Anticuerpos

En varias ocasiones me han llegado referencias de estudios sobre los efectos beneficiosos para la salud de la fidelidad y el amor mutuo, pero, la verdad, sea por escepticismo o por falta de interés, nunca les he prestado mucha atención.

Pero, hace cosa de un mes, coincidieron en mi bandeja de entrada dos informaciones que por separado no me hubieran llamado la atención, pero la combinación de ambas despertó mi curiosidad y me ofrecieron una rara confirmación médica de la fidelidad y la irrevocabilidad del amor.

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Más guapa todavía

En el anterior post hablaba de la noción masculina y femenina de lo ‘romántico’, y terminaba comentando el deseo que se esconde en cada hombre de que la mujer que ama se atienda a sí misma también físicamente y no se abandone, que mantenga encendida la antorcha del atractivo físico, en el bien entendido de que no se trata de ser una ‘barbie’, sino de luchar por estar razonablemente bien en el propio estado, edad y situación. Hoy voy a contemplar esta misma realidad desde la perspectiva de la mujer.

El 77% de las mujeres encuestadas en el libro de Shaunti y Jeff Feldhahn For Men Only manifiestan tener un profundo deseo de escuchar de los labios de su marido que está guapa y atractiva. El porcentaje se eleva al 85% en las mujeres con niños.

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Romance… y más

Uno de los ámbitos en que la diferente percepción entre hombre y mujer se pone de manifiesto con más claridad es el romanticismo.

“Cariño, este viernes nos vamos de cena y noche romántica. Dejamos a los niños con mis padres por una noche y nos vamos tú y yo solos, que llevamos una temporada muy estresante y lo necesitamos. Tú déjate llevar, que yo lo organizo todo”, le dice ella. Llega el viernes. Escapada a un hotelito con encanto al lado de la playa. Paseo bajo una preciosa puesta de sol. Cena a la luz de la luna en la terraza de un íntimo bar sobre la arena. Después, contemplación del cielo estrellado en una noche clara. Vuelven al hotel a las dos y media de la madrugada y, cuando él sale del baño, ella, medio dormida y reprimiendo un bostezo, le susurra: “Qué noche más maravillosa. Muchas gracias, cariño. Corre, métete en cama a dormir, que aún falta lo mejor: a las siete de la mañana podemos avistar delfines desde el balconcito de la habitación”.

No tengo ninguna duda de que los hombres que hayan llegado hasta aquí han echado algo en falta entre las estrellas y los delfines, y seguro que algunos aún conservan la esperanza: quién sabe si después de los delfines…

He querido poner el ejemplo de la mujer por contraste porque, normalmente, son los hombres quienes se sienten inseguros organizando un plan romántico. Casi el 90% de los hombres encuestados por Shaunti Feldhahn en su libro “For Women Only” se ven capaces de diseñar un plan romántico, pero la mitad se sienten inseguros y no confían en que su esposa apreciará sus esfuerzos.

La razón principal es el miedo a volverse a equivocar, si ya habían ‘fallado’ antes, y el temor a la humillación y comentarios con terceros, si lo hacen mal. En el fondo no es tan difícil adivinar qué es romántico para una mujer, sobre todo si es la tuya y llevas ya un tiempo con ella. El problema es que, para que sea romántico de verdad, en plenitud, el plan debería serlo también para el marido.

Por lo tanto, para equilibrar y redefinir un poco la noción de romanticismo, a veces demasiado anclada en una aproximación femenina, se pueden compartir un par de ideas extraídas del libro citado:

1. Para el varón, jugar juntos es romántico. Los hombres se sienten cercanos e íntimos cuando su mujer se convierte en su compañera de juego: excursiones, tenis, bicicleta, navegación, cine, etc. cualquier afición compartida es romántica para el varón, a quien suele importar menos el entorno que la actividad misma.

2. En un matrimonio, para el varón, un romance sin sexo no es un romance completo. Puede ser muy bonito, emocionante, sugerente y atractivo, pero se percibe incompleto. El sexo no lo es todo, pero sí es una parte importante. Si por romántico se entiende sentirse emocionalmente conectados y la manera más íntima de estar conectados, sobre todo en el varón, es la relación sexual, es natural que el varón le conceda un papel importante en cualquier plan romántico.

