Mejor prevenir que curar

Vivimos tiempos de prevención, prevención de incendios, prevención de enfermedades… Los dichos populares no son garantía de acierto, pero todo el mundo parece coincidir en que es mejor prevenir que curar. Y aún más si la cura no existe o no es del todo eficaz, como pasa con el coronavirus.

Lo mismo sucede en materia de amores. Si uno quiere mantenerse unido, hay que tomar una serie de prevenciones. En eso consiste esencialmente el amor, en estar cada día más unidos. En no separarse. Sobre todo, emocional, psíquica y espiritualmente, aunque también, si se puede, físicamente.

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Imago Dei

Hay gente a la que no le gustan las bodas. Les parecen un montaje. Y es comprensible si uno se queda solo con la fiesta, que no deja de tener su importancia.

El sábado pasado se casó la primera de nuestras hijas. La primera en casarse, quiero decir, porque fue la cuarta en nacer. Y he dejado pasar una semana antes de escribir este post porque no quería que fuera algo íntimo y teñido de emociones. Con nuestra hija he tenido ya muchos momentos de emoción muy intensa estos días, también durante la celebración, pero eso ha de quedar en nuestros corazones.

Esta semana, mientras meditaba sobre este gran acontecimiento, iban cobrando sentido tantos detalles de una boda que antes me habían pasado desapercibidos.

La novedad del amor, su condición de acontecimiento nuevo e imprevisible antes de encontrarse con él, tan bien reflejado en la blancura del vestido de la novia, que invita a pensar en esa hoja en blanco que es el matrimonio, en que cada día hay que escribir y reescribir una historia inédita.

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Vivir para servir

Cuando yo era pequeño, en los ambientes que podían permitirse contratar a una persona que asumiera las tareas domésticas de limpieza, restauración, cuidado y atención de los niños, etc., se decía de estos afortunados que ‘tenían servicio’. Expresiones como ¡tienen dos de servicio! o ¡se han quedado sin servicio! eran muy habituales. Hoy se tiende a rehuir la palabra servicio y se sustituye por ‘ayuda’ u otras similares.

Tengo un socio y gran amigo que, cuando llama por teléfono y su interlocutor le pregunta quién es, suele descolocarle con la frase: “soy Javier Amat, para servir a Dios y a usted”.

En el fondo, si creyéramos de verdad la afirmación de Rabindranath Tagore popularizada por Santa Teresa de Calcuta, “quien no vive para servir no sirve para vivir”, tendríamos que estar orgullosos de servir. Pero el verbo servir, por desgracia, está un poco desacreditado. Nadie quiere ser sirviente.

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La aceptación de sí mismo

El lunes pasado, cuando llegué al despacho, Cristina, una buena amiga, compañera de trabajo y lectora incondicional de mi blog, me tiró de las orejas. “Oye, en el último post, mucho multimedia, pero no te lo curraste nada”, me dijo, o algo parecido. Y tenía razón. Me lo tomé un poco de descanso. Así que, para que no me eche la bronca este lunes, he decidido publicar uno hoy, a pesar de que me había propuesto una frecuencia quincenal.

Alguien podrá pensar: ¡qué poca personalidad tiene! A lo que yo podría contestar: rectificar es de sabios.

Precisamente, en el penúltimo post hablaba de la autenticidad y me ha venido a la cabeza un librito de Romano Guardini titulado “La aceptación de sí mismo”, donde el pensador italo-alemán analiza en pocas páginas y con su habitual perspicacia este tema tan interesante.

La primera verdad que destaca es incontestable: yo no elegí existir. Mi persona me ha sido dada y la tarea principal de mi existencia consiste en ser el que soy, el que me ha sido dado.

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Coronacompetencias

Durante estos días de confinamiento, todos hemos cambiado rutinas, vivido experiencias diferentes y adquirido nuevas competencias.

En el mes de mayo me hicieron una entrevista para la revista Hacer Familia sobre algunos de los retos que esta nueva situación planteaba a nivel familiar y matrimonial, que, bajo el título “Un mal día puede ser el escenario perfecto para el amor” se acaba de publicar y podéis leer clicando en el título.

Una de las experiencias más universales de este tiempo ha sido el aprendizaje acelerado del uso de nuevas tecnologías informáticas y multimedia.

