Amor y cuidado

El matrimonio es una caja de sorpresas. Si, a lo largo de los años, eres capaz de conservar aquella mirada enamorada, capaz de admirarse ante cualquier circunstancia, y no te dejas llevar por la rutina mala, la que todo lo avejenta, el matrimonio te regala momentos de un placer inesperado. Un placer muchas veces diferente al que solemos identificar con esta palabra, pero placer, al cabo, si por tal entendemos lo que refleja la primera acepción del diccionario de la RALE: agradar o dar gusto.

El amor es vulnerable. La persona amada también lo es. En nuestro caso, yo soy más vulnerable que Loles, por lo menos a los virus y bacterias. A Loles, en cambio, nadie en casa la recuerda enferma. Pero esta semana las tornas han cambiado.

Sigue leyendo

Amar las diferencias

A mí me gusta dormir con la ventana abierta y me molesta la camisa del pijama porque se me enreda al darme la vuelta y tengo que andar continuamente enderezándola. También me gusta escribir y jugar a pádel, aunque me temo que hago mejor lo primero que lo segundo. No estoy muy bien dotado para el baile ni para el canto y tengo una cierta dificultad para seguir con atención las conversaciones, en especial si van pasando de tema a tema a la velocidad de mis hijas. Por otra parte, tengo unos cuantos defectos contra los que lucho cada día y que no voy a escribir aquí porque hablar de los defectos de uno mismo es una forma sutil de soberbia (por cierto, uno de mis defectos).

No creo que nadie pueda hacerse cargo de mi personalidad con esta somera y parcial enumeración de rasgos personales. No es esa la intención. Los traigo a colación porque he leído un artículo de Tomás Melendo, gran amigo de Loles y mío, muy interesante, cuya tesis principal me gustaría compartir. Pienso que puede ayudar bastante a mejorar nuestras relaciones conyugales, familiares y sociales.

El titular podría ser este: lo que de verdad nos molesta de los demás no son los defectos ni las limitaciones, sino las diferencias.

Sigue leyendo

De dos en Dios

Cuando, en la primera mitad del siglo XX, san Josemaría Escrivá hablaba de ‘vocación matrimonial’ y sugería a los casados que Dios les llamaba ‘por caminos de contemplación’ generó no poca incomprensión y desconcierto. Algunos hasta le tuvieron por hereje.

Como ya dije en posts anteriores, en los últimos meses me he dedicado a reflexionar acerca de aquella inspiración y a preguntarme si tuvo el oportuno desarrollo en el pensamiento de san Josemaría, que no se plasmó en la elucubración de un académico, sino en las palabras fuertes y en la coherencia de vida de un santo.

Dentro del estrecho margen que me deja mi intensa vida, he intentado reunir este pensamiento, trayéndolo desde las fuentes dispersas en que se encuentra, a fin de ofrecer a cualquier matrimonio que aspire a la santidad una propuesta abierta y universal de espiritualidad, que consiste, a fin de cuentas, en vivir en clave matrimonial el mismo y único espíritu que san Josemaría recibió el 2 de octubre de 1928, un carisma para todas las gentes y para todos los tiempos.

Bajo el título «De dos en Dios», el libro llega hoy a las librerías y a los portales de venta. Espero que pueda ayudar a entender algo mejor la propuesta de este santo sobre el matrimonio.

Muchas gracias y feliz semana.

Javier Vidal-Quadras Trias de Bes

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Todos los días de mi vida

Ayer tuve un encuentro con un grupo de jóvenes para charlar sobre la administración del tiempo. Cuando me preparaba la sesión, me asaltó la duda acerca del concepto ‘tiempo’. ¿Qué es, exactamente? El diccionario de la RALE lo define, en su primera acepción, como ‘duración de las cosas sujetas a mudanza’, pero eso nos dice poco de su razón de ser. En su segunda acepción, lo considera una ‘magnitud física que permite ordenar la sucesión de secuencias en pasado, presente y futuro’, lo que tampoco da razón de la experiencia personal del tiempo.

En efecto, en nuestra vivencia personal, el tiempo más que una magnitud física es una magnitud subjetiva: es una experiencia universal que no dura lo mismo el tiempo de la enfermedad, del dolor o del aburrimiento que el tiempo de la salud, de la alegría o de la actividad. Los primeros transcurren lentamente; los segundos, terminan siempre antes de lo que nos gustaría.

Sigue leyendo

Francisco y la «tensión polar»

El lunes pasado fue un día agridulce para los católicos. A la tristeza del fallecimiento del Papa Francisco se unía la alegría sobrenatural de saber que, por fin, ha podido descansar junto a sus grandes amores, después de ofrecer “el sufrimiento que se hizo presente en la última parte de mi vida por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos”, según ha dejado escrito en su testamento espiritual.

