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Familiarmente

~ Ser y vivir en clave de familia

Familiarmente

Publicaciones de la categoría: Familia y sociedad

En lo alto de la cascada

17 martes Abr 2018

Posted by javiervq in Familia y sociedad, Uncategorized

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Cuenta la leyenda que, en un país muy lejano, un hombre bueno vio al pie de una cascada a un joven ahogándose en un remolino. Con gran esfuerzo, el buen hombre logró sacarlo del agua y llamó a un vecino para que lo ayudara a revivirlo. Cuando estaban en esa tarea, vieron que otro joven caía por la cascada. Mientras intentaban salvar al segundo, notaron que caía un tercero. Horas después, un gentío bien intencionado se esforzaba por rescatar a los que caían, uno tras otro. Algunos meses más tarde, los vecinos fundaron la Asociación de Ayuda al Ahogado, y con mucho sacrificio reunieron fondos para contratar a un batallón de buzos, que iba sacando del agua a los jóvenes que seguían cayendo. Cierta vez llegó a la comarca un hombre sabio, que preguntó: ¿No sería mejor subir a lo alto de la cascada y averiguar por qué se cae tanta gente? Los esforzados vecinos le contestaron, con poca paciencia: ¿No ves que estamos muy ocupados salvando vidas? ¡No tenemos tiempo ni dinero para excursiones! Entonces, el sabio subió al cerro en sentido contrario a la corriente y descubrió en la cima una aldea muy pobre, con una sola escuela. Frente a ésta, había un terreno baldío, enfangado y sin vallas situado justo al lado del nacimiento de la cascada donde los jóvenes resbalaban e iban cayendo uno tras otro.

Con este sugerente relato, tomado de Nieves Tapia, empezó Cristian Conen, abogado, profesor e investigador de la Universidad de La Sabana, la conferencia que impartió este fin de semana en el Congreso Latinoamericano de Líderes de Family Enrichment (también conocida como Orientación Familiar) organizado por la IFFD (International Federation for Family Development) en Cartagena de Indias, Colombia.

Unas doscientas personas, en representación de 18 países latinoamericanos, decidimos subir la cuesta de la cascada en busca de la raíz de tantas y tantas corrientes que arrastran y ahogan a nuestros jóvenes hoy en día: el aumento de adicciones, la delincuencia, la violencia, la apatía vital, los trastornos de personalidad y el suicidio juvenil; la continuidad intergeneracional de fenómenos familiares dolorosos como la infidelidad, las separaciones, el maltrato de mujeres, los niños huérfanos de padres vivos y recientemente, de padres digitales…

Durante dos días nos olvidamos de rescatar a los jóvenes que se iban precipitando por la cascada y nos concentramos en encontrar la causa de sus caídas.

Cuando llegamos arriba no vimos la escuela ni el fango ni el baldío, sino una multitud. Miles y miles, millones de familias desorientadas, deambulando sin norte en busca de una felicidad que se les escapaba entre los dedos.

Y volvimos a darles la esperanza que desde la IFFD venimos ofreciendo desde hace ya 50 años: la certeza de que es posible amar para siempre, y cada día con mayor pasión e intensidad; la convicción de que los padres seguimos siendo los titulares del derecho a la educación de nuestros hijos y sus primeros educadores, y de que ningún Gobierno puede dictarnos cómo hacerlo; la inevitable realidad de que la educación no es una ciencia cierta ni un recetario de cocina, sino una sabiduría prudencial que se adquiere con la misma formación, dedicación y competencia con que se logran las carreras profesionales; y la seguridad de que la familia es el hábitat del ser humano y el lugar privilegiado en que la felicidad se puede ver y tocar.

Y para que estas declaraciones no se transformaran en un brindis al sol, profundizamos durante dos días en todos los aspectos de los cursos de Family Enrichment que la IFFD imparte cada año a más de 30.000 personas en 68 países del mundo, que han llevado la felicidad a tantas familias y recibido el reconocimiento de Naciones Unidas en varias resoluciones del más alto nivel.

Cristian Conen, en su conferencia inaugural, abogó por una rebelión educativa pacífica que ampliara el enfoque del desarrollo aislado de la dimensión intelectual de la persona al desarrollo de la capacidad de amar en sus dimensiones intelectual, física, afectiva, social y espiritual para poder superar todas las lacras sociales que aquejan hoy a la familia.

Y nosotros le hicimos caso. Los cerca de doscientos participantes en el congreso, decidimos subir a lo alto de la cascada y preparamos el único terreno en que puede evitarse que los jóvenes sigan cayendo por la pendiente resbaladiza hasta la cascada del fracaso vital: la familia.

Ahora, de vuelta a nuestros países, vamos a seguir propagando la noticia a voz en grito: ¡poned en lo alto de la cascada una familia fuerte y no necesitaréis rescatar ahogados! Y, junto con el anuncio, continuaremos ofreciendo y perfeccionando el mejor instrumento para lograrlo: la formación familiar.

http://www.iffd.org

 

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José

23 sábado Dic 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad, Matrimonio

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La vida te hace a veces regalos inesperados. Yo acabo de vivir uno de ellos: un viaje a Tierra Santa. No puedo verter aquí todas las impresiones, fuertes, que me ha dejado, pero, teniendo en cuenta los días especiales en que estamos y la temática familiar de este blog, sí me gustaría reflexionar brevemente sobre una de las figuras de aquel primer pesebre: San José.

