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~ Ser y vivir en clave de familia

Familiarmente

Archivos mensuales: septiembre 2019

Modos de decir

27 viernes Sep 2019

Posted by javiervq in Matrimonio

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El fin de semana pasado, estaba en una casa particular con un grupo de jóvenes que jugaban a cartas cuando una de las chicas le dijo a su novio: “¿Te apetece una copita de vino blanco?

El chico declinó amablemente. Yo miré primero a su novia, después a él y le dije: “Creo que no la has entendido: te está pidiendo una copa de vino blanco. Es a ella a quien le apetece”. Se miraron, ella asintió, se generó una carcajada general y el novio se levantó solícito a buscar la copa de vino blanco mientras decía: ¡Es verdad…, cómo no he caído!

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Espacio vital

21 sábado Sep 2019

Posted by javiervq in Matrimonio

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Siempre me ha llamado la atención la expresión ‘espacio vital’. Más que la expresión, el sentido que se le da. Escuchas a alguien quejarse de que necesita su ‘espacio vital’ y te preguntas: ¿a qué se referirá? Indagas y pronto caes en la cuenta de que en realidad no está hablando de espacio vital, sino de espacio personal.

Recuerdo muy bien un comentario de Josep Argemí, Catedrático de Pediatría que fue Rector de la Universitat Internacional de Catalunya y, sobre todo, padre de familia numerosa y brillante moderador de los cursos de Family Enrichment (www.iffd.org), en el primer curso al que asistí, para padres con hijos entre menos nueve meses y tres años. Él, probablemente, no se acordará, pero comentó que no resulta extraño en padres con familias grandes y corazón generoso guardar la raqueta un día y recuperarla al cabo de unos años llena de telarañas. Era un ejemplo, claro, porque la raqueta es compatible con cualquier tipo de familia. Ya se entiende lo que quería decir.

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La soledad sonora

14 sábado Sep 2019

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Este verano estábamos Loles y yo haciendo una pequeña excursión cuando, desde la ladera de la montaña, pudimos escuchar con todo detalle la conversación de dos ciclistas que subían por una carretera secundaria en la ladera del otro lado de un estrecho valle, a no menos de 500 metros de distancia en línea recta.

Uno de los grandes misterios que encierra la montaña es el silencio. El mar es un rumor que no se oye y la montaña, un silencio que se escucha.

Estas vacaciones me ha dado por rezar con el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, un poema largo, exigente y difícil de entender, más aún para un ciudadano del siglo XXI, si no se siguen las explicaciones del autor (muy recomendables, por cierto), que yo ya no recordaba porque las leí hace no menos de 25 años.

Sin embargo, como la poesía son imágenes y música escritas, basta a veces la lectura reposada de una estrofa para captar la esencia de lo que el poeta quería transmitir.

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La tarea del amor

07 sábado Sep 2019

Posted by javiervq in Matrimonio

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Como he dicho en anteriores posts siguiendo la propuesta de José Noriega (El Destino del Eros), la tarea del noviazgo es verificar el amor: en síntesis, que hemos descubierto y vamos en pos de la misma verdad y que tenemos o hemos adquirido las virtudes mínimas para hacerla realidad.

Pero, ¿cuál es la tarea del amor? ¿Para qué nos prepara el noviazgo?

Una de las grandes dificultades de cualquier relación, que no es de hoy pero se ha acentuado en estos tiempos, es el compromiso. Llega un momento en que la incertidumbre propia de lo provisional no basta y se busca una cierta seguridad. Pero el compromiso para toda la vida, que es el propio del amor con mayúsculas, asusta, da vértigo. Siempre lo ha dado, no nos vamos a engañar.

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Dureza de corazón

01 domingo Sep 2019

Posted by javiervq in Matrimonio

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Cuando tenía treinta años, una persona próxima a mí, felizmente casada y que se aproximaba a los sesenta, hablando consigo mismo pero con la clara intención de que yo la escuchara, soltó esta frase: “las mujeres siempre piensan que sus maridos son los más tontos”. No le di más importancia porque la persona que la pronunció era brillante e inteligente y resultaba evidente que era la reacción a un enfado matrimonial, pero la frase se grabó en mi memoria. Con el tiempo he podido comprobar que aquel desahogo escondía más verdad de la que aparentaba.

Algunos matrimonios, en efecto, evolucionan inadvertidamente hacia la dureza de corazón. Marido y mujer se conocen tanto que rechazan cualquier posibilidad de sorpresa. “Ahora dirá…”, “seguro que no ha…”, “qué va a saber él/ella, si nunca…”, “no sé ni porqué se lo pregunto…”, «ya está, otra vez…»

Los que están alrededor apenas lo perciben, pero las respuestas, los comentarios, los gestos suelen ser menospreciativos, duros, rutinarios en el mejor de los casos. Esta cerrazón de espíritu se condimenta a veces con la comparación…, y los o las demás acaban pareciendo siempre más atentos, más interesantes, más atractivos.

Se instaura entonces una especie de rutina de la decepción y se frustra un elemento esencial en el amor: la admiración. No se espera nada nuevo. Se renuncia a profundizar en la insondable personalidad del otro porque se ha decidido previamente que está ya agotada, de modo que, aunque pueda haberlo, no se percibe ningún cambio. No hay progreso. Las energías se vierten entonces hacia fuera, en otra dirección: hacia el trabajo, los o las amigas, el deporte, las aficiones… y se acaban viviendo vidas paralelas. Y, claro, cuando no se espera nada bueno ni nuevo de alguien, uno se acaba fijando solo en lo malo, y eso es lo que ve. Las muestras de cariño se espacian y acaban desapareciendo…

No sigo. Si se percibe un mínimo síntoma de esta deriva, y las vacaciones han sido a buen seguro un tiempo apto para ello, hay que reaccionar. ¿Cómo? Tres ideas sencillas:

  • Volver la vista atrás. La fase de enamoramiento tiene la virtud de mostrar al principio el final. ¿Qué hacíamos de novios, de recién casados? ¿Qué le gustaba? ¿Qué nos hacía reír? ¿Qué nos atraía mutuamente?
  • No esperar a que cambie el otro. Cambiar yo. En algo sencillo. ¿Qué le gustaría? ¿Qué espera? ¿De qué se queja? Sin olvidar que las quejas en el matrimonio no suelen ser tanto reproches (que también) como peticiones.
  • Disponerme a la sorpresa, a la admiración. Bucear en su personalidad y descubrir algo nuevo o algo viejo y ya olvidado. Abrir en casa, en mi familia, en mi corazón un ámbito de reconocimiento y admiración. Redescubrir aquella cualidad que me enamoró un día… ¡y decírselo en algún momento!

Todo esto para el caso de que solo uno perciba los síntomas. Si los vemos los dos y queremos salvar la relación, entonces hay que añadir el diálogo y, si no avanzamos, la humildad de pedir consejo.

Y, sobre todo, prohibido enviarle este post a él o ella, salvo que sea junto con un mea culpa, que las indirectas no son propias del amor.

Javier Vidal-Quadras Trias de Bes

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