Design Holidays

Hoy, Loles y yo hemos hecho una excursión por un precioso valle del pirineo francés: el valle de Eyne. Era un día caluroso, pero el sendero, que ya conocíamos de otras veces, ascendía por la ribera de un arroyo de montaña alternando bosques y praderas. Como sé muy poco de botánica, no soy capaz de decir los nombres de las flores y plantas que ofrecían el indescriptible espectáculo de colores y formas que cada primavera se acercan a ver los mejores especialistas.

Durante los tiempos de silencio exterior que permite toda excursión he estado dando vueltas a las vacaciones de verano. Y las he conectado con un método de pensamiento para el cambio y mejora de las organizaciones que, por otros motivos, estoy aprendiendo últimamente. Se trata, básicamente y en lo que es trasladable a la familia, de intentar empatizar con el usuario para, partiendo de ese conocimiento y conexión, rediseñar tu propia realidad y generar un nuevo modelo de negocio que sea más eficaz.

Partiendo de esta base, he pensado que mi familia era también una cierta organización, aunque quizás es más acertado decir que es una NONG: “No Organización No Gubernamental”. Y el verano no deja de ser una época especial en que la organización, a veces, no acaba de funcionar como a uno le gustaría.

Por ejemplo, como se habrá deducido, me encantan las excursiones, pero mis usuarios, es decir, mis hijos y sus amigos, no acaban de estar de acuerdo en que esta sea la mejor actividad familiar. Hace unos años bautizamos algunas excursiones familiares como EFOs, que quiere decir Excursión Familia Obligatoria, con el propósito de blindar al menos una o dos excursiones a la semana.

Este año voy a intentar aplicar a mi familia el método que estoy aprendiendo. Por si a alguien le sirve, voy a intentar seguir los siguientes pasos:

Sigue leyendo

Tu verano en pareja… o no

Antes de entrar en materia, quiero daros muy sinceramente las gracias a todos por la increíble respuesta y difusión que ha tenido mi post anterior sobre Teresa Cardona. Fue un impulso del corazón, una exclamación más que una descripción, que el viento de las redes sociales, sin duda movido por el soplo de Teresa, ha difundido por todo el mundo. Muchas gracias de verdad. Teresa se lo merece.

Ahora, después de estos días tan extraordinarios, toca volver a lo ordinario. Y, sin embargo, este fin de semana ha sido también especial.

Mi mujer y yo hemos ido a Murcia, donde me habían invitado a dar una conferencia sobre el matrimonio. La ola de calor amenazaba con derretirlo todo, pero la experiencia ha sido inmejorable.

Sigue leyendo

Teresa: Dios sabe más

No la llegué a conocer muy a fondo. Cuando ella era pequeña, yo iba a jugar a su casa porque su hermano Javier era uno de mis ‘mejoresamigos’ en algunos años de primaria. Para demostrar que existió esa amistad que perdura, Javier (a quien mando un fuerte abrazo) y yo, cada vez que nos vemos, recitamos el teléfono de nuestros padres y nuestras fechas de nacimiento, aunque, como él dice, yo juego con ventaja porque su teléfono era muy fácil y él nació el mismo día que uno de mis hermanos.

Mientras escribo esto, Javier está volando a Abidjan, para repatriar el cuerpo de Teresa, fallecida en un accidente ayer mismo en Costa de Marfil.

Años más tarde, me la encontré inesperadamente en una reunión de Canigó, el colegio de mis hijas. La reconocí al instante. La sonrisa franca, la mirada limpia y transparente. Cruzamos unas palabras y enseguida detecté el sentido del humor característico de su familia (¡su padre me había dado clases de Derecho Político!). Después, fuimos coincidiendo en diversos eventos. Siempre atenta a todo, dispuesta a ayudar, sin querer hacer sombra a nadie, dejando que los demás brillaran, incluso con la luz que ella les prestaba. Ella fue asumiendo nuevas responsabilidades, acordes a su preparación y disposición. Ahora era subdirectora.

Sigue leyendo

Amor… y poco más

Hay un pensamiento que, a fuerza de repetición, se ha convertido en un lugar común al que se vuelve una y otra vez sin verdadero contraste: “hoy en día los jóvenes lo tienen muy difícil para casarse”, se dice. Se supone que la razón es económica.

Sin embargo, mi experiencia es que muchos jóvenes de hoy se emancipan mucho antes que los de hace unos años. La tendencia es irse de casa pronto, compartir un piso con un amigo o con varios, decidir con libertad el curso de la propia vida sin depender en exceso de la opinión de los padres o de las limitaciones que impone el dinero. ¿Por qué, entonces, lo tienen fácil para irse a vivir con un amigo y difícil para casarse? ¿Tan difícil es casarse, en lo material? ¿Qué hace falta para casarse? ¿Qué grado de seguridad económica se necesita? ¿Quién tiene la vara de medir?

