Recuerdo que cuando empecé a dar charlas y conferencias salía a veces muy preocupado a pesar de que la sesión había ido razonablemente bien. Volvía a casa repasando lo que me había olvidado de decir. Y, como solía darlas por la tarde-noche, al meterme en cama, mi cerebro seguía dando vueltas y descubría lo que había dicho mal, los errores que había cometido, etc.
Un día, alguien me dijo: “no te preocupes de lo que te has olvidado o dicho de otra manera; nadie sabía lo que ibas a decir ni cómo lo ibas a decir, solo tú”. A partir de aquel día, me preocupé mucho menos por la perfección en el contenido que por la conexión con los asistentes. “Connection, not perfection” es el lema de un podcast de aprendizaje de inglés que escuchaba una época, y decidí adoptarlo como propio.
El pensamiento polarizado, todo o nada, es otra deformación de la mente que amenaza con socavar nuestra relación matrimonial. Consiste en pensar que si las cosas no se dan exactamente como habíamos previsto, hemos fracasado. Es un pensamiento propio de la infancia…, pero todo tenemos un niño dentro que se rebela (¡y se revela!) de vez en cuando.