Pensaba tomarme el mes de agosto entero de vacaciones blogueras, pero la lectura de uno de los libros de este verano (Por qué dar la vida a un mortal, de Fabrice Hadjadj) unida a la eclosión de vida que proprociona la convivencia más estrecha con nuestros nietos y a la fiesta grande del día de hoy, en que los católicos celebramos la Asunción de la Virgen María, me han llevado a compartir estas reflexiones sobre la vida.
La lógica de la vida es genea-lógica, es decir, debe estar motivada por la misma vida. Pensar la vida desde la situación y los proyectos previos a ella conduce a una valoración falsa por insuficiente que olvida lo más importante: la vida misma.
El nacimiento, la nueva vida no es un proyecto ‘propio’. De hecho, no es ningún tipo de proyecto. Es un evento, un acontecimiento que revisita nuestra propia vida y la renueva. Enseguida nos damos cuenta de que son nuestros proyectos personales los que han de adaptarse a la nueva vida, y no al revés. El nacimiento de un hijo es siempre el renacimiento de sus padres. La venida de ese hijo transforma de arriba abajo nuestras vidas y rehace nuestro mundo con esa conversión del individuo en madre o padre.
La aparición de un nuevo rostro en nuestras vidas viene a invalidar cualquier razonamiento anterior a ella. No se trata de no reflexionar o de no razonar, tampoco de rechazar la lógica, sino más bien de superarla, de hacerla genea-lógica: una lógica pensada desde la vida y no desde la no-vida. Como afirma Fabrice Hadjadj, “es imposible prever lo que sucede en un nacimiento, ni desde el pesimismo ni tampoco desde el optimismo. He aquí por qué la lógica del aborto es un aborto de la lógica y de su incapacidad de entrar en el movimiento de la vida, de volverse genea-lógica”.
Y, a raíz de la fiesta de hoy, me ha dado por pensar qué hubiera sucedido si la Virgen hubiera decidido movida por la mera lógica de su situación y de las previsibles consecuencias de sus actos. Si se hubiera detenido a considerar que ese niño que estaba aceptando tener, todavía soltera, le podría haber ocasionado la muerte por lapidación. O si hubiera sabido que, por causa de ese niño, tendría que ser perseguida, abandonar casa y país, mudarse de ciudad y comenzar de nuevo. O si alguien le hubiera dicho que ese hijo la iba a sacar de su ‘zona de confort’, como se dice ahora, y la iba a llevar de un lado a otro sin lugar donde reclinar la cabeza. O si el ángel (¡quién sabe si lo hizo!) le hubiera mostrado el insufrible dolor que iba a experimentar al ver morir a su hijo de la manera más cruel e injusta.
Acaso en un acto de comprensible lógica podría haber decidido no tener ese niño… o deshacerse de él, porque no solo no entraba en sus planes, sino que los iba a alterar dramáticamente.
Gracias a Dios, pronunció el fiat de la Anunciación desde otra lógica, la lógica de la vida, como lo hicieron y lo harían, antes y después de ella, tantas madres que tuvieron hijos en contra de toda estadística, cuando no había epidural, cuatro de cada cien morían en el parto y uno de cada dos niños no llegaba a la vida adulta.
La vida tiene su propia lógica, que está inspirada por un impulso de gratuidad, de don, ínsito en nuestro ser e irreductible al razonamiento abstracto. Gracias a Dios (y nunca mejor dicho), María respondió a esa genea-lógica y pronunció el fiat que nos abriría la puerta al Cielo, al que ella accedió sin pasar por la muerte, según celebramos hoy.
Feliz verano (¡o lo que quede!).
Javier Vidal-Quadras Trías de Bes
Gracias Javier !!!
Inviato da iPhone
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A ti, Gustavo!!
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Magnífico artículo, me ha gustado…
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Muchas gracias!!
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