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~ Ser y vivir en clave de familia

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Publicaciones de la categoría: Matrimonio

Expectativas

13 jueves Jul 2017

Posted by javiervq in Matrimonio

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Una de las áreas más inestables y menos abordadas de la relación matrimonial es la de las expectativas, que son, como se intuye, las esperanzas puestas en que algo suceda o se consiga. Es muy poco probable que, ante una vivencia determinada, marido y mujer tengan las mismas expectativas. En consecuencia, es también raro que el grado de satisfacción o de frustración tras esa experiencia sea el mismo. Veámoslo con un ejemplo.

Un matrimonio lleva tiempo intentando hacer una escapada romántica. Hace años que no lo consiguen y, ¡por fin!, él le ha dado la sorpresa: regalo de aniversario. Han colocado los niños, encontrado el tiempo y el lugar. Todo está dispuesto. Al final, solo ha podido ser una noche, pero no importa, será más que suficiente.

Salen en coche hacia un hotelito en la costa ‘con encanto’. Vencido el primer amago de añoranza de los niños por parte de ella, llegan al hotel. Y es, ciertamente, ‘encantador’. Hace un día precioso. El sol se está poniendo y salen a dar un paseo por la playa. A ella le encanta la naturaleza y él lo sabe. Después de cenar en un chiringuito moderno y acogedor, se estiran en la playa a la caza de estrellas fugaces.

Es ya la una de la madrugada y deciden retirarse al hotel. La habitación está limpia y cuidada. Mientras ella se va cambiando, él descubre la cama, apaga la indiscreta luz del techo y la espera. Ella llega y le suelta: “¡Uy, la una y media ya, qué tarde es! Cariño, tenemos que dormirnos enseguida, que mañana me gustaría levantarme pronto para ver la salida del sol… ¡Dicen que se pueden avistar delfines a esa hora!”

Él, intentando no mostrar decepción alguna, contesta: “Claro, cariño, como tú quieras. Es tu fin de semana”. Y, por dentro, se dice a sí mismo: “¡La próxima escapada romántica la hago con un reportero del National Geographic!”

Cuando frustraciones como esta se repiten a menudo en un matrimonio, se va generando, en uno o en ambos cónyuges, una desilusión que, al principio, no parece de importancia y se va superando con entrega, elegancia y elevación de miras, pero, con el tiempo, va, poco a poco, socavando la relación.

Uno de los problemas de las expectativas es que, en ocasiones, ni nosotros mismos las tenemos identificadas. Nunca hemos pensado en ello detenidamente. ¿Qué espero yo de mi mujer o de mi marido cuando vamos a casa de mis padres, cuando debato con nuestros amigos delante de ella o él, cuando le comunico un éxito o fracaso profesional, cuando los niños se pelean o cuando llegamos a casa cargados y cansados después de un fin de semana agotador?

Otra dificultad en el manejo de las expectativas es que no las damos a conocer suficientemente. A veces, por descuido: ¿le he dicho a mi marido que me encanta que me llame a media mañana sin otra razón que escuchar mi voz, como me dijo una vez hace siete años?  Otras veces, porque pensamos, erróneamente, que él o ella discurren de la misma manera que nosotros y, como nos quieren tanto, van a hacer todo tal y como lo hemos pensado, sin decírselo, claro. “Seguro que mañana, por mi cumpleaños, me regalará aquel pañuelo color burdeos que le enseñé hace cinco meses en El Corte Inglés cuando él buscaba, afanado, una mancha de bicicleta para poder salir con sus amigos que le estaban esperando en la calle” [aclaración: para un hombre estándar, con menos píxeles oculares que su mujer, ‘burdeos’ no es un color, es un vino].

Peor sería que nuestra mujer o nuestro marido no nos comunicara sus expectativas porque no se atreviese, porque temiera, por ejemplo, nuestra reacción agresiva, irónica, cínica o de desprecio.

Se acerca el verano y, quién más quién menos, todos nos vamos haciendo nuestras ilusiones y vamos teniendo determinadas expectativas. Eso es bueno, pero mejor es contrastarlas con nuestro cónyuge e intentar lograr un adecuado equilibrio para que todos podamos disfrutar de verdad del merecido descanso.

Y, después, vale la pena trasladar esa costumbre al día a día de nuestra relación. El agua que se estanca se acaba pudriendo. En nuestro matrimonio no puede haber agua encharcada ni corrientes subterráneas. Ha de ser agua viva, que fluya franca, abierta y permanentemente.

