Viaje de novios

Este jueves vinieron a cenar a casa Paco y María. Paco es mi ahijado. María, su novia. Se casan este mes de mayo, con o sin el permiso del Covid y de nuestras autoridades, como tiene que ser, porque la norma está hecha para el hombre y no al revés, y en la boda lo único esencial son los novios.

Los dos son jóvenes y tienen muchas ganas de empezar una vida en común. Durante la cena comentamos anécdotas de las vivencias de la familia de Paco y la nuestra, nos explicaron cómo se conocieron, hablamos de sus trabajos y de muchas cosas más.

Y, claro, salió el viaje de novios. No diré adónde se van para respetar su intimidad. Mi hija Alejandra tuvo una pesadilla antes de casarse, en la que yo le insistía en acompañarle en el viaje de novios y ella no sabía cómo decirme que no, así que para evitar a María pesadillas sobre lectores del blog del inoportuno padrino de su novio persiguiéndoles en su viaje, me abstendré de dar datos.

Pero comentaron una cosa que a mí me llamó mucho la atención. En la agencia de viajes estaban sorprendidos de que no se apuntaran a los mil planes que les proponían en su primer destino, una playa en un mar remoto. “Tenéis que aprovechar, que a lo mejor no volvéis nunca a este lugar paradisíaco -les decían-, ¡os vais a aburrir!

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El éxtasis de la intimidad

Ayer tuve la ocasión de compartir un buen rato con un nutrido grupo de universitarias en el Colegio Mayor Bonaigua, gracias a los buenos oficios de Almu Martínez y Júlia Boher. Hablamos de la intimidad, el amor, los sentimientos y muchas otras cosas. No podía decir muchas tonterías porque mi sobrina Elena, una universitaria con ambición de saber y de formarse, estaba ahí para controlar qué decía su tío.

Uno de los temas que salió fue el del título de este post, tomado de un libro homónimo de Juan Cruz Cruz y una de las más bellas definiciones del amor que he leído. Sí, el amor es el éxtasis de la intimidad. Cuando nuestra intimidad personal, aquello que somos en lo más profundo, sale de sí (en esto consiste el éxtasis) y se centra en el amado, cristaliza el amor, que es siempre una persistencia afectiva en el ser amado, una vivencia alterocéntrica, fuera de sí.

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La cruz sola

En esta cruz vacía que me espera
y llevo junto a mí todos los días
parece no haber nada y está llena
de todo lo que pasa por mi vida.

Es la cruz que rompió la tuya entera,
Madre, cuando a tu Hijo tú perdías,
la misma que miraste, el alma en pena,
y te dejó una tarde malherida.

Es la cruz que quedó sola, a la vera,
matando a un Dios que solo tú veías,
la misma que mudó su palo en vena
y recogió la sangre allí vertida.

Es la cruz paradoja que aligera
el peso de mis falsas agonías,
aquella en que mi alma se serena,
si en ti, Jesús, la carga desprendida.

Es la cruz de mi vida, compañera
que las penas transforma en alegrías,
la cruz sin cruz que el desespero frena
y alienta la esperanza redimida.

Es la cruz que Tú llevas, cruz ligera,
cuando pierdo el temor, como pedías,
y dejo de mirarla como ajena
para hacerla mi cruz, mi cruz querida.

Es la cruz que tu despertar advera,
la que anuncia el triunfo en que morías
de dolor hecho amor en la condena
injusta que dictó un alma engreída.

La cruz que de mi vida se apodera
y me eleva al lugar en que extasías,
aquella en que veré, ya de amor plena,
la luz de mi existencia en ti fundida.

Javier Vidal-Quadras Trias de Bes

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Semana Santa

Tengo un buen amigo que, hace muchos años, cuando era agnóstico, me preguntó un día sobre las tradiciones y sucesos propios de la Semana Santa. Tenía pensado viajar a Roma y, como era, y sigue siendo, un intelectual inquieto, quería conocer de primera mano el trasfondo de esta semana tan especial para los católicos. Eso sí, desde una perspectiva puramente sociológica, se encargó de precisar.

