El sábado pasado se casó Carmen, una ahijada mía. En mi familia, instauramos la tradición de que el padrino fuera el chófer de la novia en este día. Carmen me lo pidió, y me hizo mucha ilusión. El oficio de chófer es un trabajo precioso, y el de chófer en una boda, más todavía.
Tiene sus dificultades, claro. Primero, buscar un vehículo adecuado. Como la boda era fuera de Barcelona, no era tan fácil pedir prestado un coche bien elegante. Al final, después de darle algunas vueltas y hacer varias consultas, decidí que utilizaría nuestro propio coche, que es un 4×4 gris oscuro más o menos decente. La boda era en una casa de campo y se prestaba a la ocasión.