Este fin de semana he conocido “el dilema del puercoespín”, de Schopenhauer. Nos lo ha explicado Mariolina Ceriotti en una magnífica conferencia que hemos podido escuchar en Varsovia, en el congreso organizado por Akademia Familijna para celebrar los 20 años de la Orientación Familiar (Family Enrichment) en Polonia.

Explicaba Schopenhauer el dilema de dos puercoespines que, dejados de la mano de Dios en un lugar muy frío, se acercaban uno a otro para darse calor, como intuitivamente hacen tantos animales, y también el ser humano, el cual añade al calor físico la calidez espiritual de un cuerpo que es alma.

Al acercarse uno a otro demasiado, justo cuando empezaban a notar el calor corporal, los puercoespines sufrían la hendidura de las púas que recubren su cuerpo y, espoleados por los pinchazos, se separaban bruscamente. Volvían a tener frío y repetían la maniobra, y así sucesivamente, hasta que finalmente encontraban la justa distancia que les permitía darse calor sin hacerse daño.

En todas las relaciones familiares, concluía Mariolina Ceriotti, es necesario encontrar esa justa distancia, que varía con el tipo de relación y con el tiempo. Es preciso estar atento y repetir la maniobra cuantas veces sean necesarias porque hay quien siente invadido su espacio personal en una distancia demasiado corta y hay quien se siente abandonado en una distancia demasiado larga.

No todas las relaciones son iguales, y la justa distancia en la familia exige antes haber encontrado la justa posición. La familia es como dos ejes que forman una cruz, explicaba. El eje horizontal es el matrimonio, el permanente, que siempre debería está ahí para dar estabilidad a la familia. El eje vertical son los padres y los hijos. El eje horizontal, el matrimonio, debe salir al encuentro de quienes conforman el eje vertical, pero sin confundirse con ellos ni integrarlos en su eje. Ni los hijos ni los padres, que hoy están y mañana se irán, deben suplantar al matrimonio.

Me pareció una imagen muy sugerente, que puede ayudar a ordenar los amores en la familia y puede iluminar otros ámbitos de la vida.

Pienso ahora en la Orientación Familiar (www.iffd.org), esa iniciativa que ha ayudado (¡nos ha ayudado!) a tantas personas en todo el mundo a encontrar el camino hacia la felicidad en el matrimonio y la familia.

A Janusz Wardak, en los albores de este siglo XXI, la IFFD le salió al encuentro, y él, rodeado de un generoso equipo de voluntarios entregados, fue capaz de lanzar en Polonia esta gran iniciativa que ha mostrado un nuevo horizonte a miles de personas en aquel país. Pero la IFFD es el eje horizontal y todos nosotros, los que hemos visto en la familia el futuro de la humanidad, somos el eje vertical, que un día dejará paso, como ya ha hecho Janusz, a otros que sigan impulsando esta revolución silenciosa. Rafal, Paulo, Bartosz, Marcin, Ania, Mara, Kasia y tantos otros representan el futuro de la orientación familiar en Polonia.

Ha sido un viaje relámpago. Salimos el viernes por la tarde y hemos vuelto este mediodía. Un viaje intenso, en el que pudimos conocer además un interesante estudio estadístico sobre la incidencia de las redes sociales en la salud mental y en las preferencias vitales de los jóvenes, disfrutar de una magnífica y emotiva conferencia de Leticia Rodríguez sobre los lenguajes del amor, del inigualable testimonio de Rosa Pich y hasta de un concierto de piano, violín y flauta que puso broche de oro a la jornada.

Loles y yo volvemos, como siempre, con el corazón lleno de optimismo y esperanza. ¡La humanidad tiene futuro! Y, por supuesto, nuestra ‘justa distancia’ se ha acortado todavía un poco más, tanto la ya muy exigua que hay en nuestro matrimonio como la que nos mantiene a los dos tan cerca de tanta genta buena que hay por estos mundos de Dios.

¡Feliz tarde de domingo!

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.