La autora termina el capítulo dedicado al romanticismo con algunos consejos para las mujeres:

  • Anímale. Reconócele el esfuerzo cuando organice una cena, una salida o cualquier plan. Cuando te proponga algo, no le digas que tienes que ordenar la casa o que no estáis para estos gastos o que no tienes nada que ponerte.
  • Dale pistas…, no instrucciones. No te adelantes. Si es su plan, deja que lo diseñe él.
  • Sedúcele. Y déjate seducir. Hazte su amiga y compañera de juegos. Déjale conquistarte de nuevo.
  • Dale prioridad sobre tus hijos y otras actividades. Que no se conviertan en la excusa recurrente.

En relación con lo anterior, el libro termina con una revelación que la autora considera sorprendente: los hombres dan más importancia de la que se cree a que su mujer luche por estar en forma. El 70% de los entrevistados muestra una seria preocupación si su mujer se abandona, viste desgarbadamente y no cuida su presencia. La interpretación es: si ella se cuida a sí misma, me cuida también a mí porque ella es parte de mí y me gusta que esté bien.

No hace falta ser una barbie, basta el esfuerzo por estar lo que mejor que se puede teniendo en cuenta las condiciones físicas de cada una. Es lo mismo que sucede a las mujeres con los hombres en el terreno del romanticismo que comentábamos: les basta el esfuerzo de su marido por ser un poco más romántico y tener detalles sentimentales. Si se esfuerzan, poco importan el acierto y la perfección.

Eso sí, una advertencia: no le preguntes a tu marido si cree que ya estás bien. Te dirá siempre que sí. Te quiere y no quiere herirte. Si tú estás contenta, él también lo está, pero no te obsesiones. Y una ventaja: él estará encantado de ayudarte. El 97% de los encuestados aceptarían ayudar a su mujer a que dedicara un tiempo y un dinero a su presencia y bienestar físico. Ya sabes, puede ocuparse de los niños mientras tú te cuidas, destinar una partida familiar a pagar unas clases de pilates, hacer dieta contigo, etc. Por ti, lo que haga falta.

Hasta el próximo post.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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¿A quién sonríes, Madre, en este día?

Soneto de Sábado Santo

Ayer te vi en la Cruz, con Él muriendo,
te vi caer, llorar y levantarte,
te vi, con Él, en su árbol enclavarte,
te vi todo el dolor en ti asumiendo.

Hoy me vine hacia ti compadeciendo
que ya no está Él aquí para abrazarte.
Mi fuerza escasa yo quería darte
y te he encontrado, Madre, sonriendo.

¿A quién sonríes, Madre, en este día
que todo ha resultado un triste ensueño?
¿Es tanto tu dolor que te extasía?

“Confía en mí y verás que en este leño
se alzará renovada la alegría
y cortos quedarán todos tus sueños”.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Stabat Mater

Hoy estabas, Madre mía,
llorando junto a la Cruz,
y sola yo te veía
aquella tarde sin luz.
 
¿Por qué sufres, te decía,
si eres madre de Jesús?
¿Por qué pierden hoy la vida
tantos solos, como tú?
 
Tú me hablabas, yo no oía
lo que intentabas decir.
Mirabas…, yo no quería
ver a ese Cristo morir.
 
Y, cuando casi me iba
por no hallar consuelo en ti,
me pareció oír un “Fiat”
como un poderoso “sí”.
 
Miré lo que tú veías
y encontré a tu Hijo en mí,
y vi como sonreías
a los que mueren así.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Escuchar con el corazón

Hace unos años, una conocida de mi mujer que acababa de empezar a trabajar en un entorno laboral masivamente masculino le hizo este comentario: “Antes estaba rodeada de mujeres y ahora, de hombres. Es un cambio espectacular. ¡No se enteran de nada! Te preguntan qué tal estás, les dices que bien y ya está. ¡Se lo creen sin más! Aunque no hayas dormido esa noche y tengas la peor cara del mundo, se lo creen y nadie te pregunta nada”.

Me costó un poco de tiempo entender su sorpresa, con la que mi mujer se identificó ipso facto.

Como tantos hombres, siempre había pensado que era un perfecto escuchador. Había leído no poco sobre las distintas escuchas, la escucha atenta, asertiva, sin enjuiciar, etc., pero la amiga de mi mujer estaba hablando de algo distinto. Pretendía que los hombres con quienes trabajaba no escucharan sus palabras, sino su corazón, sus sentimientos.

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El fotógrafo

Es un lugar común decir que al hombre se le conquista por la vista y a la mujer por el oído. El hombre, en efecto, es visual. Pero…, ¿entiende la mujer lo que esto significa?