La conclusión es sencilla: nuestro cónyuge quiere amarnos como a nosotros nos gusta ser amados, pero, a veces, no sabe cómo. ¡Ayudémosle!

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Amate-urs

24 sábado Jun 2017

Posted by javiervq in Matrimonio

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Una de las muchas ventajas de ser padre de familia numerosa, estar profundamente enamorado de tu mujer y dejarte enredar en diversas actividades extraprofesionales es que te queda poco tiempo para dedicarte a ti mismo.

Cuando mi mujer y yo estábamos en la década de los treinta y teníamos ya cinco de nuestros siete hijos, un compañero de despacho de mi misma edad, soltero, me confió, apesadumbrado: “¡Uf! ¡No logro desconectar el fin de semana!” Yo le contesté: “¡Pues, vente a mi casa! ¡Atravesar el dintel y recibir una bofetada ambiental que te ubica rápidamente en la realidad es todo uno!» Y es que a mí me sucedía lo contrario: llegaba el lunes y ya ni recordaba que era abogado (condición que, gracias a Dios, era y sigue siendo accidental y no consustancial a mi persona: ¿se imaginan nacer y vivir en todo momento siendo y ejerciendo de abogado o cualquier otra profesión? ¡Qué pobreza personal!).

Con el correr del tiempo, algunos de esos conocidos que estaban obsesionados por el trabajo y por su escalada profesional se obsesionaron por el deporte. Empieza a ser un patrón preocupante: mitad de la vida, obsesión por el deporte, separación matrimonial. No he hecho una encuesta e ignoro si lo del deporte es, en estos casos, causa o consecuencia de un cierto hastío matrimonial; lo que sí constato es que es un síntoma que concurre a menudo en el varón de edad madura.

En cualquier caso, nadie osará negar que el deporte es muy conveniente: mens sana in corpore sano. Así que, por aquello de la falta de tiempo del padre de familia numerosa que decía al principio, un buen día, hace no mucho, decidí incorporar a mi vida una actividad física más frecuente con la ayuda de una de aquellas aplicaciones (apps) a las que mi hijo mayor es tan aficionado y tan buen resultado le dan. Mientras programaba mi entrenamiento, me quedé adormilado, esperando con ilusión la primera sesión al día siguiente.

Lo primero que me preguntó la app fue mi tipo anatómico y el que quería alcanzar. Me pidió algunos parámetros (sexo, altura, peso, edad…), y me proporcionó algunos ejemplos de cuerpos con distinto porcentaje de grasa para que escogiera el que más se parecía al mío (por pudor, les ahorro el porcentaje que me salió). Después, escogí el modelo de cuerpo que quería obtener (dentro de mis limitaciones, claro, que tampoco soy un iluso). A continuación, antes de ofrecerme una pauta de entrenamiento para alcanzar el resultado anhelado en el tiempo que había introducido, la app me hizo una pregunta que me sorprendió:

«Antes de programar tu entrenamiento, responde sinceramente a la siguiente pregunta:

¿Cuáles son las razones principales que te mueven a ponerte en forma? Escoge las que procedan y ordénalas jerárquicamente:

  1. Quieres encontrarte bien contigo mismo
  2. Quieres estar en forma para los demás
  3. Quieres estar en forma para tu mujer (ignoro lo que aparecía en la opción ‘mujer’)
  4. Otras»

“¡Caramba, pensé, qué app más extraña!” Por curiosidad, pulsé primero solo la opción a), y se desplegaron los siguientes consejos:

«Has escogido como único motivo encontrarte bien contigo mismo. ¡Felicidades! ¡Te mereces lo mejor de ti mismo! Antes de empezar, te recomendamos leer atentamente los siguientes consejos:

A partir de este momento, tú eres lo más importante; no antepongas nada al deporte ni a tus preferencias personales; cuando hayas logrado unos buenos abdominales y pectorales, puedes correr sin la camiseta para exhibirlos; procura ir en grupos con mujeres, que expresan mejor que los hombres la admiración; contémplate cada día varias veces en el espejo y mide con la mirada cada milímetro de grasa que pierdes; pésate frecuentemente; ponte retos deportivos cada vez más difíciles que te exijan mucha dedicación y no los abandones por nada del mundo (¡tienes que demostrar de lo que es capaz!)»…

Dejé de leer y decidí pulsar la letra c). Se desplegaron los siguientes consejos:

«Has escogido como único motivo estar en forma para tu mujer. ¡Felicidades! ¡Ella se merece lo mejor de ti! Antes de empezar, te recomendamos leer atentamente los siguientes consejos:

