El matrimonio es una caja de sorpresas. Si, a lo largo de los años, eres capaz de conservar aquella mirada enamorada, capaz de admirarse ante cualquier circunstancia, y no te dejas llevar por la rutina mala, la que todo lo avejenta, el matrimonio te regala momentos de un placer inesperado. Un placer muchas veces diferente al que solemos identificar con esta palabra, pero placer, al cabo, si por tal entendemos lo que refleja la primera acepción del diccionario de la RALE: agradar o dar gusto.
El amor es vulnerable. La persona amada también lo es. En nuestro caso, yo soy más vulnerable que Loles, por lo menos a los virus y bacterias. A Loles, en cambio, nadie en casa la recuerda enferma. Pero esta semana las tornas han cambiado.
