Estas últimas semanas he tenido ocasión de conversar vía zoom en foros de diversos países sobre fidelidad matrimonial.
Cuando se habla de fidelidad, viene enseguida a la cabeza la infidelidad sexual. Sin embargo, la fidelidad va mucho más allá. A mí me gusta más hablar de lealtad, que es una determinación de preferir a la persona amada, escogiéndola cada día y destacándola sobre los demás y sobre uno mismo. Aaron Beck la expresa así en uno de sus libros: “pondré siempre sus intereses por encima de los de los demás, la defenderé si la critican y nunca tomaré partido con los demás contra ella ni me limitaré a ser neutral”.
Las deslealtades no son siempre sexuales. Se puede ser desleal con motivo del trabajo, de los amigos, de las aficiones, del deporte, de la propia paz y tranquilidad, ¡de los hijos! Se es desleal cada vez que se antepone cualquiera de estas realidades a la persona amada. Sí, los hijos también.