No sé si el origen de su camino hacia la fe fue ese encuentro con la Cruz en su condición de forastero (nunca se lo he preguntado), pero hoy su privilegiada cabeza no puede imaginar un mundo sin Dios ni una vida sin Cristo.

A mí me gusta pensar, aunque probablemente me equivoque, que le pudo suceder algo parecido al protagonista del Via Crucis que, como cada año, os adjunto.

Los acontecimientos de la Semana Santa son tan incomprensibles que, cuando uno elimina cualquier prejuicio y los ‘contempla’, aunque sea desde fuera, es casi imposible quedarse al margen y no resultar de alguna manera ‘tocado’ por este hombre extraordinario que tuvo la osadía de ser Dios.

¡Feliz Semana Santa!

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Pornovisión

Poco tiempo después de la muerte de Miguel Ángel, Paolo Veronese pintó una Última Cena en la que había incluido algunas figuras inapropiadas (soldados alemanes, enanos, borrachos sangrando por la nariz…). Al ser llamado por la Inquisición bajo la acusación de haber tratado indignamente y sin respeto a la verdad un momento tan solemne, y no lograr convencerles, el pintor respondió que también en la Capilla Sixtina los cuerpos de la Virgen, del Salvador y de toda la Iglesia Triunfante estaban representados desnudos, con poca reverencia.

Para su sorpresa, fue el mismo inquisidor quien salió en defensa de Miguel Ángel con una respuesta que se hizo famosa en su tiempo: “¿No sabes que en estas figuras no hay nada que no sea espíritu?” Como Veronese era un tipo listo y sabía que era mejor no entrar en muchas disputas con la Inquisición, resolvió el incidente con una salida creativa: cambió el nombre del cuadro y lo tituló El banquete de Leví (Leví, bautizado Mateo por Jesús, era un rico recaudador de impuestos amigo de publicanos y pecadores).

El desnudo ha sido un tema permanentemente presente en el arte. Del arte pictórico y escultórico pasó al fotográfico y audiovisual, aunque entre los dos hay una importante diferencia: en los primeros la persona es solo el modelo, mientras que en los segundos ella misma se convierte en el propio objeto exhibido.

En la educación de nuestros hijos y de nuestra propia conciencia es importante distinguir cuándo un desnudo es, digámoslo así, ético, adecuado y cuándo no lo es. ¿Por qué los cuerpos pintados por Miguel Ángel son espirituales y pueden contemplarse sin pudor mientras que los cuerpos de las fotografías de un calendario pornográfico colgado en cualquier taller no lo son?

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Mercenarios

Esta semana he tenido el privilegio de impartir, un año más, una parte del módulo de Deontología Profesional en el Máster de Abogacía de la Universidad Abat Oliba, que siempre me da la oportunidad de compartir con mis alumnos interesantes reflexiones sobre la ética, la dignidad de la persona, la justicia, etc.

Entre los alumnos había una profesional de la medicina con bastante experiencia acumulada que había decidido estudiar derecho y, al principio, estaba un tanto sorprendida de que un abogado insistiera tanto en principios como la honestidad, la sinceridad, la proporcionalidad de los medios, la bondad de los fines, etc. Tenía la impresión de que esta integridad en la conducta era más propia de los médicos, juramento hipocrático entre medio, que de los abogados.

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La tapa

El domingo pasado fui a jugar a pádel, abrí un bote de pelotas nuevas y se puso a llover. Terminamos el partido, de cuyo resultado no quiero acordarme, y guardé disciplinadamente cada cosa en su sitio. Como las pelotas estaban mojadas, no las tapé: dejé la tapa apoyada en el bote a la espera de que se secaran.

