¿A quién sonríes, Madre, en este día?

Soneto de Sábado Santo

Ayer te vi en la Cruz, con Él muriendo,
te vi caer, llorar y levantarte,
te vi, con Él, en su árbol enclavarte,
te vi todo el dolor en ti asumiendo.

Hoy me vine hacia ti compadeciendo
que ya no está Él aquí para abrazarte.
Mi fuerza escasa yo quería darte
y te he encontrado, Madre, sonriendo.

¿A quién sonríes, Madre, en este día
que todo ha resultado un triste ensueño?
¿Es tanto tu dolor que te extasía?

“Confía en mí y verás que en este leño
se alzará renovada la alegría
y cortos quedarán todos tus sueños”.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Stabat Mater

Hoy estabas, Madre mía,
llorando junto a la Cruz,
y sola yo te veía
aquella tarde sin luz.
 
¿Por qué sufres, te decía,
si eres madre de Jesús?
¿Por qué pierden hoy la vida
tantos solos, como tú?
 
Tú me hablabas, yo no oía
lo que intentabas decir.
Mirabas…, yo no quería
ver a ese Cristo morir.
 
Y, cuando casi me iba
por no hallar consuelo en ti,
me pareció oír un “Fiat”
como un poderoso “sí”.
 
Miré lo que tú veías
y encontré a tu Hijo en mí,
y vi como sonreías
a los que mueren así.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Escuchar con el corazón

Hace unos años, una conocida de mi mujer que acababa de empezar a trabajar en un entorno laboral masivamente masculino le hizo este comentario: “Antes estaba rodeada de mujeres y ahora, de hombres. Es un cambio espectacular. ¡No se enteran de nada! Te preguntan qué tal estás, les dices que bien y ya está. ¡Se lo creen sin más! Aunque no hayas dormido esa noche y tengas la peor cara del mundo, se lo creen y nadie te pregunta nada”.

Me costó un poco de tiempo entender su sorpresa, con la que mi mujer se identificó ipso facto.

Como tantos hombres, siempre había pensado que era un perfecto escuchador. Había leído no poco sobre las distintas escuchas, la escucha atenta, asertiva, sin enjuiciar, etc., pero la amiga de mi mujer estaba hablando de algo distinto. Pretendía que los hombres con quienes trabajaba no escucharan sus palabras, sino su corazón, sus sentimientos.

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El fotógrafo

Es un lugar común decir que al hombre se le conquista por la vista y a la mujer por el oído. El hombre, en efecto, es visual. Pero…, ¿entiende la mujer lo que esto significa?

Nuestra buena amiga Eyra Sanidas, ginecóloga, experta en sexualidad y moderadora de cursos de orientación familiar, suele explicarlo a las mujeres con un gráfico ejemplo: “ si vas por la calle y a tu marido se le va la vista al pasar una mujer ‘envasada al vacío’ (esta es expresión de mi mujer), no te preocupes, es que está sano…, siempre que logre controlar los músculos del cuello y con la vista no se la vaya la cabeza”

De la misma manera que afirmaba en un post anterior que la mujer no puede evitar recibir impactos de emociones y recuerdos, próximos o lejanos en el tiempo, digo ahora que el cerebro masculino tiene una tendencia innata a fijarse en las imágenes seductoras de mujeres, a almacenarlas y a recordarlas.

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Ella se casó CONTIGO

En el post anterior hablaba del marido ‘proveedor’. Proveer está bien, pero a muchos hombres les sucede que no han hecho antes un riguroso estudio de mercado y acaban proveyendo bienes que no responden a las solicitudes del mercado. En un mercado de consumidor único como es el matrimonio, esto es una desidia especialmente grave, porque hay estudios muy buenos de lo que este consumidor quiere.

Jeff Feldhahn, en su libro For Men Only, destaca, sobre todo, la necesidad de seguridad. Pero, aquí se produce muchas veces otra confusión, porque el marido suele identificar seguridad con bienestar material. Pero ¿realmente las mujeres valoran tanto la seguridad económica?

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El proveedor

El tema del trabajo es sensible como pocos. Los roles clásicos del hombre y la mujer están en evolución, aunque muchas veces se percibe falta de autenticidad: hay un discurso social y político puertas afuera, y una conducta bien distinta puertas adentro.

En su libro For Women Only, Shaunti Feldhahn aborda un tema muy interesante: la tendencia inercial de la mayoría de los hombres a proveer las necesidades materiales de la familia. Y lo hace no desde una preconcepción ideológica que distorsione la realidad, sino desde la ciencia estadística, sobre la base de miles de encuestas. Y no con la intención de asentar un statu quo determinado, sino con la de ayudar a las mujeres a entender algo mejor a sus maridos para poder construir juntos un matrimonio más unido.

Las constataciones que hace y las conclusiones que alcanza nos podrán gustar más o menos, pero parten de la realidad, al margen de sus causas y juicios de valor.

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No has podido venir a despedirte…

Hoy te he visto llorar mientras rezabas porque no has podido venir a despedirte.

No entiendes por qué me he ido así, solo y aislado, en un hospital frío, sitiado por las hordas de un enemigo invisible.

