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Familiarmente

~ Ser y vivir en clave de familia

Familiarmente

Publicaciones de la categoría: Familia y sociedad

Corazones rotos

15 martes Nov 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Hoy voy a escribir sobre un tema difícil pero inevitable que todos hemos de afrontar alguna vez en nuestra vida: el dolor incomprensible.

No me refiero a las penas y contradicciones ordinarias con las que, quién más quién menos, todos aprendemos a convivir. Me refiero al gran desgarro, al más intenso sufrimiento, a aquel que no se puede entender, que rotura nuestras más profundas estructuras y, cuando golpea, parece imposible superar. Me refiero a la pérdida de un hijo, de un marido, de una esposa o de una madre en la plenitud de la vida.

Leí en algún sitio que aquí, en la Tierra, estamos demasiado cerca del dolor, excesivamente pegados a él como para poder vislumbrar la otra cara del sufrimiento, la cara que no vemos, la que está oculta a nuestros ojos, la que solo se ve desde el Cielo. Para entender el sufrimiento solo hay un camino, un camino que parece una paradoja: abrazarlo. Solo así se logra apenas acariciar la otra cara del dolor, la que mira al Cielo y solo Dios conoce. Solo así las manos pueden recibir la luz imperceptible pero cierta que irá invadiendo la persona toda con la humilde suavidad de las cosas grandes. Una luz serena, incluso, con el tiempo, alegre, porque cabe alegría incluso en el dolor.

Abrazarlo, sí, pero no dejarse abrazar por él. Leí también en algún lugar que un alma desgarrada tiene tres salidas para evitar quedarse atrapada en el dolor: hablar, llorar y rezar. Hablar con quien sepa escuchar y pueda entender el dolor ajeno hasta donde esto sea posible; llorar todas las lágrimas interiores y exteriores que quiera verter nuestro amor; rezar con toda la fuerza de que seamos capaces. Hablar, llorar, rezar. Tres salidas para el dolor: boca, ojos, corazón.

Conocí a una madre que trajo varios hijos al mundo consciente del riesgo de que desarrollaran una enfermedad congénita de pronóstico reservado. Un día, alguien poco delicado le dijo: “¿por qué tienes hijos si sabes que se pueden morir en su infancia o juventud?” Ella sonrió y contestó con serenidad: “Traigo mis hijos a la Tierra, pero su último destino es el Cielo”.

Fue una respuesta valiente que escandalizó a más de uno. A mí me evocó unas misteriosas palabras de Santa Teresa: “sabe el Señor lo que puede sufrir cada uno, y a quien ve con fuerza, no se detiene en cumplir en él su voluntad”.  Palabras misteriosas, ciertamente, porque el dolor es un misterio. Pero no olvidemos que, como enseñó Romano Guardini, el misterio es “una medida sobreabundante de verdad, una verdad mayor que nuestras fuerzas. El misterio no está para que el hombre lo resuelva y, de ese modo, lo haga desaparecer, sino para que el hombre se ponga en concordancia con él, respire en él, eche raíces en él”. Probablemente, Santa Teresa se inspiró en el sufrimiento, incomprensible para ella, del amor de su vida, Jesucristo, en su Pasión.

Lo sé, he tenido que recurrir a la fe. Fuera de ella, lo admito, hay grados de sufrimiento difíciles de abrazar. Y en ella, aunque se abrace -que nadie se engañe-, hiere con la misma intensidad.

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Monstruos

20 miércoles Jul 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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En uno de los grabados de la serie Los Caprichos, de Goya, se puede leer la famosa frase: “El sueño de la razón produce monstruos”. El propio Goya la explica en el manuscrito que se conserva en el Museo del Prado: «La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas».

La fantasía, la utopía, la pasión incontrolada, en efecto, producen monstruos. Pero las mismas facultades unidas a la razón generan bien, verdad y belleza.

Después de los atentados de Niza, todos hemos oído y utilizado las expresiones habituales: es una salvajada, una bestialidad, ¿cómo puede hacer esto un hombre?

Solo el ser humano puede transformarse en un monstruo

Y, precisamente, ahí radica parte del problema, en la dificultad que a veces tenemos para aceptar que solo el hombre es capaz de una barbarie semejante. El animal, la bestia está limitada y condicionada por su propia estructura biológica, que sigue a ciegas, respondiendo siempre de la misma manera a los mismos estímulos. Por eso, el animal nunca se transforma en un monstruo: su propia naturaleza se lo impide. No mata por matar; no acumula riqueza por capricho…

Por el contrario, el ser humano es capaz de lo más alto y de lo más bajo, de lo más loable y de lo más despreciable, de lo más noble y de lo más mísero. Porque su naturaleza no es mera biología, sino cuerpo y espíritu: tendencias biológicas, sí, pero también afectos, emociones, pasiones, y, con ellas, razón, memoria, voluntad. “Inteligencia deseosa” o “deseo inteligente”, como decía Aristóteles.