El miércoles volví a jugar y me encontré el bote tapado y, dentro, las pelotas mojadas. Mi mujer observó el desorden de un bote de pelotas sin la tapa puesta y lo enmendó.

Esta sencilla anécdota me ha permitido concentrar no pocas de las enseñanzas sobre comunicación matrimonial que he ido aprendiendo en diversos libros e intento transmitir en este blog. Veamos algunas.

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Purificar la memoria

‘Purificar la memoria’ es una feliz expresión de Jutta Burggraf y un proceso fundamental para ser feliz. Una mala memoria puede ser una buena aliada de la felicidad, sobre todo si olvida lo negativo, cosa que no es fácil porque los sucesos negativos suelen tener más impacto que los positivos.

La memoria es una facultad humana en ciertos aspectos incontrolable. Con entrenamiento se puede incrementar la capacidad de recordar, pero mas difícil es mejorar la capacidad de olvidar. ¡Qué útil sería poder borrar de la memoria selectivamente aquello que nos hace daño, nos entristece, nos deprime, nos irrita o nos sulfura! Si no recordáramos las ofensas, no haría falta perdonar, no experimentaríamos sed de venganza; si olvidáramos nuestros grandes defectos, impotencias y debilidades, si se esfumaran las humillaciones del pasado, evitaríamos muchas de las pequeñas o grandes depresiones que nos acechan cada día.

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Manías

Esta mañana he tenido una doble sorpresa. He entrado en la cocina y me he encontrado con el último hijo adolescente que nos queda (¡Ay, Dios, qué haremos cuando crezca!) desayunando en el sitio en el que me suelo sentar yo. La primera y mayor sorpresa ha sido verle ahí. Normalmente, sus mañanas son trepidantes (sobre todo para sus padres) y suele salir corriendo con una madalena en la boca. He tenido que salir y volver a entrar para asegurarme de que no era una visión. Y no: era él. Su hermana mayor, que compartía desayuno, me lo ha confirmado. La segunda sorpresa, y la que más me ha hecho pensar, es que ocupara mi (¡¿mi?!) lugar.

Una de mis batallas, que aconsejo librar a todo el mundo, casados y solteros, es la de las manías, que son como lapas que se van adhiriendo a nuestra vida y cuesta mucho despegar. Es verdad que el ser humano es un animal de costumbres, pero… ¡es tan fácil que las costumbres degeneren en manías y estas se degraden en adicciones!

Mi tesis es que, de vez en cuando, hay que cuestionar algunas reglas y conveniencias sociales y poner en tela de juicio alguna rutina instalada con demasiada fuerza en nuestras vidas. Estoy hablando de aspectos muy superficiales, que ni siquiera forman (o no deberían formar) parte de nuestra personalidad: ‘mi’ sillón, ‘mi’ cerveza, ‘mi’ tiempo de Instagram, ‘mi’ deporte, ciertas sucesiones de actos casi litúrgicas, el menú del desayuno…, cada uno sabrá.

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Por qué creo

“Un día mágico para los niños” será una de las frases más repetidas hoy. Y, ciertamente, lo es. Pero a mí me ha dado por pensar en los mayores…, en mí. ¿Es un día mágico también para mí? Los Reyes Magos escenifican la manifestación de Dios a los hombres. Y me han inspirado una pregunta y un reto. La pregunta: ¿por qué creo? El reto: contestarme en un post.

Muchas veces, hablando de la fe con amigos y familiares, surge la tesis de que cada uno cree según el lugar en que ha nacido, la educación que ha recibido, las costumbres vividas, de modo que la fe, cuando se tiene, sería un efecto geográfico, biográfico o social. Y las conversiones o deserciones, una anomalía de espíritus particularmente libres que escaparían a la presión ambiental.

Claro que, según esta tesis, ninguna religión ni creencia debería haber tenido la fuerza de extenderse en territorios y culturas diferentes de las suyas propias. En fin, es un debate interesante en el que habría que analizar múltiples factores y huir de maximalismos.

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