Por qué, en esta guerra incomprensible, el campo de batalla se cobra a los más débiles.

Por qué tú no has podido prestarme tu coraza, vendarme las heridas.

Por qué no te han dejado transmitirme la fuerza de tu mano luchando por tenerme un rato más aquí, a tu lado.

 

Y cuando te miraba desde esta Altura en que me encuentro, te he pedido que alzaras los ojos un momento… y he trasladado tu alma a un lugar que ni imaginas.

He querido mostrarte los caballos blancos que me han llevado a lomos estos días. Enjaezados con sus cables y ropajes, alentados por mil sonidos y luces de colores, transformados en camas y literas. Te he dejado sentir su señorial galope llevándome a la Vida sin lamento.

Has visto sus jinetes, mensajeros del Cielo, luchando cada día por la vida como ángeles de luz. Has visto la unión en la batalla, la fuerza en la impotencia, el intenso cariño que mis sábanas ceñía. ¡Mis ángeles soldados con sus batas consumidas!

Y cuando, por fin, te has secado las lágrimas, has podido admirar también en sus ojos las sonrisas. En sus pasos, los abrazos. Y en sus voces serenas, los gritos de ánimo en la lucha.

Y has respirado el aire de lo humano rociando los rincones sin brecha ni descanso. La humanidad vivida y compartida. Al Cielo encaminada.

 

Y, entonces, después de entender que mi partida no ha sido en vano ni abandono, después de que tu alma se amansara, has podido comprender, aún sin quererlo, por qué me he ido sin decirte un adiós de despedida.

Has sabido en tus rezos sin palabras que no quise decirte adiós, mi vida, porque… aún estoy Aquí, y Aquí te espero. Estoy donde tú estás, sí, todavía… para viajar contigo donde quieras. Y cada día. Y sin adiós. Y siempre. De por Vida.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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(Sin)razones femeninas

En los posts anteriores sobre la dinámica de la mente femenina he deslizado algunos consejos a los varones: escúchala, conquístala. Hoy quiero insistir en esto.

Recordaba también que hay un lugar común entre los hombres que consiste en pensar que las mujeres son ininteligibles.

Pero no basta con escuchar, querer y conquistar, hay que intentar entender porque hay siempre una razón detrás. El reto es descubrirla.

Has llegado a casa tarde, a la hora de cenar, contento porque has ganado el campeonato de pádel. Has comprado unas patatas por el camino y, al llegar, has propuesto hacer un aperitivo para poner un poco de alegría y camaradería familiar y rebajar la tensión de la semana de exámenes. Has notado que tu mujer no ha participado con mucha alegría. Te vas a la cama y notas que está mal… Le preguntas si le sucede algo y su respuesta es: “nada, nada, estoy bien”.

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Otro sistema operativo

Bueno, vuelvo a la carga. Me he tomado el fin de semana de descanso, entre otras cosas, porque me he dedicado a grabar videos breves (menos de dos minutos) sobre comunicación matrimonial para aportar algunas ideas que nos ayuden en este tiempo de relación intensa (si alguien tiene interés, se irán subiendo a la lista de reproducción  del canal de youtube de la IFFD cuyo enlace inserto al final del post).

Una de las experiencias frecuentes que vivo en mi despacho es la diferente manera de afrontar algunas cuestiones que tenemos hombres y mujeres. No siempre ni todos, que, como ya he dicho, no somos arquetipos, sino personas.

Pero es bastante habitual que una compañera de despacho me plantee una duda que le asalta y pretenda que la resolvamos entre los dos sobre la marcha en una especie de brainstorming jurídico. El debate suele terminar siempre igual: conmigo pidiendo un poco de tiempo para pensar en el tema con el fin de volverlo a contrastar más adelante.

Cuando esto pasa en el matrimonio, la cosa se complica. La sobrecarga emocional que rodea la relación conyugal genera efectos indeseados. Cuando una pareja discute sobre cualquier cuestión y el hombre, desbordado por los datos y emociones, se va o pide un tiempo muerto, la mujer interpreta con frecuencia que está rehuyendo la realidad y lo puede considerar incluso una afrenta. ¿No nos dijeron en el curso de matrimonio que había que comunicar, especialmente en los desacuerdos y enfados?

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Hoy toca hablar de ti

Hoy toca hablar de ti…

De ti, que has decidido hacer de tu hogar un universo infinito.

De ti, que has plantado en las ventanas un jardín inmarcesible.

De ti, que has labrado en el pasillo un surco de alegría.

De ti, que has pintado el salón de mil colores.

De ti, que has soñado en el mármol manjares imposibles.

De ti, que has transformado el techo en una estrella.

De ti, que has forjado en tu cuarto las armas vencedoras.

De ti, que has lavado en tus manos el lado más oscuro.

De ti, que has cuidado a los tuyos en esta hermética utopía.

De ti, que has olvidado que tú también estabas.

De ti, que has cedido sabiendo que ganabas.

De ti, que has logrado la unión que tú anhelabas.

De ti, que has llevado de nuevo en tus entrañas… esta familia en casa refundada.

Hoy toca hablar de ti…, y solo tú sabes quién eres.

 

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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