Tuve la ocasión de estar en Belén, Nazaret, Cafarnaúm…, lugares donde la evocación de José, aquel varón de la tribu de David, originaria de Belén, estaba humildemente presente.

Siempre me han atraído las películas en que una persona ordinaria, del montón, como usted y como yo, se encuentra de pronto, sin quererlo ni beberlo, inmerso en una aventura planetaria y va tomando conciencia de que de él depende el futuro de la humanidad. Ése es San José.

Un buen día se entera de que su novia es, en realidad, la madre de Dios y, claro, el hijo que espera, que, por cierto, no es suyo, es Dios mismo. Y hace lo mismo que todos los héroes inesperados de las películas. Se da la vuelta. “Mira, María, yo te quiero mucho, pero… esto es demasiado. No es que no te crea, eres el amor de mi vida y confío más en ti que en todos los notarios del mundo, pero no me veo preparado. Mejor que lo dejemos correr”.

Y no es de extrañar. Al margen de lo increíble de la historia, es una complicación espectacular. Todos los planes, al traste. Una vida nueva. ¿Y qué se supone que he de hacer yo?… ¡Uf! Olvídalo. Esto no es para mí, un simple carpintero… Y se va.

Pero, de repente, le da un ataque de realismo, provocado por un sueño angélico, y se mete en el misterio. Suena a paradoja, pero así es: el misterio es hiperrealismo, una medida sobreabundante de verdad, según la definición de Guardini. Una verdad que no alcanzamos a entender pero que se nos hace evidente, por encima de nuestra capacidad de intelección.

El episodio de la concepción de Jesús da mucho más juego, pero me parece que, por hoy y en vísperas de Navidad, con lo dicho es suficiente para extraer dos claras consecuencias que pueden ayudarnos en nuestra vida matrimonial y familiar.

La primera. Nosotros (me refiero ahora a los maridos) también somos como ese héroe anodino que, de pronto, se encuentra con un destino que le excede: amar y cuidar a su mujer y a sus hijos, consciente de que ellos son mucho más valiosos que él. Sabiendo que sus vidas y sus personas han de convertirse en el centro de gravedad de su amor y que él importa poco porque, como le sucedió a José en la Sagrada Familia, entre la madre de Dios, Dios mismo y él, él era el menos importante. Partir de esta premisa de humildad personal es fundamental para no confundir el matrimonio y la familia con una extensión de nuestros proyectos y deseos personales y ponerse al servicio de algo mucho más grande que nosotros mismos.

La segunda. Aceptado el misterio, y nuestra mujer, como toda persona, tiene una parte de misterio que es inútil empeñarse en resolver (se resuelven los enigmas, no los misterios), llega el momento de la lealtad. Te creo porque tú lo dices. Estaré siempre a tu lado, pase lo que pase, y tenga a quien tenga enfrente. Tomaré partido por ti en toda ocasión, te defenderé frente a los demás. Nunca te criticaré, menos aún en público, ni haré uso de la ironía o el sarcasmo en nuestra relación.

Humildad, misterio y lealtad, solo tres de las muchas lecciones que estos días podemos aprender ante el Belén. De nuevo, ¡feliz Navidad!

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Gente corriendo

28 martes Nov 2017

Posted by javiervq in Crecimiento personal, Familia y sociedad

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Ricardo Yepes, filósofo y profesor de Antropología, que falleció prematuramente hace dos décadas, deslizó en una de sus obras una sencilla y feliz frase que es toda una definición del que podríamos denominar ‘homo civitatis’. Afirma apodícticamente: “la gente corriente es gente corriendo”.

Dos anécdotas personales me vienen a la cabeza, y creo que pueden ayudar a ilustrar el pensamiento del autor.

La primera fue una reacción inesperada que experimenté a los treinta y pocos años, cuando solo tenía dos hijos (¡después vinieron 5 más!). Trabajaba entonces en un despacho de abogados de gran tamaño y tenía que apuntar escrupulosamente el tiempo que dedicaba a cada asunto, a fin de facturarlo al cliente. Nada especial, lo habitual en un despacho de abogados. Pero, para mí, que procedía de un despacho unipersonal de un catedrático, constituía una verdadera novedad que me costó incorporar (¡y aún me cuesta!) a mi quehacer diario. Un día, estaba en mi casa, en el suelo, jugando tranquilamente con mis hijos pequeños, cuando, instintivamente, miré el reloj con la intención de calcular el tiempo que llevaba con ellos. La reacción me preocupó, y me prometí a mí mismo, sin descuidar mis obligaciones para con el despacho y los clientes, no obsesionarme con el time report (el anglicismo habitual en la jerga profesional) y darle el carácter instrumental y localizado que tiene.

