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Familiarmente

~ Ser y vivir en clave de familia

Familiarmente

Publicaciones de la categoría: Familia y sociedad

Reconquista

17 martes Mar 2020

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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“Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas”, aseguraba Oscar Wilde. Y, sin embargo, cuanto más se conoce a alguien más fácil es amarle. La gran ventaja del amor es que facilita el conocimiento. El amor no es ciego, como dicen, sino agudo y perspicaz. Solo el que ama de verdad es capaz de conocer a la persona amada por lo que es… y por lo que es capaz de llegar a ser. Pero hay que ponerse. Por eso, estoy de acuerdo con Wilde en la primera parte de la frase, pero discrepo de la segunda.

Si el talón de Aquiles del varón es el respeto, el de la mujer es el amor, entendido aquí, sobre todo, como sentimiento. O, dicho de otra manera, el miedo a no ser amada.

La pregunta que sobrevuela su mente una y otra vez es: ¿me escogería a mí de nuevo”. Y, por desgracia, la torpeza del varón estimula muchas veces esa inseguridad porque las señales que envía, que suelen tener su origen en una mezcla de orgullo e ignorancia, pueden suscitar dudas y recelos.

“No entiendo por qué he de manifestar tan a menudo el amor a mi esposa. Ya le dije que le quería cuando nos casamos. Ella ya sabe que la quiero. Si cambio de opinión, ya le informaré”. Suena cómico, pero está más cerca de la realidad de lo que parece.

Uno de los grandes errores del hombre es pensar que el amor es como un negocio que se cierra con su firma el día de la boda y ya queda fijado para siempre. A partir de ahí, a ejercer derechos: la visión contractualista del amor. Otro gran error es la reducción mental de pensar que lo que la mujer necesita es oír muchas veces “te quiero”, «cariño» o expresiones similares como si de una fórmula mágica se tratara o como si la mujer fuera una niña antojadiza que hay que contentar con fáciles recursos.

No. La mujer, como el varón, necesita ser y sentirse amada, pero ella de manera diferente. No basta con decirlo -¡aunque hay que hacerlo!-, es necesario amar con la misma competencia con que se afronta un partido de pádel o el cierre de una transacción: con preparación, esfuerzo y conocimiento.

Aunque la lógica del varón arroje un resultado positivo en la mente femenina (se ha casado conmigo, intenta que estemos juntos, trabaja mucho para la familia, me trata bien…), si el corazón no experimenta el amor, la mujer no se siente amada. Es lo que tiene que el ser humano sea, como decía Aristóteles, una “inteligencia deseosa” o un “deseo inteligente”.

Jeff Feldhahn, en su libro For Men Only, escrito con su esposa Shaunti, sugiere dos consejos que podrían expresarse así:

  • Asegúrale que la amas
  • Sigue conquistándola

Y propone algunas actitudes que ayudan a ponerlos en práctica:

  • Si estás enfadado o algo te preocupa, aclárale, verbalmente o con tu conducta, que es un tema pasajero o que no tiene nada que ver con ella y que la sigues queriendo mucho y la necesitas. Si no, ella no dejará de dar vueltas a tus reacciones y tenderá a pensar que tu amor está en juego.
  • Si ella está enfadada o contrariada por algo, no huyas a tu cueva, aunque aparentemente te rechace. No necesita tu silencio, sino que la abraces física y espiritualmente (con permiso del coronavirus, claro). Y si inicialmente te rechaza, trágate el orgullo y vuélvela conquistar; piensa que el rechazo es su última interpelación (“¿me amas de verdad?) y está esperando que vuelvas, no que te vayas.
  • Si necesita hablar de algo, aunque a ti te parezca que el tema está agotado, escucha y empatiza, y no te tomes siempre sus comentarios sobre la relación como una crítica velada. Baja las defensas y aprende.
  • Demuéstrale perseverantemente, con esas llamadas diarias, con pequeños detalles y atenciones, con el esfuerzo por comprometerte de verdad en los asuntos ‘domésticos’, con el interés (¡solo interés, sin consejos y soluciones gratuitas!) por sus temas profesionales o personales… que la sigues amando y que quieres hacerlo cada día más. Y, por supuesto, díselo, pero no como una cláusula de estilo, sino como corolario de una preferencia manifiesta.

Hay más, mucho más, pero lo reservo para los próximos posts. Mañana me dirigiré de nuevo a las mujeres, que los hombres necesitamos tiempo para asimilar estas cosas.

Hasta mañana.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Respeto

16 lunes Mar 2020

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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El primer post de la cuarentena va para las mujeres en relación con los maridos. Emerson Eggerichs ha estudiado a fondo la necesidad de los hombres de sentirse respetados. Vivimos, dice, en una cultura dominada por el amor sentimiento y, desde el “all you need is love” de los Beatles, pensamos que el amor es incondicional pero el respeto se ha de ganar.