El dominio de la pasión

Cuando la pasión, cualquier pasión, se separa o se apodera de la razón, produce monstruos capaces de generar el máximo mal posible, el dolor más profundo.

Los santos y héroes de la humanidad han sido grandes apasionados, pero no han renegado de su condición humana, no han vivido ni actuado de espaldas a la razón. El peligro no está en la intensidad de la pasión —un hombre sin pasiones no es un hombre—, sino en la usurpación del papel de la razón por parte del sentimiento. Cuando el sentimiento asume un rol que no le corresponde y dirige a la persona, la razón se pone a su servicio y puede concebir un monstruo inteligente.

¿Cómo evitar que la fantasía humana o la pasión desmedida (¡tan humana!) se separen de la razón?

La familia como antídoto

Apunto un camino: la familia. La familia, sobre todo cuando es estable, nos da la identidad personal, nos ubica en el mundo, nos humaniza. La familia nos otorga la filiación, nos sumerge en la fraternidad, que es la base sobre la que se edifica la futura solidaridad.

En la mayoría de los casos, si se sigue la biografía de un terrorista, de un ‘monstruo’ humano, se descubre un momento en que se produce una ‘desafiliación’, una desafección familiar, un apartamiento. Al asesino de Niza le recuerdan sus vecinos como “solitario, silencioso, cerrado, aislado y de pocos amigos”.

Y el ser humano solo, sin lazos familiares, sin vida de familia compartida se encuentra perdido, no sabe quién es y busca un ‘lugar’ al que afiliarse, hacerse hijo, miembro de un grupo. Y ahí están las organizaciones terroristas, al acecho, para darle un cobijo, un techo de identidad compartida, despertando hábilmente alguna pasión que dirija y controle su vida a expensas de la razón.

Dolor

06 miércoles Jul 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

≈ 8 comentarios

 Martes, 28 de junio. Cuarenta y tres muertos y más de doscientos heridos en un ataque suicida del terrorismo yihadista en Estambul. Una protesta, algún aspaviento, un suspiro, comentarios de rutina, imágenes en la retina ya medio olvidadas… Hace apenas una semana y ya es un vago recuerdo, sepultado por otras más de doscientas personas que encontraron la muerte en Bagdad antes de ayer, lunes, 4 de julio.

Me ha venido a la cabeza este versito de mi juventud:

Esas lágrimas que viertes
pueden al mundo salvar
si son gotas de una fuente
con que lo puedas regar.
Mas, si son lágrimas solas,
deja de lloriquear,
que ya tiene quien le llora
sin que le sepa aliviar

No es fácil hacer algo desde tan lejos. ¡Hay tantas causas por las que luchar! Sin embargo, hay una tarea pendiente en muchas familias y en muchos de nosotros: la educación sentimental. Consiste, básicamente, en lograr la que Alejandro Llano denomina “libertad emocional”: “la integración positiva de los sentimientos y pasiones en la recta comprensión del mundo y de uno mismo”. Es decir, sentir las cosas como son, que nos parezca y sintamos como bueno lo que es bueno y como malo lo que es malo.

Un primer paso es que lo verdaderamente importante no pase desapercibido ni resbale por nuestra piel encallecida, no vaya a suceder que sintamos más próxima y dolorosa la muerte de nuestro perro que la de doscientas personas. El dolor ajeno reclama algo más que un comentario. Exige, en primer lugar, tiempo. Un tiempo de reflexión, a solas, en tu habitación. Con esfuerzo emocional. Intentando poner el corazón para sentir el dolor y la tristeza que afligen a los supervivientes y a los familiares de las víctimas.

Consiste en hacerse poeta por unos momentos, intentar penetrar sus sentimientos, retener su angustia, capturar su desesperación, abrazar su impotencia y escribir un poema interior que nos ayude a ponernos en lugar del otro. Y, después, revestir la emoción de humanidad, no dejarla suelta ni encerrada en sí misma, dar sentido al sentimiento y transformar la rabia inicial en comprensión, incluso en amor. «Odia el delito, compadece al delincuente”, sugería Concepción Arenal.

Si se da este paso, la meditación personal, ya es mucho. El siguiente es compartirlo en familia, hacer ver a nuestros hijos que no pueden, no deben pasar de puntillas por el dolor ajeno, aunque sea lejano y casi imperceptible; que han de detenerse en él, no para recrearse, pero sí para ‘compadecer’ (padecer con) y acompañar, aun desde la distancia.

Esa es la libertad emocional, la capacidad de crear un sentimiento auténtico e integrarlo en nuestra biografía. La vida hará el resto, pues, como recordaba Julián Marías, “no se piensa con el cerebro, sino con la vida”. Ella, la vida misma, al “sentir” y no sólo conocer la verdad, nos indicará la causa que hemos de apoyar para que nuestras lágrimas no sean estériles.