La segunda, ya en mis cuarenta, fue una llamada de un primo mío que, durante un tiempo, estuvo viviendo y trabajando en La Cerdanya, un valle del Pirineo catalán. Iba yo en moto con el móvil apresado entre el casco y la oreja, sonó el teléfono y contesté.

“¿Dónde estás, que se oye tanto ruido?”, me dijo mi primo.

“En la moto. Espera un momento, que paro”, contesté (lo puedo contar porque ya ha prescrito la multa que merecía).

“¡Los de Barcelona estáis todos locos!”, me reprendió mi primo cuando, tras bajar de la moto, retomé la conversación, “¡Pero, ¿cómo se te ocurre contestar al teléfono en la moto?! ¿Tan agobiado estás?”

En el otro extremo tengo un cliente que se mueve siempre con 20 ó 30 minutos de holgura. Si llega antes, no le importa esperar. Esos minutos son para él muy importantes porque le permiten hablar con la gente que se encuentra en el camino, ayudar a alguien que ve urgido, hacer un comentario amable a un desconocido, saludar a la florista con la que se cruza a diario o detenerse a comentar la última noticia con el vendedor de la ONCE. Vale la pena hacer cualquier recorrido con él. Es siempre un trayecto humano y enriquecedor.

Y tengo también un hermano, monje mendicante y, como él dice, ‘contemplativo en medio del mundo de la pobreza’, para quien el tiempo parece haberse detenido. Las adoraciones y celebraciones eucarísticas de su Comunidad se elevan entre cantos y oraciones y flotan por encima del tiempo, perdidas en algún ignoto lugar entre el Cielo y la Tierra donde solo el alma parece capaz de acceder. Caminar con él es también una experiencia insospechada: si ve un pobre en la calle, se sienta a su lado, le escucha y se olvida de todo lo demás.

Quizás son los extremos y haya que buscar el equilibrio, pero muchos tenemos que reconocer que la gestión del tiempo es una asignatura pendiente. Y no solo para ser más eficaces, que para eso ya hay muchos expertos, sino, simplemente, para ser más humanos, más auténticos, no vaya a ser que con tanta eficacia y tanta aceleración acabemos dando mucho fruto, pero ninguno maduro.

La conclusión podría ser esta: primero, las personas (¡y, ojo, que Dios también lo es!). Y según un orden jerárquico claramente establecido, claro, no vayamos a postergar ahora a nuestra familia bajo el pretexto de la florista… o incluso de los pobres. ¿Cómo hacerlo? Técnicas hay muchas, y expertos, más. Doctores tiene la Iglesia. Yo solo quería hacer (¿hacerme?) una llamada de atención. Y ya está hecha.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Corazones tiránicos

28 sábado Oct 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad, Hijos

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Hace unos días leí un magnífico artículo de Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco, escrito a propósito del independentismo catalán, cuyo título era toda una declaración de intenciones: “Los sentimientos son cuestionables”.

El autor salía al paso del erróneo pero generalizado prejuicio de considerar a los sentimientos como algo natural, inmune a la razón y que se ha de respetar siempre, como si el odio valiera lo mismo que el amor, la envidia que la admiración y la benevolencia que la venganza. “Respetable será siempre el sujeto, pero no siempre su sentimiento”, concluye el autor, sobre todo si tenemos en cuenta que los sentimientos no viven al margen de la razón, “como si no hubiera conexión entre lo que pensamos y lo que sentimos”. De los sentimientos, en efecto, surgen convicciones y, de estas, actuaciones; y viceversa. Como explica el profesor Arteta, “somos responsables de nuestros sentimientos porque somos responsables de cultivar o rechazar las ideas que alientan esos sentimientos y sus consecuencias”.

Estas interesantes reflexiones me han traído a la cabeza un libro de otro filósofo que leí hace tiempo y supuso para mí un auténtico descubrimiento: “El corazón”, de Dietrich Von Hildebrand. En él distingue entre los sentimientos psíquicos y los espirituales.

Los primeros son los que nos generan una película, una canción, una pieza musical…, incluso una noticia sesgada y adecuadamente ‘dramatizada’. Pueden llegar a ser muy intensos y, sin embargo, muy artificiales: el llanto que provoca una película, por ejemplo, procede de una representación que sabemos es irreal y, a pesar de ello, no somos capaces de sustraernos a la profunda emoción que nos invade. El autor nos pone en guardia contra el ‘corazón tiránico’, aquel que ocupa el lugar de la razón y acaba decidiendo por ella: es la persona dominada por el sentimiento, que no es capaz de negarle una botella de whisky a un borracho porque le puede más la compasión que experimenta ante su petición conmovedora que el daño que sabe le causará.

Frente a ellos hay que desarrollar un espíritu crítico, aprender a distinguir la realidad del sentimiento, pues pueden ser cauce de transmisión de aberraciones éticas y morales. En no pocas películas, por ejemplo, las proezas del protagonista, con quien enseguida nos identificamos llegando a ‘sentir’ sus mismas emociones, están motivadas por un sentimiento de venganza, que hacemos nuestro acríticamente, como si fuera un móvil justo de actuación.