Sigue leyendo

Noa

Me he retrasado en escribir el post y, antes siquiera de haber podido pensar en el siguiente, la muerte de Noa nos ha golpeado con dureza.

Sufrir es duro, muy duro. Hay grados de sufrimiento insoportables. ¿Se puede exigir a un ser humano que sufra lo insufrible? Y si duro es el sufrimiento propio, más cruel todavía es el ajeno, el de los seres más queridos, el de unos padres viendo sufrir irremisible a una hija sin recursos psíquicos ni emocionales para ayudarla a salir del infierno que la oprime. Tantos años luchando, luchando de verdad, hasta el agotamiento, y la vida que no asoma, se hace esquiva y se retuerce. Un golpe detrás de otro, una herida sobre otra. No hay más que ver los brazos de Noa, con sus cicatrices agoreras, para comprender el tremendo sufrimiento que la tiranizaba sin piedad. Esclava del infortunio y la tristeza, con la depresión agazapada, esperando a derribarla al levantarse después de cada caída. Exhausta, agotada, incapaz ya de soportar la misma idea de un futuro humanizado. Y un padre, una madre, viendo cada día la derrota al levantarse, sin descanso, una caída tras otra, imaginando un pasado imposible de dolor oculto en la intimidad de una infancia lacerada, robada de cuajo por unos monstruos desalmados.

Sigue leyendo

Sobrecarga emocional

Hace tiempo que no escribo sobre comunicación matrimonial. Quizás es por mala conciencia, pues últimamente ando más despistado de la cuenta…, y eso que la cuenta de mi despiste es bastante larga. Ayer, sin ir más lejos, entre un semáforo y otro, me olvidé de que tenía que recoger a mi hijo pequeño (¡15 años ya!) y le dejé tirado en la calle, con el agravante de que pasé por delante de él en coche sin tan siquiera verle.

Aunque peor fue lo que me sucedió el otro día en la oficina. Entré en el despacho de una compañera abogada, me fijé en una orquídea que tenía encima del armario, que me sonaba haber visto antes y, orgulloso de mis dotes de observación, le dije: “¡cómo ha crecido esta planta!” Ella, conteniendo la carcajada, me contestó: “hombre, no mucho, lleva aquí con el mismo aspecto unos diez años…, es de plástico”.

En fin, no sigo, cada uno tiene sus talentos y sus lagunas…

Estas anécdotas me han traído a la memoria un concepto que Aaron Beck describe en su libro “Con el amor no basta”: la sobrecarga emocional. Consiste este fenómeno en una cierta distorsión de la realidad objetiva que se suele dar en la relación matrimonial, y el autor lo describe así: “Las tareas prácticas y mecánicas se juzgan más por su capacidad de satisfacer valores y expectativas emocionales que por la de resolver problemas prácticos”.

Sigue leyendo

Tiempo femenino, tiempo masculino

Como saben bien en mi familia, tengo una irremediable tendencia a deducir conclusiones a partir de los hechos sueltos que llegan a mi mente y mi memoria logra retener, que tampoco son muchos. Yo creo que es una deformación profesional propia del abogado, que anda siempre metido en interpretaciones de los documentos y los hechos que le relatan sus clientes para encontrar el mejor camino de defensa de sus intereses. Como lo hago con convicción, después explico mis teorías sin contrastarlas con la realidad y, claro, no pocas veces me equivoco.

Por ejemplo, una vez leí un experimento que habían hecho en una universidad de psicología. Consistía en colocar, primero, a dos hombres sentados en sendas sillas mirando en la misma dirección en una habitación desnuda y pedirles que hablaran entre sí durante un rato en esas sillas. Los hombres charlaron sin problema durante el tiempo del experimento mirando a la pared vacía que tenían delante. Después, probaron con dos mujeres. Las mujeres parecían no estar cómodas en esa situación, poco a poco se iban girando para poder ver la cara y los gestos de su interlocutora, hasta que terminaron moviendo las pesadas sillas para poder hablar mirándose a los ojos. Y así sucedió repetidamente.

Sigue leyendo

Del enamoramiento al amor…

Esta semana descanso de post y os envío, en su lugar, la convocatoria de una conferencia que daré en el club Llar, en la que intentaré hacer un recorrido por el amor entre un hombre y una mujer desde sus comienzos hasta la felicidad de una vida compartida que lucha cada día por reescribir conjuntamente ese amor…

Matrimonios, novios, parejas y los que aún no la tenéis…, todos estáis invitados.

Sigue leyendo

Rehacer la vida

Podría parecer este un artículo para tranquilizar a los padres, que bastante trabajo tenemos para educar a nuestros hijos. Ya dije en una entrada anterior (¿Se equivocó Dios?) que, si al mismo Creador la criatura le salió respondona, no vamos a ser menos los padres mortales.

