens, la parte del cerebro donde radican las acciones y reacciones más inconscientes (digestión, respiración, etc.). Digamos que algo casi instintivo se dispara, aunque luego entra en acción el centro cortical, donde el razonamiento y la voluntad campean, que es quien acaba decidiendo qué hacer con esas imágenes tentadoras que reclaman atención y dedicación.

Pero lo visual en el varón no acaba en la visión, sino que impulsa a ‘consumir’ la imagen, es decir, a fijarse en ella y retenerla. Es lo mismo que sucede con las palabras, no se pueden ver sin leerlas. Hagamos la prueba.

No leas esto.

Imposible. Ya lo has leído. Algo similar le sucede al varón. Cuando por el pasillo de un avión se contornea una joven insinuante, todos los hombres que aún no se han sometido a la tiranía del móvil (bueno, el 98%, según las estadísticas que recoge Shaunti Feldhahn en el libro que estoy siguiendo) saben que está ahí, que va a pasar y tienen que luchar para no ‘leerla’. Casi siempre, la única manera de hacerlo es no mirar. La tendencia a ‘consumir’ la imagen, si se mira, es difícil de vencer. A esto tradicionalmente se le llamaba ‘guardar la vista’, pero hoy no está muy de moda…, y así les va a algunos.

Las mujeres no lo entienden porque, en la gran mayoría de los casos, su cerebro no funciona así. Y menos todavía entienden que esta reacción se produce con independencia de la circunstancia vital, esté soltero, separado, divorciado, viudo o felizmente casado. El hombre percibe la imagen seductora como sexual casi de manera inercial, y esa imagen lleva normalmente asociados poderosos sentimientos de distinta orientación y calibre según lo agresivo del impacto visual. Aunque, he aquí la buena noticia, puede elegir cómo reaccionar y comportarse, puede rechazarla.

Paradójicamente, en el plan originario del ser humano, estas sensaciones estaban pensadas para ayudar al varón a estrechar su relación con su mujer, porque se suponía que sería “una sola carne” solo con ella y que solo recibiría imágenes sensuales fuertes procedentes de la desnudez y entrega del cuerpo, de la intimidad sexual, de su mujer. Pero, hoy, la frecuencia y violencia de los impactos exteriores es tal que el varón fácilmente se dispersa en otras mil imágenes que quedan grabadas en su retina.

Y, de la misma manera que a la mujer le asaltan recuerdos y emociones sin buscarlos, al hombre le agreden estas imágenes que ha ido acumulando. Se comprende entonces que la adicción a la pornografía sea un trastorno que afecte especialmente al hombre; muchos varones no han aprendido a gestionar bien esta tendencia y se dejan llevar, pensando ingenuamente que a ellos no les aqueja…, y las imágenes que han ido conservando les asaltan una y otra vez hasta hacerse las tristes dueñas de su vida.

La autora da una serie de consejos/conclusiones para las mujeres acerca de esta realidad, que se pueden resumir así:

  • él quiere verte solo a ti;
  • es solo una tendencia, y no necesariamente sexual, también está presente la inclinación a contemplar la belleza que tenemos todos, aunque es fácil resbalarse por la pendiente de la belleza y recalar donde no se quiere;
  • cada hombre es diferente, no todos lo experimentan igual y no todos se han entrenado de la misma manera para gestionar bien esta tendencia;
  • tú no eres la causa, él te quiere igual y esta experiencia no ejerce influencia alguna en vuestra relación, salvo que se deje llevar por ella en la dirección equivocada, claro;
  • acéptalo como es, aprecia sus esfuerzos por evitar las situaciones que incrementan el riesgo y ayuda a generar una cultura de la dignidad femenina que no trate a las mujeres como meros objetos de placer.

Y, esto ya de mi propia cosecha, si él está hecho para mirarte a ti y disfrutar contigo, puedes compensar las agresiones y seducciones del ambiente con la frecuencia de impactos procedentes de ti y de vuestra relación, fomentando entre vosotros una estimulante, rica y frecuente vida sexual, porque, no lo olvides nunca,… él se enamoró de ti.

Hasta la próxima.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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