Procura que ella también haga algún tipo de ejercicio; buscad y practicad algunas actividades comunes; nunca antepongas el deporte a tu mujer; evita salir demasiadas veces en grupos deportivos sin ella, sobre todo si hay otras mujeres en el grupo; no te comprometas excesivamente en actividades que requieran estar mucho tiempo separado de ella; recuerda que ella no se enamoró de ti por tu físico portentoso; no olvides que a ella no le gustan los cuerpos con tableta y pectorales sino las personas enteras; confórmate con estar en forma y ágil para ella (¡no tienes que demostrar nada a nadie!)»…

Me hubiera encantado poder seguir leyendo los consejos de las otras opciones y las combinaciones entre ellas, pero me desperté… y descubrí que todo había sido un sueño y que no existía una app como aquella, una app deportiva para profesionales del amor, para los amantes de verdad. En el amor, el amateurismo está condenado al fracaso porque, si se observa bien, incluso literalmente, acaba siempre desembocando en uno mismo: amate–ur.

Y llegué a la conclusión de que la obsesión por el deporte a ciertas edades, si uno no está muy atento, acaba fácilmente transformándose en obsesión por uno mismo; y esta patología (¡a la que todos estamos expuestos!) tiene muy difícil cura.

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Vacar

05 viernes Ago 2016

Posted by javiervq in Matrimonio

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Vacaciones viene del verbo ‘vacar’, que no consiste en hacer la vaca, sino en “cesar por algún tiempo en los habituales negocios, estudios o trabajo”. Sin embargo, lo más frecuente es que se confunda con un verbo muy similar, ‘vagar’, cuya acepción más extendida es “estar ocioso”.

Lo curioso es que el primer verbo, vacar, se completa con una acepción mucho más interesante: “dedicarse o entregarse enteramente a un ejercicio determinado”. ¡Eso son las vacaciones! No el ‘dolce far niente’, cuya dulzura dura apenas el tiempo, breve, que cada uno tarda en transformarse en una ameba humana, sino el cambiar de actividad para dedicarse (‘enteramente’, dice el diccionario) a otra u otras diferentes. De lo contrario, uno acaba diseñando unas ‘vagaciones’ en lugar de unas ‘vacaciones’, y, entonces, el riesgo de acabar pastando como una vaca empieza a ser muy real.

Un efecto extraño que producen las vacaciones en algunos que solo saben conjugar el verbo vagar (y no conocen el verbo vacar) es que solo se acuerdan de sí mismos, de sus intereses y ‘necesidades’. Y, claro, cuando uno se centra en sí mismo, además de acabar aburriéndose como una ostra (o como un adolescente, que suele ser el egocentrado por excelencia), llega incluso a olvidarse de verdades esenciales. Por ejemplo, que está casado, que su mujer también tiene intención de descansar en vacaciones, que tiene hijos, que el tiempo sigue siendo limitado, etc., etc., etc. Por este camino se acaban preparando unas egocaciones, que consisten, básicamente, en preparar ‘mi’ golf, ‘mi pádel’, ‘mis’ salidas en moto, ‘mis’ lecturas, ‘mis’ cervezas, ‘mis’ siestas… y olvidarse de todo y de todos los demás.

Otro peligro de las vacaciones es el dominio de la imaginación sobre la razón, que afecta más a los varones que a las mujeres.

Por ejemplo: un amigo que tiene un precioso yate nos invita a navegar el próximo sábado

El marido, que es a quien se transmite la invitación, imagina: “A ver…, estamos de vacaciones, anuncian buen tiempo para el sábado, a mi mujer y a mí nos encanta navegar, hace tiempo que no vemos a estos amigos. ¡Genial!” Y acepta sobre la marcha la invitación, encantado de la vida.

Cuando llega a casa, su mujer no imagina, piensa: “Tenemos un bebé de seis meses con otitis, este sábado Juan tiene una fiesta de cumpleaños, hemos dicho a mis suegros que vengan a casa a comer y María se va a la hípica con sus amigas… -Les has dicho que no podemos, ¿verdad, cariño?”

Como algunos estamos ya vacando, termino ya. Tres ideas sencillas para las vacaciones: (i) descansar cambiando de actividad, no cayendo en la inactividad; (ii) acordarse de que los que nos rodean también quieren descansar y les gustaría escoger su propia actividad y (iii) si has decidido imaginar en lugar de pensar, entonces no puedes tomar decisiones (has de consultar antes).

Felices vacaciones.

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