Por mi parte, he aprovechado para grabar cinco conferencias y charlas que tenía que dar sobre “Sexualidad, enamoramiento y amor”, que han quedado registradas en una lista de reproducción alojada en al canal de Youtube de la IFFD (International Federation for Family Development), al que podéis acceder también clicando en el título.

En fin, se me ha ocurrido que esta vez el post podía ser menos literario y más multimedia…

¡Muchas gracias a todos y buen fin de semana!

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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La bella y la bestia

La autenticidad es un rasgo y un reto de toda persona. Max Scheler hablaba de ‘proxy lives’, que podríamos traducir como ‘vidas por poder’ o ‘vidas vicarias’, para referirse a aquellas personas que parecen discurrir a la sombra de otra más enérgica, de modo que dan la impresión de ‘desobedecerse a sí mismas’, incapaces de vivir su propia vida. Se trata de una actitud reactiva ante la vida, que no acaba de tomar la iniciativa, cuyas decisiones vienen condicionadas por las determinaciones más enérgicas de otro.

Basta una mirada al panorama político español para comprender la certeza de este diagnóstico, pues la vida propia puede ser vicaria de otra persona o de una ideología. Pero, no, no voy a hablar de política, sino de formación humana.

Todos queremos que nuestros hijos sean auténticos, que descubran y decidan vivir los verdaderos valores, que tomen sus propias decisiones y vivan su propia vida. En este post quiero abordar dos modos en que la familia y los padres cooperamos a esto.

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¡Amar depende de ti!

Hoy no tenía pensado escribir un post, pero me he levantado con un mensaje en Whatsapp de un hermano mío que decía: “Lee La Contra de hoy. Vas a tener trabajo. Tela lo que dice”. Se refería a la entrevista de La Contra de La Vanguardia. Después, he recibido algún mensaje más de amigos míos en el mismo sentido. Alguno me sugería escribir un post.

He leído la entrevista… y aquí estoy, sentado ante el ordenador.

El entrevistado, Walter Riso, terapeuta, hace afirmaciones como las siguientes: “El amor ya no es para siempre y yo me alegro (…) nadie puede prometer amor para siempre a nadie, porque no puedes decidir amar, respetar, sí”; “Puedes prometer ‘te respetaré o te querré o estaré a tu lado siempre’”; “amar no depende de ti”.

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Anticuerpos

En varias ocasiones me han llegado referencias de estudios sobre los efectos beneficiosos para la salud de la fidelidad y el amor mutuo, pero, la verdad, sea por escepticismo o por falta de interés, nunca les he prestado mucha atención.

Pero, hace cosa de un mes, coincidieron en mi bandeja de entrada dos informaciones que por separado no me hubieran llamado la atención, pero la combinación de ambas despertó mi curiosidad y me ofrecieron una rara confirmación médica de la fidelidad y la irrevocabilidad del amor.

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Más guapa todavía

En el anterior post hablaba de la noción masculina y femenina de lo ‘romántico’, y terminaba comentando el deseo que se esconde en cada hombre de que la mujer que ama se atienda a sí misma también físicamente y no se abandone, que mantenga encendida la antorcha del atractivo físico, en el bien entendido de que no se trata de ser una ‘barbie’, sino de luchar por estar razonablemente bien en el propio estado, edad y situación. Hoy voy a contemplar esta misma realidad desde la perspectiva de la mujer.

El 77% de las mujeres encuestadas en el libro de Shaunti y Jeff Feldhahn For Men Only manifiestan tener un profundo deseo de escuchar de los labios de su marido que está guapa y atractiva. El porcentaje se eleva al 85% en las mujeres con niños.

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Romance… y más

Uno de los ámbitos en que la diferente percepción entre hombre y mujer se pone de manifiesto con más claridad es el romanticismo.

“Cariño, este viernes nos vamos de cena y noche romántica. Dejamos a los niños con mis padres por una noche y nos vamos tú y yo solos, que llevamos una temporada muy estresante y lo necesitamos. Tú déjate llevar, que yo lo organizo todo”, le dice ella. Llega el viernes. Escapada a un hotelito con encanto al lado de la playa. Paseo bajo una preciosa puesta de sol. Cena a la luz de la luna en la terraza de un íntimo bar sobre la arena. Después, contemplación del cielo estrellado en una noche clara. Vuelven al hotel a las dos y media de la madrugada y, cuando él sale del baño, ella, medio dormida y reprimiendo un bostezo, le susurra: “Qué noche más maravillosa. Muchas gracias, cariño. Corre, métete en cama a dormir, que aún falta lo mejor: a las siete de la mañana podemos avistar delfines desde el balconcito de la habitación”.