Los sentimientos espirituales, en cambio, aclara Von Hildebrand, son la respuesta auténtica de un corazón noble y profundo. Sé que esto es bueno y reacciono, respondo a ello con el sentimiento adecuado. Soy capaz de alegrarme del logro de un amigo que consigue lo que yo también pretendía y no he alcanzado porque me doy cuenta de que he de alegrarme con él por su triunfo; soy capaz de experimentar alegría por la recuperación de un amigo o tristeza por la muerte del padre de un conocido al que veo en contadas ocasiones.

Los sentimientos espirituales proceden de nuestra parte más auténtica, y hemos de ser capaces de generarlos a fuerza de vivir la realidad… con intensidad, sí, pero siempre desde la verdad. Es triste que sintamos mayor pena por la muerte de nuestro perro que por la de cincuenta personas en un atentado terrorista en un país musulmán. Es la inercia emocional, pero hay que vencerla por elevación, con un sentimiento más alto que nos enseñe a salir de nosotros mismos para contemplar la realidad desde fuera de nuestro propio y tantas veces pequeño mundo personal.

Cuando razón y emoción están bien armonizados en el ser humano, ni la primera agosta la segunda ni esta nubla la primera. Estamos viviendo en España tiempos difíciles, en que la pugna entre estas dos dimensiones del ser humano adquiere tintes a veces casi dramáticos. Es una buena ocasión para poner en cuestión nuestras pasiones, armonizarlas con la razón y el sentido común y, desde el respeto a la opción del otro y a las reglas de convivencia y orden jurídico que nos hemos dado, buscar lugares de encuentro desde donde poder volver a construir ese espacio común en el que todos, con esfuerzo y concesiones, nos podamos sentir como en casa.

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2-O

02 lunes Oct 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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YO ME ACUSO…

De pensar que la culpa era siempre de los gobernantes y nunca mía.

De no haber hecho el esfuerzo suficiente para entender al otro, para ponerme en su lugar y comprender sus anhelos, preocupaciones, esperanzas y aspiraciones.

De haber entablado conversaciones con una predisposición y un prejuicio que me impedían siquiera entender lo que el otro estaba diciendo.

De haberme alegrado interiormente cuando a los que no pensaban como yo se les cerraban caminos y aspiraciones legítimas.

De haber pensado que la única vía posible era siempre la mía.

De haber considerado que muchas de las cuestiones puestas a debate, siendo, como son, opinables y mudables, eran inmutables e intocables.

De haber hurgado en el pasado y en las redes sociales en busca de argumentos que poder lanzar contra quienes no opinan como yo.

Y ME PROPONGO…

Asumir mi parte de culpa y no mirar a otro lado.

Acercarme a quienes no piensan como yo e intentar comprender sus sentimientos, sus miedos, sus anhelos e inquietudes.

Fomentar foros de opinión plural en que cada uno pueda expresar lo que piensa y todos respeten la opinión contraria.

Sufrir cuando el otro, que no piensa como yo, sufre, y alegrarme cuando se alegra, aunque yo no experimente esos sentimientos.

Contemplar con mente y corazón abiertos el sendero por el que el otro camina en busca de atajos que acerquen y comuniquen nuestros destinos.

Revisar aquellos de mis planteamientos que estén rígidos y anquilosados.

Olvidar el pasado, dejar de buscar culpables y mirar hacia adelante, también con la mirada del otro.

Y, sobre todo, de todo esto me acuso y todo esto me propongo sin condición alguna y sin esperar siquiera que los demás, los que piensan igual o diferente a mí, decidan emprender este camino.

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1-0

28 jueves Sep 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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La verdad es que no pensaba escribir más este mes, y menos de este tema, pero mi mujer se ha ido a cenar con sus primas y cuñadas y yo, después de ayudar a mi hijo a terminar los deberes, he sentido el impulso de escribir. Me pasa a menudo: cuando algo sucede, me pongo a escribir.

Y qué quieren que les diga, a mí lo del 1-0 me da mala espina. Si, por lo menos, le quitaran el guion, podría confundirse con un 10, que representa la excelencia en muchos ámbitos de actividad social y académica. Pero con el guion, que es como se presenta, evoca a un resultado deportivo en el que uno necesariamente gana y otro necesariamente pierde. Y no me gusta.

No me gusta porque tengo amigos en los dos equipos. Es verdad que tengo más amigos en un equipo que en otro, pero, como explicó Kant, en términos de dignidad humana, no existen cálculos matemáticos ni comparativos posibles: cada vida, cada persona, es un absoluto.

Aunque aquí no hablamos de vidas, ¡espero!, sino de trayectorias vitales. Y, como cada uno tiene su biografía lingüística, cultural, geográfica y emocional, cualquier opinión merece respeto. Lo que no merece respeto, ni siquiera atención, es la demagogia y el sofisma en que nos tienen apresados nuestros políticos y agitadores de masas, tanto más cuanta mayor es la ignorancia…, que, últimamente, es mucha.

