Un ‘amigo invisible’ me regaló estas Navidades dos libros de Byung-Chul Han, un sugerente filósofo coreano formado en Alemania al que no había leído. De momento, me he leído uno: La sociedad de la transparencia, una implacable crítica a la cultura de la exposición permanente, la información sin límites y la pretensión de transparencia a toda costa.
Byung-Chul Han reivindica la distancia. La sociedad de la transparencia reclama, en cambio, verlo todo. Pero «solo lo muerto es totalmente transparente”, afirma Han.
Aunque Han dirige su crítica a la sociedad actual, en la que la exposición constante amenaza con aniquilar la profundidad de la persona humana para transformarla en mera información y exposición exterior, a mí, cómo no, me ha venido a la cabeza el matrimonio.
Un debate al que he asistido en diversas ocasiones es el de la transparencia en el matrimonio, es decir, dónde está el límite de lo comunicable en la relación matrimonial. ¿Tenemos que contarlo todo, hasta la más recóndita intimidad?
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