Como todo abuelo sabe, la epidural es un anestésico que alivia a las madres y aqueja a los abuelos.
Con Gabriela estaba todo pactado. Teniendo al Arcángel encargado de la Anunciación como santo patrón, había pocas dudas: anunciará su nacimiento con tiempo para prepararse y todo se hará divinamente.
La cosa comenzó bien. El anunció llegó ayer sobre las cinco de la tarde, una buena hora para llegar a un hospital: a la luz del día y con todos los servicios a pleno rendimiento. Y con tiempo para que el abuelo pudiera despedir, amable pero enérgicamente, a un cliente, recoger los papeles tranquilamente, ir a recoger a la abuela y acercarse a la clínica.
De pronto, un mensaje: “Bueno familia, parece que Gabriela viene ya! Estoy ya con la epidural”. Llamo a loles para acelerar todo y me encuentro con el primer contratiempo: ¡quiere retrasar el momento! “Tranquilo, me dice, desde que le ponen la epidural pueden pasar dos horas”. Pero yo, que, a pesar de haber tenido siete hijos y seis nietos, tengo la memoria de partos bastante dañada, no me lo creo y le insisto: “¡nuestro deber como abuelos es estar en el hospital, cerca de ella!”. Loles cede y vamos para allá.
Al rato, Alejandra llama a Loles: “Mamá, se ve que la epidural ha ralentizado el ritmo de las contracciones”. ¡¿Será posible?! Pero añade: “a lo mejor me lo aceleran con un poco de oxitocina” Recuerdo este nombre de otras veces, pero no me gusta, no me inspira confianza. Loles me regala una sonrisa Goofy, como recordándome su consejo de esperar un poco, y nos vamos a pasear por los alrededores de la clínica rezando el rosario para que todo vaya bien.
Una de las ventajas de ser familia numerosa es que casi nunca sucede una sola cosa a la vez, de modo que, con el permiso de la epidural y la oxitocina, decidimos ir a cenar para celebrar el santo de Belén. Una cena rápida y tempranera al lado de la clínica. Viene también Nico, el novio de Belén, a quien queremos probar en estos momentos especiales y pasa bastante bien la prueba soportando los nervios del suegro. Y también Bea, y así nos vamos juntando varios para recibir a Gabriela como se merece.
Inmediatamente, hago participe de la situación a la camarera y también se suma a la fiesta regalándonos una doble ración de chistorritas, ideales para una cena de parto. Pero, como me temía, a los postres llega el mensaje esperado de Fran, el padre de Gabriela.
Como ya es su tercer hijo, Fran, que es perico (del R.C.D. Español, para los de fuera) y está acostumbrado a sufrir, domina la situación y envía un curioso mensaje: “Ya la tenemos aquí!! El parto ha ido muy bien! Ha habido un momento que me he mareado un poco, pero por lo demás bien. 0 puntos, como el Español!”. ¡Qué importante es mantener el sentido del humor! El Español, para quien no lo conozca, es un equipo de fútbol que constituye la prueba viviente de que el amor para siempre es posible: no da ninguna alegría a sus amantes seguidores, pero estos le quieren con locura y están dispuestos a darlo todo por él durante toda su vida y pase lo que pase. No hay infidelidad posible.
En fin, acabo ya. Gabriela es una niña preciosa, tan guapa como su madre y su abuela, y nos regala una curiosa coincidencia familiar: siete hijos (cuatro mujeres y tres varones) y siete nietos (cuatro mujeres y tres varones). ¿Quién romperá el empate? Continuará…
¡Feliz final de semana!
Javier Vidal-Quadras Trías de Bes
Un relato magistral y tierno!
Enhorabuena súper abu!
Mar y Jose
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Muchas gracias, Mar y Jose!!
La familia crece!!
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