A lo que iba. A mí no me gusta que mis amigos pierdan, aunque otros amigos, o yo mismo, ganemos. Salvo en el juego, claro, que para eso está diseñado. Bien mirado, todo lo que está pasando… ¿No es como un juego? ¿No parece irreal? ¿No es increíble? ¿De verdad vale tanto un pedazo de tierra, de historia, de cultura, o nuestra vinculación con ellas -de los de fuera y de los de dentro- como para que nos peleemos de esta manera tan incomprensible?

A mí me sucede un fenómeno curioso: allá donde voy me siento como en casa. Viajo bastante y tengo la gran suerte de topar con grandes personas (lo habitual, vaya) que tienden a hacerme la vida agradable, aunque a veces el idioma nos distancie un poco, muy poquito, porque siempre suple el corazón. A lo mejor es desapego, desafección, como dicen ahora.

Pero yo no lo creo porque mi gran apego, mi gran afección son las personas, sobre todo las de mi familia: ¡ésa sí es mi tierra, esté donde esté! (y alguna, créanme, está muy lejos de aquí). Así que, como todo lo que está pasando estos días me parece una quimera y no puedo entenderlo, el día 1 de octubre me dedicaré a lo verdaderamente importante: mi familia.

Haré el propósito de sonreír a cuantos me encuentre en el camino, del equipo que sean y cualquiera que sea el resultado del partido. Llamaré a una tía mía muy querida que cumple 80 años. Es catalana y estará fuera de Catalunya ese día, visitando a un hijo suyo, como Dios manda. Felicitaré a una cuñada mía que también cumple años ese día (muy poquitos, creo, muchos menos que yo). Iré a Misa, como hago los domingos, con los que puedan venir de mi familia. Tendremos una comida familiar, compartiremos experiencias, reiremos y haremos una fantástica sobremesa entre cabezadas y cabezonadas. Seguiré por wassap las peripecias de mi familia de fuera… y de dentro, que algunos wassapean con tanta intensidad que a veces ya no sé si vivo mi vida o la suya. Iré a visitar a mi padre, que enviudó el año pasado y vive ahora solo. Probablemente, allí me encontraré con alguno de mis hermanos y comentaremos los eventos del día. Intentaré hacer algo de deporte en algún momento. Y ya por la noche, procuraré enterarme de las cosas secundarias a mi familia, como el lío ese del 1-0 que están organizando, y me iré a dormir esperando el día 2, que, por razones que ahora no vienen al caso, es para mí mucho más importante que el 1.

Feliz fin de semana.

P.D.: Para los de fuera de España que no hayan entendido nada (¡como yo!), 1-0 significa 1 de Octubre, el día en que algunos quieren concebir la independencia de Cataluña (aquí la escribo con «ñ» para compensar, que arriba la escribí con «ny»).

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Miradas

09 sábado Sep 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Romano Guardini escribió un librito titulado “El comienzo de todas las cosas” en el que sostuvo que el paraíso terrenal está a nuestro alcance y cuya tesis me inspiró para escribir el primer capítulo de mi último libro. Resumidamente, la argumentación del autor es la siguiente.

Hay días en que todo parece salirnos mal y otros en que todo va sobre ruedas. Pero el mundo de ayer era el mismo de hoy. Las cosas no han cambiado, ni las personas que nos encontramos. La misma maquinilla de afeitar, el mismo autobús, el charco en el mismo lugar, nuestro ordenador de siempre, el mismo compañero de trabajo que ayer nos eran favorables hoy parecen volverse contra nosotros.

¿Qué ha cambiado?, se pregunta Guardini. Nosotros. Nuestro estado de ánimo, nuestro humor, nuestros pensamientos, nuestra mirada al mundo exterior. Ayer estaban serenos y equilibrados; hoy están tensos y en zozobra.

Sucede, y aquí está el secreto, que, si cambiamos nosotros, cambia el mundo. Las cosas exteriores, el mundo, no se dan en la abstracción, no son algo extraño a nosotros. Mi mundo no es el tuyo, aunque parezca serlo. Para cada cual su mundo consiste no en las cosas exteriores, sino en su relación con ellas. Mi ordenador no es un ordenador cualquiera, sino el que yo quiero ver en cada momento. Es mi mirada la que hace, la que construye ‘mi’ mundo, el lugar en que voy a habitar hoy, aquí y ahora. Es decir, si yo estoy diferente, las cosas se me darán de manera diferente.

Esta tesis le permite concluir que, si el ser humano que se encuentra cada día con el mundo es un ser alegre, libre, equilibrado, respetuoso, lleno de vida y de ganas de vivir, optimista y volcado en los demás, el mundo que saldrá de su mirada, de su sentimiento, de su visión, será… ¡el paraíso!

