Como ya dije en un post anterior, me ha dado por escribir un libro sobre la espiritualidad conyugal en san Josemaría Escrivá, que espero pueda ver la luz en un par de meses, y una de sus frases más llamativas es la que da título a este post. De una manera u otra, se la he oído o leído en varios lugares. Por ejemplo, en este:
“Que lleguéis a quereros tanto que améis los defectos del consorte, siempre que no sean ofensa a Dios (…) Y si lo fueran, con afecto, poco a poco, podréis hacerlos cambiar”. [Tertulia en Guadalaviar (Valencia), 18-XI-1972]
Y la duda que me suscita es: ¿realmente, hay que amar los defectos de la persona amada? ¿No será que hay que amarla a ella con sus defectos? Porque esto de amar los defectos suena un poco extraño, hasta morboso.