Podría parecerlo, digo, porque voy a comenzar con una cita del segundo libro que me he leído de Mariolina Ceriotti Migliarese (este dedicado al varón: “Masculino, fuerza, eros, ternura”): “¡Ningún progenitor, ni siquiera el que sea objetivamente más limitado, puede seguir siendo culpable del fracaso de sus propios hijos más allá de una edad razonable!”. Si así fuera, añado yo, habríamos eliminado de un plumazo la noción de libertad y los hijos no serían más que un apéndice dependiente de la vida de sus padres.

Sigue leyendo

Cuando Rompetechos leyó Cenicienta

Hace unos días, una escuela de Barcelona decidió retirar de su biblioteca infantil una serie de cuentos por considerarlos inadecuados según los nuevos cánones de la censura feminista.

Voces autorizadas han apoyado la iniciativa. Quizás, una de las que más me ha llamado la atención ha sido la de la escritora Laura Freixas, precisamente por tratarse de una escritora, es decir, de una contadora de cuentos. Escribe con vehemencia en La Vanguardia: “¿Por qué yo nunca le llevaba la contraria a mi marido? ¿Por qué no me enfadaba con él? (…), ¿cómo me convertí en esa mujercita sonriente, a la sombra de su maridito, que nunca había querido ser? (…) Y es que como todo el mundo, yo me hice una idea de lo que es ser mujer u hombre a través de relatos, empezando por los cuentos, como esos que la escuela Tàber ha retirado de su biblioteca infantil”, y termina diciendo: “Ojalá hubiera ido a la escuela Tàber”.

De pequeño, como muchos de mis contemporáneos, leí el Jabato, el Capitán Trueno, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Carpanta, Hansel y Gretel y muchos otros cuentos y tebeos que a mis lectores menores de 50 años les sonarán a chino. Pero nunca se me ocurrió que debía matar sarracenos, hacer trastadas inimaginables, poner explosivos en cualquier recipiente, comerme cuatro barras de pan seguidas o abandonar a mis hijos en pleno bosque.

La figura de varón, padre y ciudadano la aprendí, y todavía lo hago, de Miguel Vidal-Quadras Biada, una persona afable, servicial, trabajadora y respetuosa con todos, que decidió compartir su vida con una mujer también excepcional, Mª Ángeles Trías de Bes, a quien ninguno de sus hijos confundió nunca con Caperucita, la bella Durmiente o la atribulada mujer de Ástérix. Comprendo que no todo el mundo ha tenido la misma suerte que yo en la vida y no puedo ni debo juzgar la infancia de nadie, pero, después de casi treinta años dedicado a la orientación familiar, sí creo poder afirmar que el rol de hombre o mujer, padre o madre, marido o mujer, ciudadano o ciudadana no se aprende en los cuentos sino en casa, en la familia.

Cuando se olvidan las imágenes, la metáfora, la alegoría o la poesía y se priva a la literatura de su simbolismo, dejándola al albur de la fría ciencia (ya sea la sociología, la psicología o la pedagogía), la creatividad humana muere aplastada bajo el peso implacable de una razón sin corazón, ¡o viceversa!, fácilmente ideologizada.

Recomendaría a quien quiera entender el simbolismo de los cuentos proscritos que leyera a Mariolina Ceriotti Migliarese (psiquiatra y mujer), cuyo libro “Erótica y Materna, un viaje al universo femenino”, recientemente publicado en España, además de ofrecer una semblanza extraordinaria del mundo de la mujer, da algunas interesantes pautas interpretativas sobre Cenicienta, Blancanieves y La Bella Duermiente.

En lugar de quemarlos en la hoguera o decidir por los padres qué tienen que leer sus hijos (una vieja tentación totalitaria), propone una aproximación inteligente que permita descifrar los significados simbólicos “que siguen siendo válidos para captar los pasos evolutivos de la psicología femenina”. Por cierto, que el libro es anterior a la polémica generada en España.

Por ejemplo, destaca la encarnación en la hija de los valores más hondos de esa madre fallecida prematuramente, materna y buena, confrontados con la madrastra, que representa la exacerbación de la belleza y la frivolidad. O la superación de los obstáculos de una madre (madrastra) posesiva en el recorrido hacia la vida adulta y su acceso a la vida sexual que representa el encuentro con el príncipe. O el papel gris y secundario de la figura paterna, normalmente blanducha e indecisa, que, en el fondo, “acepta de buena gana lo que está pasando y deja que su hija viva hasta el fondo el encuentro/desencuentro con la imagen negativa de la madre, hasta que llegue a construir su propia identidad adulta”.

En fin, que cada uno ve la vida, y los cuentos, del color del cristal con el que mira. Me temo que el problema no está en los cuentos sino en la misma vida.

Por si acaso, voy a esconder “Guerra y Paz”, no sea que la retiren también por violenta, y “El principito”, a la espera de la secuela “La principita”, que ya deben de estar escribiendo en algún despacho subvencionado, eso sí, en prosa de oficinista.

¡Y mira que hay cosas serias de las que ocuparse!

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.