[—Buenos días, quisiera hablar con usted sobre mis condiciones en esta empresa.

—Buenos días, adelante, siéntese. ¿Qué tal va todo? ¿Cómo está su mujer?

—Muy bien. Ya recuperada. Ha sido una gripe muy fuerte. Gracias por preguntar.

—Sí, este año la gripe dura mucho. Y, dígame, ¿no está contento trabajando aquí?

—Sí, sí. Estoy encantado. Es una empresa increíble y hay un ambiente excepcional. Todo el mundo es muy atento y se respira mucha camaradería. Pero, es que la semana pasada supe que mi sueldo es igual que el de fulanito.

—Claro. ¿No le parece justo? La verdad es que fulanito merecería cobrar algo más, pero no se preocupe, a él no le importa. Está muy contento.

—No, si yo me refería a mi sueldo. Llevo ya dos años y este año he vendido casi el doble que él.

—Ah, sí, ya lo he visto. Le felicito. Eso nos ayuda a todos. Al final, el dinero no deja de tener su importancia.

—Ya, pero creo que tendría que cobrar más, ¿no?

—¿Se refiere a cobrar más dinero?

—Claro, qué va a ser, si no.

—Bueno, usted cobra muchas otras cosas. Mire, aquí está su nómina. ¿No la ha leído?

—Pues, la verdad, nunca me he fijado. ¿A ver?

—Mire, aquí están todos los conceptos de su retribución. Veamos algunos: 15% de alegría. No está mal, recibe mucha alegría de los demás; en cambio, mire, usted contribuye poco a la alegría del resto de miembros de la empresa. Y lo mismo sucede con el servicio: usted recibe un 20% de actos de servicio de los demás, ¡no está mal! Ha de estar muy contento.  En cambio, solo da un 5%. Es muy poco, la verdad. O, mire aquí: buenos pensamientos. Usted recibe otro 20% de buenos pensamientos. Y, a cambio, usted comparte muchos malos pensamientos y, lo que es peor, murmura a espaldas de los demás. ¡Ah, por fin! ¡Aquí está el dinero! No se puede quejar: recibe un 30% de su nómina en dinero. Es un porcentaje alto, teniendo en cuenta lo poco que aporta del resto de conceptos.

—Lo que no entiendo es por qué, si yo soy el que aporto más dinero, recibo menos que la mayoría, incluso que alguna secretaria.

—Pero, hombre, ¿dónde ha estudiado usted? ¿No le han explicado cómo funciona esta sociedad en que vivimos? Sé que puede parecer injusto, pero los humanos hemos establecido este criterio desde hace tiempo. Usted, con el dinero que aporta, que para nosotros no es lo que tiene más valor, ha de compensar todos los bienes no materiales que recibe de los demás, que son los que le hacen crecer como persona. Si me promete confidencialidad, le enseño la nómina de uno de sus compañeros, uno de los más veteranos. Mire, pobrecito, recibe un 60% en dinero y solo un 40% en los demás valores. Ya sabe a quién me refiero. Le recomiendo que vaya a verle y le consuele. A él le gustaría equilibrarlo y recibir algo más de valores no dinerarios porque eso significaría que los demás van creciendo como personas.

—Vaya, entonces las ventas no son importantes.

—¡Claro que sí! Todos procuramos aumentarlas. De algo tenemos que vivir. Y usted lo hace muy bien. Algún día ganará mucho más dinero. Aunque el otro día me dijo un competidor que usted había vendido mucho más barato, a pérdida, para hacerse con el cliente.

—Hombre, lo hice por el bien de la empresa. Quizás, en esa venta perdimos, eso es verdad, pero el cliente ya es nuestro.

—Ya, pero creo que le llamó el competidor y le dijo que necesitaba esa venta para subsistir. Nosotros vamos muy bien este año y no necesitábamos esa venta. En cambio, él sí…

—Sí, pero ese no es mi problema. Yo he de mirar por el bien de mi empresa… es la ley del mercado.

A mitad de frase se dio cuenta de que no iba a convencerle. Hablaban idiomas diferentes.]

Perdón, me he quedado dormido después de leer en Magnífica Humanitas el sueño de la «civilización del amor», que expresa el Papa León XIII como «un orden social en el que la justicia y la caridad se entrelazan y el amor se convierte en principio de organización de la vida económica, política y cultural«, y mi inconsciente se ha puesto a soñar cosas absurdas. ¡Qué ocurrencias! Al despertar, me ha venido a la memoria una frase que siempre decía mi abuelo: la sonrisa se paga. Buen título, he pensado.

Feliz fin de semana.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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