Este mes de agosto tenía que escribir un artículo sobre la familia y he dedicado parte del tiempo de lectura a releer algunos libros que me orientaran. Cómo no, uno de ellos ha sido una de las joyas sobre la ética educativa en la familia y fuera de ella: Ética del quehacer educativo, de Carlos Cardona.

Y, en esta grata tarea, topé con la enumeración de las que él llama “reducciones falsificadoras” de nuestra cultura. Una de ellas la enuncia así: “la eternidad como temporalidad ilimitada”. Y me llamó la atención.

Por aquellos enigmas de la mente, asocié este binomio (eternidad versus temporalidad ilimitada) con los best sellers Sapiens y Homo deus, de Yuval Noah Harari, una de cuyas tesis es que el ser humano está a punto de traspasar la frontera que le transformará en dios (con minúscula), es decir, en inmortal.

No he leído los libros, pero sí las suficientes críticas (favorables, neutras y contrarias) para saber que, simplificando mucho, el homo deus que prevé Harari será una especie de algoritmo inmortal tecnológicamente transhumanizado. Es decir, un ciborg, mitad hombre mitad técnica, con cuerpo y cerebro mejorados hasta límites que no podemos ni imaginar. Prescindiendo de los libros de Harari, quiero centrarme en esta idea: el homo sapiens se transformará en homo deus cuando sea inmortal.

Carlos Cardona ya anticipó esta visión cuando advertía: “perdida la metafísica del ser, la espiritualidad se esfuma: desaparece Dios y el alma y todo lo espiritual, porque eso no puede ser aprehendido por la matemática cuantificadora, que vale -y sectorialmente- para lo material”.

Siempre me ha llamado la atención la identificación que se hace entre divinidad e inmortalidad, como si ser Dios consistiera en ser inmortal. La inmortalidad es humana, como intuición primero y como conquista intelectual después, desde que la filosofía griega asentara la indestructibilidad del alma, que no desaparece ni se pudre con el cuerpo.

He de confesar que la relectura de Carlos Cardona ha coincidido con la lectura, todavía en curso, de la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II y, claro, el contraste entre las visiones del hombre y de Dios de Karol Wojtyla y de Noah Harari es tan grande que, después de leer al primero, cualquier reducción de la eternidad de Dios a la inmortalidad (temporalidad ilimitada) del homo deus resulta casi ridícula.

Cuando uno descubre que Dios es familia, relación de amor, se da cuenta de lo errados que vamos asociando la inmortalidad corporal con la divinidad. “Negado lo espiritual, el ansia irreprimible de eternidad se proyecta locamente sobre lo corporal. Es la obsesión de la salud: la pretensión de no morir nunca y de vivir biológicamente lo mejor posible”, concluye Carlos Cardona en el libro citado.

Bien está querer ser inmortales, nada que objetar. Y también está bien querer ser dioses. Los cristianos lo intentamos desde hace tiempo, cuando Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera hacerse Dios. Pero el camino hacia la divinidad no es la inmortalidad, sino el amor. Si queremos ser como Dios, mejor que nos concentremos en amar. Y ya luego, cuando todos hayamos aprendido a amar y toda vida experimente el gozo de vivir amando y siendo amado, podremos concentrarnos en la inmortalidad. Ya sé que caben las dos cosas a la vez, pero algo me dice que en Silicon Valley se dedican bastantes más recursos a la segunda que a la primera, y que aún hay muchos millones de vidas en el mundo para las que la inmortalidad se haría insoportable.

Y, ya que este blog va sobre la familia, añadiré que el mejor camino hacia el amor es precisamente ella, la familia. Fuimos creados a imagen de Dios, es decir, capaces de amar. Y los cristianos sabemos -lo siento, esto no se puede demostrar, nos lo ha dicho el mismo Dios y lo hemos creído- que Dios es amor porque es familia, es decir, Trinidad.

En fin, me ha salido un post un poco extraño, pero quería aprovechar ahora porque, a lo mejor, cuando me transforme en algoritmo inmortal, no podré pensar con tanta libertad.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.