Esta semana pasada he estado conviviendo con australianos y neozelandeses. El Family Enrichment (www.iffd.org), del que ya he hablado en alguna ocasión, me da la oportunidad de viajar y conocer a mucha gente buena que dedica su tiempo libre a ayudar a los demás.

La verdad es que he ido a Australia, pero no me atrevo a decirlo mucho porque, gracias a Dios, he conocido más personas que lugares y no he podido ni siquiera visitar el puerto de Sydney. Aunque esta vez he ido solo, más de una vez, en estos viajes increíbles y supersónicos, hemos comentado mi mujer y yo que ahora nos toca conocer personas y, ya cuando nos jubilemos (quizás en la vida eterna, ¡quién sabe!), visitaremos los lugares con las buenas amistades que hemos ido cuajando por el mundo. Eso, sí, vi tres canguros. Tengo fotos que pueden probarlo.

Han sido casi tres días viajando y siete días de trabajo intenso, muy intenso. Charlas y conferencias en colegios, un curso de formación para moderar casos de Family Enrichment, un workshop de trabajo y estudio en un centro de conferencias con apenas unas horas libres, reuniones con jefes de equipo, moderadores y coordinadores de cursos, con juntas directivas de colegios y con jóvenes que no se conforman con una vida cómoda y replegada en sí misma.

Y, sobre todo, muchas horas compartiendo grandes metas y anhelos de cambiar el mundo, proyectos que se prolongarán en el tiempo, sueños que se quedarán cortos, aventuras humanas y divinas. Como siempre me sucede, parecía que iba a enseñar algo y he acabado aprendiendo muchas cosas.

De todas ellas, una idea ha prevalecido y se ha impuesto con especial fuerza a raíz de una frase que alguien pronunció en una de las sesiones y fue calando en todos los encuentros: better united than right. Es mejor estar unidos que acertar o, si se quiere, es mejor estar unidos que tener razón. Dice el conocido proverbio africano: si quieres ir rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado.

Dos frases que nos vienen como anillo al dedo porque nuestra empresa no tiene prisa. Es una carrera de fondo. Total, nos hemos propuesto simplemente cambiar el mundo para hacerlo mejor familia a familia y somos conscientes de que nos va a tomar un tiempo. Es una meta sencilla, no tiene más, consiste en recordar, hacer visible y ayudar a conseguir lo que todo el mundo desea en su interior: la felicidad y la unión familiar, pero, claro, no es una meta inmediata, requiere un tiempecillo. Hay que tener visión lejana y ánima grande.

Precisamente, tiempo es lo que más pedimos. Y a los que se suman a nuestro proyecto casi solo les ponemos una condición: que no tengan tiempo. Parece una contradicción, pero no lo es. Hace tiempo que he comprobado que quienes no tienen tiempo son lo que están acostumbrados a darlo. Por eso no tienen. Porque son generosos con él, se entregan a los demás y piensan poco en sí mismos. Y, sin embargo, cuando les pides ayuda, su tiempo se multiplica increíblemente.

Unión en el tiempo. Una buena ecuación. Cuántas veces nos hemos quedado solos, con nuestro acierto, con nuestra razón tozuda y orgullosa, rompiendo la unidad que nos daba la fuerza y nos elevaba por encima de nosotros mismos.

En el otro lado del pasillo, en el avión, viaja una madre con tres hijos pequeños. Se han dormido al poco de despegar. La madre les va tapando y acomodando. Está atenta a cualquier movimiento. Todo su tiempo es para ellos. No le importa dedicárselo porque quiere que estén seguros y unidos a ella. Sabe que el viaje es largo: 14 horas desde Sydney hasta Dubai. No tiene prisa. La meta vale la pena: que lleguen felices y unidos a ella.

Así es la familia, una empresa para toda la vida que requiere tiempo y unión. Yo vuelvo ahora con mi familia. Han sido muchos días lejos de ella. Creo que, desde que me casé, nunca había estado tantos días separado de mi mujer. Pero, cuando la unión es fuerte, una breve separación temporal no tiene gran importancia. La distancia es al amor lo que el fuego es a la llama: aviva la que es fuerte y apaga la que es endeble.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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