Pactos

29 miércoles Jun 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

≈ 5 comentarios

El lugar del ser humano

Una de las ideas fuerza de este blog es que la familia es el lugar propio del ser humano y, por lo tanto, el referente de todas sus actuaciones. La empresa, la política, el ocio, el deporte, la cultura… y, dentro de ellas, cualquier grupo humano, ha de mirarse en el espejo de la familia ante las encrucijadas del destino si de verdad quiere respetar a la persona.

El lugar de la diversidad

La familia es, además, el lugar de la diversidad. En ella hay esencialmente un elemento que une: el amor mutuo. Lo demás es pura diversidad: edad, salud, formación, capacidades, intereses, horarios, preferencias de ocio, opciones políticas… Pero lo que une, siendo poco en extensión es mucho en intensidad. Básicamente, que el otro interesa, es querido por lo que es y no por lo que hace, tiene o aporta.

Presunción de inocencia

Por eso, los pactos son más fáciles en familia, porque, por un lado, se impone una auténtica presunción de inocencia: “incluso cuando se equivoca creo que tiene buena intención y busca mi bien y el de todos, no el suyo propio”. Más que nada porque pensar lo contrario es considerarme a mí mismo un egoísta, pues estoy convencido de que nadie en mi familia dudará de que yo también tengo buenas intenciones cuando, por error o por torpeza, hago daño a alguien, lo que, a veces y muy a mi pesar, ocurre.

Averiguar lo que une

Y, por otro lado, aquello que une en la familia es tan fuerte que constituye un mínimo común denominador, una base sólida sobre la cual se puede construir. A veces, no sucede así, y la familia acaba rompiéndose, pero si uno se empeña, acaba siempre descubriendo el punto de partida que une y desde el que se puede volver a edificar la relación.

En efecto, todas las familias han de integrar biografías diferentes, procedencias diversas, estilos particulares. Y esta armonización exige concesiones. No se trata de anular al otro, sino de encontrar el equilibrio que permita a cada uno crecer en el nuevo horizonte de libertad que ofrece la unión, sin ceder en lo esencial, pero adaptando lo secundario, hasta edificar la nueva personalidad que nos identificará y distinguirá como familia. Agustín de Hipona aconsejaba: “in necesariis, unitas; in dubiis, libertas; in ómnibus, caritas” (en lo necesario, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad).

Pactos para formar Gobierno

En España es la hora de los pactos para formar Gobierno, y también la familia puede servir de ejemplo: buscar primero lo que une (que suele ser más que lo que separa), partir de la buena intención de todos (si no se acredita lo contrario, que todo es posible) y empezar a construir a partir de estas premisas.

¡Lo siento! ¡Olvídenlo! No funcionará. Me olvidaba de algo fundamental, tanto en familia como en política: la humildad de saber perdonar los agravios, olvidarlos y reconocer que el otro también puede acertar, o equivocarse sin mala intención. ¡Ah, y la capacidad de rectificación!

¿O… incluso esto es posible también en política?

Familiarmente

24 viernes Jun 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

≈ 38 comentarios

¡Por fin, el blog! Lo mío me ha costado. Primero, mentalizarme («es exigente», «te obligará a escribir periódicamente», «cada semana», «no, quince días», «has de ordenar todo lo que tienes escrito»…). Después, aclararme (menos mal que mi hija y mi sobrino me han dado una clase de urgencia). Por último, lanzarme.

Así que me he puesto. Y aquí está. Todavía en pañales. Sin experiencia. Sin contenido suficiente. Poco colorido. Con estética discutible. Todo se irá mejorando. De momento, empiezo, que ya es mucho, y el tiempo dirá.

Y lo hago en un fin de semana especial: brexit, elecciones en España, escándalos políticos. ¿Especial? No tanto. Cambia lo que tiene que cambiar. Lo inestable, lo epidérmico: británico, europeo, escocés, gibraltareño, catalán y español, Ciudadanos, PP, PSOE, Unidos-Podemos… ¿Qué grado de influencia tienen en mi condición personal?

Y permanece lo que ha de hacerlo. Mi familia, mis amigos, yo mismo. ¿O acaso ha puesto usted su personalidad en su opción política, o en el lugar de su nacimiento, o en su nacionalidad? Si así fuera, ¡qué triste! ¿No? Confundir el todo con la parte. ¿No es capaz usted de reconocer en sí mismo un fondo auténtico, que le hace ser quien es con independencia de dónde haya nacido, a quién vote y cuánto baje la bolsa?

El ser humano es un ser familiar. Nuestra identidad está en nuestra familia. De ahí este blog. Sin familia todo es más difícil. Si tiene un mal día, viva en clave de familia, «familiarmente», y todo volverá a su cauce.

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