Como no podía ser de otra manera, ha copado las portadas y los artículos de opinión de la prensa mundial, que se esfuerza denodada a infructuosamente en interpretar su vida y su obra en clave política. Es una lástima que este deseo suyo póstumo —la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos— encuentre tantas dificultades para calar en la sociedad.

Sigue leyendo

Viacrucis de un forastero

Buenas tardes a todos. Mañana es viernes de Dolores, anuncio inminente de la Semana Santa. Como cada año, un breve post solo para compartir una vez más el Viacrucis de un forastero, que espero os pueda ayudar a contemplar algunas de las escenas de la Pasión de Cristo desde la asombrada mirada de quien, como tantos de nosotros, se topó con Cristo sin buscarlo y quedó ya cautivado para siempre.

¡Feliz Semana Santa!

Javier Vidal-Quadras Trias de Bes

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

La presencia de los límites

Una de las experiencias mas universales es la dificultad de reconocernos como en verdad somos. Es una experiencia común comprobar una y otra vez cómo ningún espejo nos devuelve nuestra imagen, ninguna fotografía nos hace justicia y ninguna grabación capta en toda su verdad la melódica armonía de nuestra voz interior. A mí me sucede especialmente con el canto. Cualquier melodía que tarareo armoniosamente por dentro queda cruelmente desvirtuada cuando, al emerger al exterior, se enfrenta con la cruda realidad. Es muy curioso: es como si el aire distorsionara la melodía. Y, sin embargo, durante muchos años intenté convencerme de que la gente se giraba en Misa para admirar mi voz y no para descubrir quién estaba destrozando la canción.

En el post anterior hablé de amar los defectos de los otros. Hoy toca hablar de los nuestros.

Sigue leyendo

Amar los defectos

Como ya dije en un post anterior, me ha dado por escribir un libro sobre la espiritualidad conyugal en san Josemaría Escrivá, que espero pueda ver la luz en un par de meses, y una de sus frases más llamativas es la que da título a este post. De una manera u otra, se la he oído o leído en varios lugares. Por ejemplo, en este:

“Que lleguéis a quereros tanto que améis los defectos del consorte, siempre que no sean ofensa a Dios (…) Y si lo fueran, con afecto, poco a poco, podréis hacerlos cambiar”. [Tertulia en Guadalaviar (Valencia), 18-XI-1972]

Y la duda que me suscita es: ¿realmente, hay que amar los defectos de la persona amada? ¿No será que hay que amarla a ella con sus defectos?  Porque esto de amar los defectos suena un poco extraño, hasta morboso.

Sigue leyendo

Una sonrisa

El fin de semana pasado fui a un curso de retiro. Tuvo lugar en una casa cerca de Barcelona, a unos 20 kilómetros, en una población llamada Premiá. Ahí nos encontramos una treintena de hombres para dedicar un fin de semana más intenso a Dios.

Hubo meditaciones y charlas muy interesantes, y ratos largos de oración y reflexión personal en el oratorio, la sala de estar o paseando por el jardín. Desde el primer momento, nos insistieron en que el más importante estaba encerrado en una cajita, el Sagrario, y ante Él nos emplazábamos una y otra vez para distintas actividades. Ahí pasé largas horas, algunos ratos simplemente estando. Como nos dijo el sacerdote recordando una imagen del papa Francisco, la acción de Dios es como el bronceado: tú te expones a Él y lo demás no tiene ya mucha importancia. Puedes experimentar intensos afectos, tener una sequedad grande o dormirte, que Dios, al igual que el sol, te va bronceando.

Pero yo no quería hablar hoy del Sagrario, sino del comedor y de todo lo que se esconde detrás de él. He ido a muchos retiros, pero en este experimenté una especie de toma de conciencia de algo que, en realidad, me habían explicado muchas veces. Todo empezó con una sonrisa…

Sigue leyendo

Camila

Esto de tener nietos es una actividad llena de imprevistos. Cada uno es diferente y especial. Después de haber tenido a Félix, Paloma y Javi ya son padres expertos, y Camila ha llegado sin darnos casi tiempo de respirar.

Y eso que las primeras noticias fueron alarmantes. Un lacónico mensaje de Paloma a la escasa hora y media de ingresar en el hospital despertó mi imaginación: “Ya he borrado el cuello. Con Félix estuve dos días para borrar medio cuello”. Por un momento, mi memoria se desplazó a la preciosa carita de Félix…, lo recordaba con el cuello entero. Menos mal que el mensaje terminaba diciendo que estaba muy contenta y me devolvió a la terminología ginecológica, que tan bien me sabía cuando nacieron nuestros siete hijos.

Camila significa, etimológicamente, la que está frente a Dios o la que sirve a Dios. Me encanta este nombre, y su significado coincide con la definición de persona más certera que he leído. Es de Carlos Cardona y dice así: alguien delante de Dios y para siempre.

Sigue leyendo