Uno de los ámbitos en que la diferente percepción entre hombre y mujer se pone de manifiesto con más claridad es el romanticismo.

“Cariño, este viernes nos vamos de cena y noche romántica. Dejamos a los niños con mis padres por una noche y nos vamos tú y yo solos, que llevamos una temporada muy estresante y lo necesitamos. Tú déjate llevar, que yo lo organizo todo”, le dice ella. Llega el viernes. Escapada a un hotelito con encanto al lado de la playa. Paseo bajo una preciosa puesta de sol. Cena a la luz de la luna en la terraza de un íntimo bar sobre la arena. Después, contemplación del cielo estrellado en una noche clara. Vuelven al hotel a las dos y media de la madrugada y, cuando él sale del baño, ella, medio dormida y reprimiendo un bostezo, le susurra: “Qué noche más maravillosa. Muchas gracias, cariño. Corre, métete en cama a dormir, que aún falta lo mejor: a las siete de la mañana podemos avistar delfines desde el balconcito de la habitación”.

No tengo ninguna duda de que los hombres que hayan llegado hasta aquí han echado algo en falta entre las estrellas y los delfines, y seguro que algunos aún conservan la esperanza: quién sabe si después de los delfines…

He querido poner el ejemplo de la mujer por contraste porque, normalmente, son los hombres quienes se sienten inseguros organizando un plan romántico. Casi el 90% de los hombres encuestados por Shaunti Feldhahn en su libro “For Women Only” se ven capaces de diseñar un plan romántico, pero la mitad se sienten inseguros y no confían en que su esposa apreciará sus esfuerzos.

La razón principal es el miedo a volverse a equivocar, si ya habían ‘fallado’ antes, y el temor a la humillación y comentarios con terceros, si lo hacen mal. En el fondo no es tan difícil adivinar qué es romántico para una mujer, sobre todo si es la tuya y llevas ya un tiempo con ella. El problema es que, para que sea romántico de verdad, en plenitud, el plan debería serlo también para el marido.

Por lo tanto, para equilibrar y redefinir un poco la noción de romanticismo, a veces demasiado anclada en una aproximación femenina, se pueden compartir un par de ideas extraídas del libro citado:

1. Para el varón, jugar juntos es romántico. Los hombres se sienten cercanos e íntimos cuando su mujer se convierte en su compañera de juego: excursiones, tenis, bicicleta, navegación, cine, etc. cualquier afición compartida es romántica para el varón, a quien suele importar menos el entorno que la actividad misma.

2. En un matrimonio, para el varón, un romance sin sexo no es un romance completo. Puede ser muy bonito, emocionante, sugerente y atractivo, pero se percibe incompleto. El sexo no lo es todo, pero sí es una parte importante. Si por romántico se entiende sentirse emocionalmente conectados y la manera más íntima de estar conectados, sobre todo en el varón, es la relación sexual, es natural que el varón le conceda un papel importante en cualquier plan romántico.

La autora termina el capítulo dedicado al romanticismo con algunos consejos para las mujeres:

  • Anímale. Reconócele el esfuerzo cuando organice una cena, una salida o cualquier plan. Cuando te proponga algo, no le digas que tienes que ordenar la casa o que no estáis para estos gastos o que no tienes nada que ponerte.
  • Dale pistas…, no instrucciones. No te adelantes. Si es su plan, deja que lo diseñe él.
  • Sedúcele. Y déjate seducir. Hazte su amiga y compañera de juegos. Déjale conquistarte de nuevo.
  • Dale prioridad sobre tus hijos y otras actividades. Que no se conviertan en la excusa recurrente.

En relación con lo anterior, el libro termina con una revelación que la autora considera sorprendente: los hombres dan más importancia de la que se cree a que su mujer luche por estar en forma. El 70% de los entrevistados muestra una seria preocupación si su mujer se abandona, viste desgarbadamente y no cuida su presencia. La interpretación es: si ella se cuida a sí misma, me cuida también a mí porque ella es parte de mí y me gusta que esté bien.

No hace falta ser una barbie, basta el esfuerzo por estar lo que mejor que se puede teniendo en cuenta las condiciones físicas de cada una. Es lo mismo que sucede a las mujeres con los hombres en el terreno del romanticismo que comentábamos: les basta el esfuerzo de su marido por ser un poco más romántico y tener detalles sentimentales. Si se esfuerzan, poco importan el acierto y la perfección.

Eso sí, una advertencia: no le preguntes a tu marido si cree que ya estás bien. Te dirá siempre que sí. Te quiere y no quiere herirte. Si tú estás contenta, él también lo está, pero no te obsesiones. Y una ventaja: él estará encantado de ayudarte. El 97% de los encuestados aceptarían ayudar a su mujer a que dedicara un tiempo y un dinero a su presencia y bienestar físico. Ya sabes, puede ocuparse de los niños mientras tú te cuidas, destinar una partida familiar a pagar unas clases de pilates, hacer dieta contigo, etc. Por ti, lo que haga falta.

Hasta el próximo post.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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