José Antonio Marina nos puede ayudar a describir esa mirada de la que habla Guardini: “A mis alumnos les digo que las cosas no nos aburren porque sean aburridas sino que, porque somos aburridos nos aburren. Y es que ante una mirada pasiva las cosas se repiten, aunque sean nuevas y maravillosas. Por eso, lo que caracteriza, en último término, a la inteligencia creadora es la libertad para decidir en cada caso el significado que quiere que tengan las cosas”

En efecto, la realidad depende de nuestra mirada, porque nadie que no sea una almeja mira ni piensa en el vacío emocional. Una mirada activa y alegre es lo que hace falta en estos momentos de tensión postvacacional y de comienzo de un curso políticamente tenso en nuestro país y azotado por guerras y catástrofes naturales en otros.

Una mirada generosa, que no se deje influir demasiado por las circunstancias y que sea capaz de descubrir las necesidades de los más próximos para hacerles la vida un poco más agradable. Una mirada capaz de separar lo personal de lo colectivo, la persona de sus ideas, el individuo del grupo.

Puede servir de guía la recomendación de Unamuno a su sobrino en su opúsculo “¡Adentro!”: No quieras influir en eso que llaman la marcha de la cultura, ni en el ambiente social, ni en tu pueblo, ni en tu época, ni mucho menos en el progreso de las ideas, que andan solas. No en el progreso de las ideas, no, sino en el crecimiento de las almas, en cada alma, en una sola alma y basta (…) coge a cada uno, si puedes, por separado y a solas en su camerín, e inquiétalo por dentro, porque quien no conoció la inquietud no conocerá el descanso. Sé confesor más que predicador. Comunícate con el alma de cada uno y no con la colectividad.

En los días que vivimos y en los que se avecinan en Cataluña, en que la demagogia impera y las personas van a ser, ya lo están siendo, manipuladas, instrumentalizadas y confundidas con los grupos, ideologías y colectividades, reducidas a un número o, peor, a un solo aspecto, a una sola idea y des-personalizadas, es de vital importancia tener y ejercer la convicción de que, al final del camino y se defienda la postura que se defienda en el debate político omnipresente, lo que queda no son pueblos ni naciones ni países, sino personas. Personas que merecen siempre y en toda circunstancia respeto…, aunque lo que de verdad necesitan es amor. Y más cuanta más hostilidad muestren. La regla de San Juan de la Cruz no admite excepciones: donde no hay amor, pon amor y sacarás amor. Así podremos llegar a cualquier lugar y, en la meta, cualquiera que sea, nos volveremos a encontrar las personas de siempre, paseando, trabajando, comprando el pan o mandando un wasap, con la mirada alegre, confiada y distendida.

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Ramblas

18 viernes Ago 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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En el mes de julio del año pasado escribí dos entradas sobre actos terroristas. La primera, el 6 de julio, después de los atentados de Estambul y Bagdad, ¡tan lejanos!, con más de 50 y de 200 fallecidos, respectivamente, reclamando un esfuerzo a la sociedad occidental ‘bienestante’ para empatizar con el dolor ajeno. La segunda, el 20 de julio, después del atentado de Niza, ¡tan próximo!, intentando entender (aún sin comprender) la monstruosidad y crueldad a que puede llegar el ser humano e insistiendo en la importancia del papel de la familia para evitarlo.

Hoy no puedo escribir sobre otra cosa. ¿Puede alguien hacerlo? El terror ha azotado inmisericordemente el corazón de mi ciudad. Una ciudad que es en sí misma una patria. Somos muchos los barceloneses, de nacimiento, de adopción, de profesión o de simple emoción, que nos sentimos eso, ciudadanos de Barcelona, nada más…, nada menos. Ser ciudadano de Barcelona es ser ciudadano del mundo, de la humanidad entera, que es exactamente donde queremos estar.

Paradójicamente, el atentado más cruel de los que ayer ensombrecieron el verano se ha ejecutado en la Barcelona culturalmente más islámica, comenzando por el nombre del lugar, las Ramblas, que procede del árabe clásico ‘ramlah’ (arenal), y es el lecho por el que discurren las aguas pluviales que caen copiosamente. En Barcelona y muchas otras poblaciones pasó a designar la calle ancha, con árboles y andén central por el que, junto con el agua, discurre también la vida de la ciudad… y, en Barcelona, del mundo entero.

Ayer corrió la sangre por nuestra Rambla. Una sangre de todas las razas, religiones y lugares que, si sabemos encauzarla, dará nueva savia a los árboles que contemplaron la tragedia y regará el mar, que siempre recibe el agua de las Ramblas para llevarla a otras lejanas costas, donde hacer florecer lo imprevisible.

En las películas, la sangre inocente clama venganza. En la política, genera declaraciones y condenas. En la sociedad, exige justicia. En los diversos foros y organismos, impone minutos de silencio.

En este blog no habrá venganza, ni condena, ni justicia, ni minutos de silencio.

Habrá -la hay ya en este momento- una oración profunda y triste, sencilla y esperanzada, que irá al encuentro del corazón herido: el de los fallecidos, que no mueren en el aparente silencio de los muertos, sino que viven en el más alto Diálogo imaginable; el de los heridos y familiares, que no buscan condena ni justicia, sino el calor de una mano amiga y de un corazón cercano que ayuden a soportar el desgarro del alma y de la carne; y también el de los que, directa o indirectamente, han sembrado el terror tan sin sentido, porque solo así, sin venganza, podrán encontrar algún día el camino de vuelta a la condición humana que con tanto sadismo han repudiado.

