El conde de Romanones fue una figura señera de la primera mitad del siglo XX. Fue alcalde de Madrid, presidente del Congreso y del Senado, ministro en casi todas las carteras, presidente del Gobierno, prolífico escritor y hasta personaje en la obra Luces de Bohemia, de Valle-Inclán. Se le atribuyen frases apodícticas como aquella de que hagan las leyes, mientras yo pueda hacer los reglamentos…
Otra salida famosa del conde fue la que dio a quienes le criticaban haber aprobado una norma que poco tiempo antes había denostado y proclamado solemnemente no aprobar nunca jamás: tenga usted en cuenta que cuando digo nunca me refiero al momento presente, respondió con toda paz.
Hoy voy a hablar de una deformación de la mente muy presente en el matrimonio y en la familia: la sobregeneralización. Es una de las más insidiosas y, al mismo tiempo, de las más difíciles de cambiar.
Consiste en convertir uno o varios hechos, datos o acciones en una disposición, una conducta o una condición personal absoluta, constante, invariable y, a veces, casi innata.