El fin de semana pasado, estaba en una casa particular con un grupo de jóvenes que jugaban a cartas cuando una de las chicas le dijo a su novio: “¿Te apetece una copita de vino blanco?

El chico declinó amablemente. Yo miré primero a su novia, después a él y le dije: “Creo que no la has entendido: te está pidiendo una copa de vino blanco. Es a ella a quien le apetece”. Se miraron, ella asintió, se generó una carcajada general y el novio se levantó solícito a buscar la copa de vino blanco mientras decía: ¡Es verdad…, cómo no he caído!

Hombres y mujeres nos expresamos muchas veces de diferente manera. Queremos decir lo mismo, pero no acertamos a hacerlo en el modo del otro. Y, entre los mismos hombres o mujeres, también hay diferencias en las maneras de hablar, culturales, biógráficas, familiares, etc.

Hoy me gustaría abordar tres modos de decir que, si no se conocen, pueden generar malentendidos. Y voy a hablar de lo que yo he percibido, que no soy un estudioso del tema. Puedo equivocarme, claro. Admito las críticas. Cada uno verá si se identifica.

El primero ya lo he dicho, es la petición u orden encubierta. Cuando una mujer te dice un viernes por la tarde: “cariño, ¿te apetece ir al cine esta noche?”, no te está preguntando si quieres ir al cine, te está informando de que vas a hacerlo. Por lo tanto, ante una pregunta de este estilo, lo mejor es contestar siempre que sí, y si puede ser con asertividad: ¡Claro, me encantaría! ¿Qué peli podemos ir a ver…? Y no pierdas el tiempo pensando en la película, que ella, que ya tiene las entradas, te dirá cuál te apetece ver.

El segundo va de hombres y también de viernes por la tarde, es la insinuación indirecta. Imagínate que tu marido te dice un viernes por la tarde: “¿Amor, qué te parece si esta noche, que no tenemos niños, nos quedamos a cenar en casa los dos solos, vemos un peli en Netflix con palomitas y nos vamos a la cama prontito?

La tentación femenina es caer en la interpretación literal: que el pobre está cansado del trabajo de la semana y quiere irse a dormir pronto. Pero, si cambias la perspectiva y adoptas una interpretación lógico-masculina, concluirás, probablemente con acierto, que lo que te está proponiendo es un encuentro sexual. Pero, claro, no te lo va a decir directamente, perdería todo el romanticismo. Estas cosas hay que insinuarlas con delicadeza. El solo hecho de que haya utilizado el apelativo cariñoso inicial (amor, cariño o cualquiera del estilo) debería ser indicio suficiente.

Por último, el plural conyugal imperativo, más femenino, pero también utilizado por los varones. Cuando tu cónyuge dice “tenemos que cambiar la bombilla” o “habría que llevar el coche al taller”, todo el mundo sabe que no está formulando un deseo, sino dictando una orden. Lo que hay que escuchar es: “esta tarde tú tienes que cambiar la bombilla o, de lo contrario, pensaré que has dejado de quererme”. Lo del plazo, cada uno verá según sus circunstancias, puede ser una tarde, una hora o un día…, no mucho más. Y lo mismo con el taller.

Es normal que al novio de la anécdota inicial no se le ocurriera traer la copa de vino a su novia. Interpretar los modos de decir lleva algún tiempo. Hay que ir conociendo a la persona. Es un aprendizaje bonito. Mi consejo es, en lugar de darse de bruces una y otra vez con la incomprensión y pretender ilusamente que él o ella cambie de forma de hablar (aunque también puede intentarlo), enamorarse de esa manera tan enigmática de pedir las cosas que a todos nos afecta y tan rica, deliciosa e intrigante hace la convivencia.

Buen fin de semana.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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