Escribo ante una imagen de Nuestra Señora de la Merced, Mare de Déu de la Mercè.

Princesa de Barcelona, ¡proteged nuestra ciudad!, ¡protegiu nostra ciutat!

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Qué es familia

22 sábado Abr 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Hace unos meses tuve ocasión de leer una conferencia que, bajo el título, hoy casi provocativo, de “¿Qué es una familia”? pronunció Fabrice Hadjadj, filósofo, director de la Fundación Anthropos, en Lausanne (Suiza).

En ella, el profesor Hadjadj constataba que existe un consenso generalizado en considerar a la familia como lugar del amor, lugar de la educación y socialización primera y lugar del crecimiento de la personalidad autónoma y respeto de las libertades.

Sin embargo, explicaba el autor, siendo ciertas todas estas afirmaciones, este enfoque desde sus características, sus competencias, sus deberes y derechos, en síntesis, desde su eficacia, se revela insuficiente y nos acaba distrayendo de lo esencial: el ser del hijo y de los padres.

Y buscando la familia perfecta podemos acabar topando con el perfecto orfanato o el centro de acogida más excelso, donde, ciertamente, priman el amor, la educación, la libertad.

El error básico consiste en considerar a la persona como mero individuo, no como hijo, no como ser familiar, con lo cual corremos el riesgo de proponer una familia ‘desfamiliarizada’, en la que lo primordial no sea el ser sino el bienestar. Y, en este terreno, las organizaciones, los centros de acogida, atendidos por especialistas y expertos, estarían siempre en mejores condiciones de educar con mayor eficacia ‘individual’ y ‘social’ que nosotros, los padres de la criatura. Incluso, llevado al extremo, cualquier otra pareja, de dos hombres, dos mujeres o mixta, o cualquier grupo entrenado podría ser capaz de dar a mis propios hijos un amor más perceptible, una instrucción más esmerada y unas cotas mayores de autonomía y libertad que las que mi mujer y yo podríamos proporcionarles.

Si analizamos la familia desde el ser “hijo-de” y “padre-de o madre-de”, las características analizadas adquieren una tonalidad distinta.

  • El amor es un amor sin preferencias y sin elección, porque a nuestros hijos les queremos por el hecho de serlo, por lo que son y no por lo que tienen o aportan. Ni siquiera, en nuestra familia, son el objeto de nuestro deseo directo, porque nuestro deseo primero y primordial era (¡y, en mi caso, desde luego, sigue siendo!) su madre, y ellos fueron un regalo que nuestro amor generó. Como explica Hadjadj: “Cuando un hijo dice a sus padres: “Yo no elegí nacer”, los padres siempre pueden devolver el cumplido: “Nosotros tampoco, no te hemos elegido, nos has sido regalado y tratamos de cambiar nuestra sorpresa en gratitud “.
  • La educación se recibe en la familia desde una ‘autoridad sin competencia’ (que se ha de ir adquiriendo con el tiempo), es decir, a pesar de mis debilidades y carencias, y
  • La libertad responde a unos lazos que no se pueden anular y que generan una red de relaciones que nos desbordan y no forman parte del proyecto original (¿acaso alguien pensó en su suegra, y después abuela de sus hijos, como ‘proyecto vital’?).

La consideración de la familia como “elemento natural y fundamental de la sociedad” (definición del art. 16.3 de la declaración Universal de Derechos Humanos) nos sitúa ante una realidad que nos antecede. La familia, en efecto, estaba ahí antes de que se desarrollara la Sociedad, el Estado y cualquier institución humana, y se encuentra en el principio exacto de cada vida humana concreta. La familia es “fundamento” y, como tal fundamento, no se puede “fundar”: es ella la que funda.

Por eso, acaba diciendo el profesor Hajdajd (perdón por la larga cita, pero no me veo capaz de resumirla con palabras más acertadas), la familia es el lugar de la resistencia: “Resistencia a la ideología, al pensamiento políticamente correcto, a la programación. La familia es la comunidad de origen, dada por la naturaleza y no sólo establecida por convención. Por lo tanto, ofrece siempre, por su anclaje sexual, un contrapunto al artificio, y proporciona espacio para lo que podríamos llamar una verificación. El político puede cultivar su imagen pública, mostrar su mejor perfil en las redes sociales, pero, ¿cuál es su rostro en lo privado, ante su mujer y sus hijos? El gran Hércules, que derrotó a los monstruos, es patético ante Deyanira. El joven genio, que irrumpe en las pantallas, se avergüenza de ser visto con su papá y su mamá, que dan fe de su origen común. La voluntad de poder es siempre contrariada por la proximidad familiar. Por eso, tanto los totalitarismos como el liberalismo, los controles tecnológicos, o el fundamentalismo religioso, siempre empiezan por poner a la familia bajo tutela, antes de intentar destruirla”.

