He recordado alguna otra vez en este blog la frase “lo que quieras aprender, enséñalo”, que oí de los labios de Rafael Pich, uno de los pioneros y el impulsor principal de los programas de orientación familiar desde sus orígenes. La frase me gustó y me tranquilizó porque, desde que empecé a hablar y escribir sobre el amor humano, tuve la sensación de ser un intruso que estaba acometiendo una tarea que excedía a mis capacidades y competencia.
La semana pasada estuvimos Loles y yo en El Salvador. “¿En El Salvador? ¿Y qué se te ha perdido allí?”, me dijo alguno. En El Salvador, como en todos los países del mundo en que está presente la IFFD (International Federation for Family Development – www.iffd.org), se me ha perdido la familia. “¡¿Tú familia?!” Sí, mi familia y la tuya… y la de todos. La familia que está detrás de todo lo humano.
Valeria y Mario, quienes, junto con Celina y Álvaro, Michelle y Benjamín, María y Marcel y tantos otros están al frente de la fundación ICEF, el centro de Family Enrichment de El Salvador asociado a la IFFD, me pusieron en contacto con Don José Roberto.
Don Jose, como allí le llaman, es un sacerdote excepcional que, con la ayuda de un comité promotor tremendamente comprometido, impulsa desde hace años un proyecto espectacular para ayudar a la formación de sacerdotes diocesanos de su país, recaudando fondos para becar su estancia durante varios años en las mejores universidades europeas, de modo que se formen intelectual y doctrinalmente. El Proyecto de Formación Sacerdotal está contribuyendo eficazmente a elevar el nivel intelectual y la preparación doctrinal del clero salvadoreño. Como dijo Monseñor Luigi Roberto Cona, Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Francisco y buen conocedor del país y de sus gentes, un buen sacerdote ayuda a transformar la sociedad en su conjunto. Necesitamos sacerdotes santos, pero también sabios, añadió el secretario del Arzobispo de San Salvador.
Invitados por el Proyecto de Formación Sacerdotal, para dar una conferencia en la gala benéfica, y por la fundación ICEF, Loles y yo aprovechamos para conocer más de cerca la situación de la orientación familiar en el país, y nos volvió a suceder lo que siempre nos ocurre cuando vamos por esos mundos de Dios a impulsar el Family Enrichment: que, yendo en teoría a enseñar, acabamos aprendiendo, y mucho.
Pudimos comprobar cómo el grupo educativo APCE, con sus colegios La Floresta, Lamatepec, Horizontes y Campoverde, cuida a sus padres, a sus profesores y a sus alumnos, siguiendo este orden, que es el que exige la condición familiar del ser humano, que tiene en los padres a los primeros educadores, quienes se limitan a delegar graciosamente en el colegio la educación reglada.
APCE e ICEF constituyen un binomio insustituible. ICEF, con sus programas de orientación familiar, se dirige a la familia desde la familia, intentando llevar a cada uno de todos los padres de los colegios la belleza de la vida de familia en un entorno de amistad que promueva la mejora personal, misión que comparte con la IFFD. Los colegios necesitan padres bien formados y con criterio propio, que no se dejen amilanar, ni siquiera por los profesionales de la educación, sino que sean capaces de exigirles lo máximo que puedan dar. APCE, por su parte, se preocupa de que los hijos de estos padres bien formados reciban una educación de calidad, no solo en lo técnico, sino también, y me atrevería a decir, sobre todo y porque los padres así lo quieren, en lo humano.
Padres, profesores y alumnos, una tríada que algunos estados intentan separar en la educación pública, conscientes como son de que la única manera de adoctrinar a los niños y modelarlos a su arbitrio consiste en mantener a los padres al margen, procurando que no puedan decidir acerca de la educación que sus hijos reciben precisamente en los ámbitos más sensibles de su formación humana.
Pero lo que de verdad nos llevamos de El Salvador fue el grandísimo cariño que recibimos de todas las personas que durante esa semana hicieron que nos sintiéramos los seres humanos más afortunados de este planeta. Por un momento, mientras me preparaba las reuniones, charlas y conferencias que me habían pedido, llegué a pensar que iba a El Salvador a aportar algo, pero pronto me di cuenta de mi error. Desde que pisamos tierra salvadoreña no hemos hecho más que recibir. Y he de decir que la belleza del país, desde los volcanes hasta el mar, no va a la zaga de la de sus habitantes. Sirva este breve post como pobre agradecimiento y propósito de volver algún día a recoger la parte del corazón que se nos ha quedado allí.
¡Muchas gracias!
P.S.: Lo del loroco y las pupusas, dos manjares salvadoreños, lo dejo en la intriga porque hay que ir allí para probarlos.
Javier Vidal-Quadras Trías de Bes
Gracias Javier, me gustan siempre mucho estos comentarios que pasan por la historia global de IFFD, de Rafael e miles y miles de familias..
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Muchas gracias, Andrea!!
Un abrazo.
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Muchas gracias a ti y a Loles por todo lo que hacéis en favor de las familias y de la sociedad. Por tanta generosidad. Es brutal.
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Gracias, Alba!! 🤗
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Como siempre, genial!
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