Nuestra buena amiga Eyra Sanidas, ginecóloga, experta en sexualidad y moderadora de cursos de orientación familiar, suele explicarlo a las mujeres con un gráfico ejemplo: “ si vas por la calle y a tu marido se le va la vista al pasar una mujer ‘envasada al vacío’ (esta es expresión de mi mujer), no te preocupes, es que está sano…, siempre que logre controlar los músculos del cuello y con la vista no se la vaya la cabeza”

De la misma manera que afirmaba en un post anterior que la mujer no puede evitar recibir impactos de emociones y recuerdos, próximos o lejanos en el tiempo, digo ahora que el cerebro masculino tiene una tendencia innata a fijarse en las imágenes seductoras de mujeres, a almacenarlas y a recordarlas.

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Ella se casó CONTIGO

En el post anterior hablaba del marido ‘proveedor’. Proveer está bien, pero a muchos hombres les sucede que no han hecho antes un riguroso estudio de mercado y acaban proveyendo bienes que no responden a las solicitudes del mercado. En un mercado de consumidor único como es el matrimonio, esto es una desidia especialmente grave, porque hay estudios muy buenos de lo que este consumidor quiere.

Jeff Feldhahn, en su libro For Men Only, destaca, sobre todo, la necesidad de seguridad. Pero, aquí se produce muchas veces otra confusión, porque el marido suele identificar seguridad con bienestar material. Pero ¿realmente las mujeres valoran tanto la seguridad económica?

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El proveedor

El tema del trabajo es sensible como pocos. Los roles clásicos del hombre y la mujer están en evolución, aunque muchas veces se percibe falta de autenticidad: hay un discurso social y político puertas afuera, y una conducta bien distinta puertas adentro.

En su libro For Women Only, Shaunti Feldhahn aborda un tema muy interesante: la tendencia inercial de la mayoría de los hombres a proveer las necesidades materiales de la familia. Y lo hace no desde una preconcepción ideológica que distorsione la realidad, sino desde la ciencia estadística, sobre la base de miles de encuestas. Y no con la intención de asentar un statu quo determinado, sino con la de ayudar a las mujeres a entender algo mejor a sus maridos para poder construir juntos un matrimonio más unido.

Las constataciones que hace y las conclusiones que alcanza nos podrán gustar más o menos, pero parten de la realidad, al margen de sus causas y juicios de valor.

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No has podido venir a despedirte…

Hoy te he visto llorar mientras rezabas porque no has podido venir a despedirte.

No entiendes por qué me he ido así, solo y aislado, en un hospital frío, sitiado por las hordas de un enemigo invisible.

Por qué, en esta guerra incomprensible, el campo de batalla se cobra a los más débiles.

Por qué tú no has podido prestarme tu coraza, vendarme las heridas.

Por qué no te han dejado transmitirme la fuerza de tu mano luchando por tenerme un rato más aquí, a tu lado.

 

Y cuando te miraba desde esta Altura en que me encuentro, te he pedido que alzaras los ojos un momento… y he trasladado tu alma a un lugar que ni imaginas.

He querido mostrarte los caballos blancos que me han llevado a lomos estos días. Enjaezados con sus cables y ropajes, alentados por mil sonidos y luces de colores, transformados en camas y literas. Te he dejado sentir su señorial galope llevándome a la Vida sin lamento.

Has visto sus jinetes, mensajeros del Cielo, luchando cada día por la vida como ángeles de luz. Has visto la unión en la batalla, la fuerza en la impotencia, el intenso cariño que mis sábanas ceñía. ¡Mis ángeles soldados con sus batas consumidas!

Y cuando, por fin, te has secado las lágrimas, has podido admirar también en sus ojos las sonrisas. En sus pasos, los abrazos. Y en sus voces serenas, los gritos de ánimo en la lucha.

Y has respirado el aire de lo humano rociando los rincones sin brecha ni descanso. La humanidad vivida y compartida. Al Cielo encaminada.

 

Y, entonces, después de entender que mi partida no ha sido en vano ni abandono, después de que tu alma se amansara, has podido comprender, aún sin quererlo, por qué me he ido sin decirte un adiós de despedida.

Has sabido en tus rezos sin palabras que no quise decirte adiós, mi vida, porque… aún estoy Aquí, y Aquí te espero. Estoy donde tú estás, sí, todavía… para viajar contigo donde quieras. Y cada día. Y sin adiós. Y siempre. De por Vida.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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