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Disforia LGTBI

01 sábado Abr 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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A partir de Descartes ha ido evolucionando una corriente de pensamiento que ha situado la condición de persona en la voluntad, la razón y la libertad desnudas, es decir, en la parte espiritual del hombre. Esta corriente se ha ido radicalizando hasta el punto de negar cualquier significación a la parte corporal, que se comprende como algo extraño a la persona, con la que se puede hacer lo que se quiera según los deseos del espíritu. Por el contrario, otra corriente, en la convicción de que el cuerpo humano es portador de un mensaje ético que conviene atender, ha insistido en la unidad inescindible de cuerpo y espíritu y considera que la condición de persona reside en una razón, una voluntad y una libertad capaces de interpretar ese mensaje del cuerpo que invita a conducirse en la vida conforme a ese todo que forma la persona y no obedeciendo solo a una de sus dimensiones.

La primera doctrina justifica el suicidio y la muerte programada (mi cuerpo no soy yo, sino algo, una cosa que poseo y con la que hago lo que quiero) y niega la condición sexuada del ser humano (es mi yo espiritual quien decide el género que impondrá al cuerpo que posee). La segunda tesis opta por la vida en cualquier circunstancia (el instinto de conservación, que procede del cuerpo, me indica que he de luchar por mantenerme en la vida) y afirma la condición sexuada del hombre y la mujer (mi naturaleza corporal muestra una complementariedad biológica que he de procurar integrar en mi espíritu). Naturalmente, ambas aceptan que hay casos problemáticos que generan dilemas morales de difícil solución y que hay un amplio ámbito de ejercicio de la libertad personal que pertenece al terreno de lo moral y no de lo legal.

La primera corriente parece haberse instaurado, y normativizado, en nuestro país de manera acrítica como pensamiento dominante. Se ha impuesto una suerte de dictadura ambiental que impide discrepar. Se han aprobado leyes en distintas Comunidades Autónomas de distinto signo político (Galicia, Catalunya, Madrid…) que mutilan la libertad, sancionan la discrepancia, obligan al estado a tomar partido por una ideología concreta -la denominada LGTBI, por ejemplo, imponiendo colocar en los edificios oficiales la bandera arcoíris en los días de celebración del orgullo gay-, imponen el adoctrinamiento infantil sin contar con la opinión de los padres, etc. Algunas de las ideologías del siglo XX que tantos sufrimientos causaron empezaron con medidas de este estilo, en una connivencia y confusión entre ideología, estado y democracia que intentó zanjar la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Y todo ello se está edificando sobre la base de un constructo intelectual altamente problemático: la llamada ‘disforia de género’. Este palabro, ‘disforia’, procedente de la Psicología y que todavía no recoge el diccionario de la RAE, es el antónimo de ‘euforia’ y significa ‘emoción desagradable o molesta, como la tristeza, ansiedad, irritabilidad o inquietud’.

En algunas de las leyes comentadas se recoge el derecho de quien sienta ‘disforia de género’ a exigir, sin más comprobación, que le dejen acceder a baños e instalaciones tradicionalmente reservadas para uno de los antiguos sexos (varón o mujer), al tiempo que se prohíbe (con las sanciones oportunas) a todo profesional de la psiquiatría o psicología realizar tratamientos que la ley, con gran carga ideológica, tilda de ‘aversión o conversión de género’. Es decir, un ciudadano puede estar incómodo (disfórico) con su sexo y exigir un cambio de sexo (por supuesto, las leyes establecen el deber del estado de cubrir estas operaciones), pero no puede estar ‘disfórico’ con su tendencia u orientación sexual y acudir a un tratamiento psicológico que le ayude a conciliarla con su sexo.

La conclusión es inevitable. Ahora que parece haberse descubierto la fuerza de la ‘disforia’ en la configuración personal, ¿por qué detenerse en el denominado género? Me pregunto: ¿puede un hombre que mide 1,60 estar disfórico con lo que su cuerpo le indica acerca de su altura y exigir que le cuenten como de 1,65, talla mínima para acceder a algunos cuerpos de seguridad del estado? ¿O alguien sentir ‘disforia de edad’ y exigir que le tengan por un niño de 7 años para entrar gratis a los museos o volver a ser penalmente inimputable? ¿Puede un ciudadano sentir ‘disforia de actividad’ -lo que antes se llamaba pereza- y exigir que le paguen el doble que a los demás porque eso, el doble, es lo que le cuesta a él ponerse a trabajar? ¿Dónde está el límite? ¿Quién lo decide? Y, lo más importante, si me doy cuenta de que algunas de estas disforias no me convienen y pienso que es mejor acomodar la vivencia de mi espíritu a lo que mi cuerpo me muestra, ¿no tengo la libertad para hacerlo? ¿No puede un psicólogo ayudarme a descubrir que es mejor la diligencia que la pereza, aunque con esta no haga daño a nadie?

“Los sueños de la razón producen monstruos”, advirtió Goya.

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