No tengo ninguna duda de que los hombres que hayan llegado hasta aquí han echado algo en falta entre las estrellas y los delfines, y seguro que algunos aún conservan la esperanza: quién sabe si después de los delfines…

He querido poner el ejemplo de la mujer por contraste porque, normalmente, son los hombres quienes se sienten inseguros organizando un plan romántico. Casi el 90% de los hombres encuestados por Shaunti Feldhahn en su libro “For Women Only” se ven capaces de diseñar un plan romántico, pero la mitad se sienten inseguros y no confían en que su esposa apreciará sus esfuerzos.

La razón principal es el miedo a volverse a equivocar, si ya habían ‘fallado’ antes, y el temor a la humillación y comentarios con terceros, si lo hacen mal. En el fondo no es tan difícil adivinar qué es romántico para una mujer, sobre todo si es la tuya y llevas ya un tiempo con ella. El problema es que, para que sea romántico de verdad, en plenitud, el plan debería serlo también para el marido.

Por lo tanto, para equilibrar y redefinir un poco la noción de romanticismo, a veces demasiado anclada en una aproximación femenina, se pueden compartir un par de ideas extraídas del libro citado:

1. Para el varón, jugar juntos es romántico. Los hombres se sienten cercanos e íntimos cuando su mujer se convierte en su compañera de juego: excursiones, tenis, bicicleta, navegación, cine, etc. cualquier afición compartida es romántica para el varón, a quien suele importar menos el entorno que la actividad misma.

2. En un matrimonio, para el varón, un romance sin sexo no es un romance completo. Puede ser muy bonito, emocionante, sugerente y atractivo, pero se percibe incompleto. El sexo no lo es todo, pero sí es una parte importante. Si por romántico se entiende sentirse emocionalmente conectados y la manera más íntima de estar conectados, sobre todo en el varón, es la relación sexual, es natural que el varón le conceda un papel importante en cualquier plan romántico.

La autora termina el capítulo dedicado al romanticismo con algunos consejos para las mujeres:

  • Anímale. Reconócele el esfuerzo cuando organice una cena, una salida o cualquier plan. Cuando te proponga algo, no le digas que tienes que ordenar la casa o que no estáis para estos gastos o que no tienes nada que ponerte.
  • Dale pistas…, no instrucciones. No te adelantes. Si es su plan, deja que lo diseñe él.
  • Sedúcele. Y déjate seducir. Hazte su amiga y compañera de juegos. Déjale conquistarte de nuevo.
  • Dale prioridad sobre tus hijos y otras actividades. Que no se conviertan en la excusa recurrente.

En relación con lo anterior, el libro termina con una revelación que la autora considera sorprendente: los hombres dan más importancia de la que se cree a que su mujer luche por estar en forma. El 70% de los entrevistados muestra una seria preocupación si su mujer se abandona, viste desgarbadamente y no cuida su presencia. La interpretación es: si ella se cuida a sí misma, me cuida también a mí porque ella es parte de mí y me gusta que esté bien.

No hace falta ser una barbie, basta el esfuerzo por estar lo que mejor que se puede teniendo en cuenta las condiciones físicas de cada una. Es lo mismo que sucede a las mujeres con los hombres en el terreno del romanticismo que comentábamos: les basta el esfuerzo de su marido por ser un poco más romántico y tener detalles sentimentales. Si se esfuerzan, poco importan el acierto y la perfección.

Eso sí, una advertencia: no le preguntes a tu marido si cree que ya estás bien. Te dirá siempre que sí. Te quiere y no quiere herirte. Si tú estás contenta, él también lo está, pero no te obsesiones. Y una ventaja: él estará encantado de ayudarte. El 97% de los encuestados aceptarían ayudar a su mujer a que dedicara un tiempo y un dinero a su presencia y bienestar físico. Ya sabes, puede ocuparse de los niños mientras tú te cuidas, destinar una partida familiar a pagar unas clases de pilates, hacer dieta contigo, etc. Por ti, lo que haga falta.

Hasta el próximo post.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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