Una de las muchas ventajas de ser padre de familia numerosa, estar profundamente enamorado de tu mujer y dejarte enredar en diversas actividades extraprofesionales es que te queda poco tiempo para dedicarte a ti mismo.

Cuando mi mujer y yo estábamos en la década de los treinta y teníamos ya cinco de nuestros siete hijos, un compañero de despacho de mi misma edad, soltero, me confió, apesadumbrado: “¡Uf! ¡No logro desconectar el fin de semana!” Yo le contesté: “¡Pues, vente a mi casa! ¡Atravesar el dintel y recibir una bofetada ambiental que te ubica rápidamente en la realidad es todo uno!” Y es que a mí me sucedía lo contrario: llegaba el lunes y ya ni recordaba que era abogado (condición que, gracias a Dios, era y sigue siendo accidental y no consustancial a mi persona: ¿se imaginan nacer y vivir en todo momento siendo y ejerciendo de abogado o cualquier otra profesión? ¡Qué pobreza personal!).

Con el correr del tiempo, algunos de esos conocidos que estaban obsesionados por el trabajo y por su escalada profesional se obsesionaron por el deporte. Empieza a ser un patrón preocupante: mitad de la vida, obsesión por el deporte, separación matrimonial. No he hecho una encuesta e ignoro si lo del deporte es, en estos casos, causa o consecuencia de un cierto hastío matrimonial; lo que sí constato es que es un síntoma que concurre a menudo en el varón de edad madura.

En cualquier caso, nadie osará negar que el deporte es muy conveniente: mens sana in corpore sano. Así que, por aquello de la falta de tiempo del padre de familia numerosa que decía al principio, un buen día, hace no mucho, decidí incorporar a mi vida una actividad física más frecuente con la ayuda de una de aquellas aplicaciones (apps) a las que mi hijo mayor es tan aficionado y tan buen resultado le dan. Mientras programaba mi entrenamiento, me quedé adormilado, esperando con ilusión la primera sesión al día siguiente.

Lo primero que me preguntó la app fue mi tipo anatómico y el que quería alcanzar. Me pidió algunos parámetros (sexo, altura, peso, edad…), y me proporcionó algunos ejemplos de cuerpos con distinto porcentaje de grasa para que escogiera el que más se parecía al mío (por pudor, les ahorro el porcentaje que me salió). Después, escogí el modelo de cuerpo que quería obtener (dentro de mis limitaciones, claro, que tampoco soy un iluso). A continuación, antes de ofrecerme una pauta de entrenamiento para alcanzar el resultado anhelado en el tiempo que había introducido, la app me hizo una pregunta que me sorprendió:

“Antes de programar tu entrenamiento, responde sinceramente a la siguiente pregunta:

¿Cuáles son las razones principales que te mueven a ponerte en forma? Escoge las que procedan y ordénalas jerárquicamente:

  1. Quieres encontrarte bien contigo mismo
  2. Quieres estar en forma para los demás
  3. Quieres estar en forma para tu mujer (ignoro lo que aparecía en la opción ‘mujer’)
  4. Otras”

“¡Caramba, pensé, qué app más extraña!” Por curiosidad, pulsé primero solo la opción a), y se desplegaron los siguientes consejos:

“Has escogido como único motivo encontrarte bien contigo mismo. ¡Felicidades! ¡Te mereces lo mejor de ti mismo! Antes de empezar, te recomendamos leer atentamente los siguientes consejos:

A partir de este momento, tú eres lo más importante; no antepongas nada al deporte ni a tus preferencias personales; cuando hayas logrado unos buenos abdominales y pectorales, puedes correr sin la camiseta para exhibirlos; procura ir en grupos con mujeres, que expresan mejor que los hombres la admiración; contémplate cada día varias veces en el espejo y mide con la mirada cada milímetro de grasa que pierdes; pésate frecuentemente; ponte retos deportivos cada vez más difíciles que te exijan mucha dedicación y no los abandones por nada del mundo (¡tienes que demostrar de lo que es capaz!)”…

Dejé de leer y decidí pulsar la letra c). Se desplegaron los siguientes consejos:

“Has escogido como único motivo estar en forma para tu mujer. ¡Felicidades! ¡Ella se merece lo mejor de ti! Antes de empezar, te recomendamos leer atentamente los siguientes consejos:

Procura que ella también haga algún tipo de ejercicio; buscad y practicad algunas actividades comunes; nunca antepongas el deporte a tu mujer; evita salir demasiadas veces en grupos deportivos sin ella, sobre todo si hay otras mujeres en el grupo; no te comprometas excesivamente en actividades que requieran estar mucho tiempo separado de ella; recuerda que ella no se enamoró de ti por tu físico portentoso; no olvides que a ella no le gustan los cuerpos con tableta y pectorales sino las personas enteras; confórmate con estar en forma y ágil para ella (¡no tienes que demostrar nada a nadie!)”…

Me hubiera encantado poder seguir leyendo los consejos de las otras opciones y las combinaciones entre ellas, pero me desperté… y descubrí que todo había sido un sueño y que no existía una app como aquella, una app deportiva para profesionales del amor, para los amantes de verdad. En el amor, el amateurismo está condenado al fracaso porque, si se observa bien, incluso literalmente, acaba siempre desembocando en uno mismo: amateur.

Y llegué a la conclusión de que la obsesión por el deporte a ciertas edades, si uno no está muy atento, acaba fácilmente transformándose en obsesión por uno mismo; y esta patología (¡a la que todos estamos expuestos!) tiene muy difícil cura.

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