Desde joven he leído bastante a san Juan de la Cruz. Salvando las distancias de tiempo y santidad, me identifiqué enseguida con su pensamiento.
Algo parecido me sucedió con san Agustín. La primera vez que leí sus Confesiones mi alma experimentó un torbellino de emociones.
Otro santo que, desde que me casé, me ha atraído bastante por una razón simplemente geográfica (a él está dedicada la parroquia que tengo más cerca) ha sido san Juan Bosco.
Y, naturalmente, san Francisco Javier, mi santo patrón, del que he leído varias biografías, ha sido uno de mis grandes inspiradores. Aunque he de admitir que las cerca de cuatro mil páginas de la Obra Francisco Javier, de Schurhammer, las tengo inacabadas desde hace años.
Y, sin embargo, nunca he sentido el impulso de hacerme carmelita descalzo, seguir la Regla de san Agustín, entrar en la Congregación Salesiana o militar en la Compañía de Jesús.
Esta curiosa introducción viene a cuento del comienzo de la primera edición de DosenDios, itinerario de crecimiento espiritual para matrimonios del que os hablé en un post del mes de septiembre (aquí).
Tuvo lugar en la parroquia de san Josemaría, en Valencia, en un barrio, como tantos otros de las grandes ciudades, anexionado por la integración de una población preexistente. Al ser una parroquia y, por lo tanto, tener jurisdicción territorial y no vocacional, personas de muy distinto origen y estilo se interesaron por el itinerario.
Asistieron cuarenta matrimonios y sucedió algo parecido a lo que a mí me pasa con los grandes santos que he citado al principio.
Como ya expliqué en mi post del mes de septiembre, DosenDios es un itinerario de crecimiento espiritual para matrimonios basado en las enseñanzas de san Josemaría, que fueron muchas y muy claras. Si algo tenía este santo es que se le entendía.
Pero, naturalmente, no requiere identificarse con la vocación al Opus Dei. Hay que separar al santo de su Obra. Nadie que lee y se inspira en san Agustín, san Juan Bosco o san Ignacio infiere de esas lecturas que se ha de inclinar hacia una vocación agustina, salesiana o jesuita. Simplemente, se identifica con su pensamiento y cree que puede ayudarle en su vida interior.
Esta separación entre el santo y su Obra es más fácil cuando ha pasado un tiempo prudencial porque los santos recientes están tan vinculados a su obra que cuesta diferenciarlos de ella.
Pienso que a san Josemaría le ha sucedido algo de esto hasta ahora. Pero el viernes, en la parroquia, nada de esto se percibía. Hablé con matrimonios que poco o nada sabían del Opus Dei, pero comprendían que necesitaban un itinerario como el de DosenDios: sencillo, abierto, práctico y profundo, libre de juicios y de prejuicios, que cada matrimonio puede discurrir como le dé la gana, la más sobrenatural de las razones, según Josemaría.
Y nada más. Me pareció un buen comienzo y quería compartir esta reflexión. Así de sencillo.
La semana que viene empezamos en Barcelona, de momento, con unos cien matrimonios. Hay más inscritos, pero no cabíamos y hemos tenido que desdoblar la sesión y convocar otra para el día 5 de noviembre. Lo tenéis todo en la web: http://www.dosendios.org.
¡Feliz domingo!
Javier Vidal-Quadras Trías de Bes
Muy buena, Javier! Mil gracias y felicidades de nuevo. Un abrazo, Quic
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Más claro , ….. el agua !!!
Buen comienzo en Barcelona
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