Si para la mujer sentirse amada es fundamental (será objeto de un próximo post), para el hombre lo es sentirse respetado. Sin respeto, le es muy difícil dar amor, insiste Eggerichs, de la misma manera que a la mujer, sin amor, le es muy difícil respetar a su marido.

¿Y qué es lo que el hombre entiende por respeto? Shaunti Feldhahn, en su libro For Women Only, después de miles de entrevistas a varones, propone las siguientes aserciones (interpretación propia):

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¡Mirad cómo se aman!

13 viernes Mar 2020

Posted by javiervq in Espíritu, Familia y sociedad

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Hace menos de una semana anunciaba que iba a espaciar mis posts a una frecuencia quincenal, salvo que alguna circunstancia excepcional me impulsara a escribir. Y llegó el coronavirus. No voy a contribuir a la confusión reinante y me abstendré de hablar de un virus del que no sé nada, pero sí quiero hacerlo de una de sus derivaciones.

Una de las imágenes que me ha causado más tristeza estos días es la de los estantes vacíos de los supermercados. Comprendo que, en estas circunstancias, las desinformaciones y una discutible gestión de la crisis pueden generar miedos infundados, y admito que mi tristeza puede ser más emocional que racional, pero no he podido evitar que me viniera a la cabeza la expresión de Tertuliano que titula este post y que he contextualizado sin dificultad en internet:

“«Pero es precisamente esta eficacia del amor entre nosotros lo que nos atrae el odio de algunos, pues dicen: «Mirad cómo se aman», mientras ellos sólo se odian entre sí. «Mirad cómo están dispuestos a morir el uno por el otro», mientras que ellos están más bien dispuestos a matarse unos a otros”. Esta admiración ponía Tertuliano en boca de los paganos, asombrados ante el espíritu de los primeros cristianos.

Otro escritor de los primeros tiempos de la era cristiana, Arístides de Atenas, lo expresaba así: “el que posee da, sin esperar nada a cambio, al que no posee. Cuando ven forasteros, los hacen entrar en casa y se gozan de ello, reconociendo en ellos verdaderos hermanos”.

Y, de pronto, con la mirada utópica que a veces me caracteriza, me he imaginado a los ciudadanos o, por lo menos, a los cristianos del siglo XXI pensando: “no iré al supermercado a arrasar con los bienes para acumularlos para mí y mi familia porque otros pueden necesitarlos y no encontrarlos cuando acudan a comprarlos”.

Es un síntoma, pequeño, sí, pero síntoma, del gran virus que nos amenaza y que esta situación inesperada quizás nos ayude a prevenir en el futuro: el individualismo. Yo procuro por mí y por los míos…, los otros, que se apañen. Eso sí, si me sobra, una vez me haya asegurado de que ni yo ni los míos vamos a sufrir privación alguna, entonces compartiré con los demás.

No hablo de los demás. Hablo de mí mismo. Así pensaba intuitivamente cuando me mandaron la primera foto de un supermercado arrasado: “¡he de apresurarme!”. Pero, de pronto, un hálito de tristeza me invadió y me trajo a la memoria la frase de Tertuliano.

Y pensé…, si hubiera un cataclismo, una persecución, una pandemia realmente mortífera, ¿me gustaría ‘sobrevivir’ a costa de ‘vivir sobre’ los demás o preferiría, como los primeros cristianos, ‘morir por el otro’? Y este pensamiento ha vuelto a poner ante mis ojos lo exigente que es ser cristiano cuando la fe pone en juego la vida.

Lo de los estantes arrasados no deja de ser anecdótico, y estoy convencido de que esta situación difícil que nos va a tocar vivir va a sacar lo mejor de nosotros porque, sea cual sea nuestra filosofía de vida, el espíritu de los primeros cristianos está mucho más arraigado en el ser humano de lo que a veces puede percibirse en una primera y tantas veces irreflexiva reacción.

Para que nadie me sobrestime, confieso que al llegar a casa y ver que teníamos vino suficiente para pasar una breve cuarentena, me he quedado tranquilo.

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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El coronavirtus

06 viernes Mar 2020

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Hace dos semanas decidí espaciar un poco más mis posts. Pienso que uno a la semana es demasiado. Por su extensión y por la materia tratada, suelen requerir un tiempo, tanto para escribirlos como para leerlos y reflexionarlos. Decidí establecer una frecuencia quincenal, y hoy la estreno. Salvo que algún tema de actualidad me urja en algún momento a escribir, claro.

La actualidad informativa está, qué duda cabe, invadida de coronavirus. En la iglesia de mi barrio, el párroco ha dispuesto que la paz se da con una leve inclinación de cabeza y se comulga con la mano. Buena parte de los wasaps que recibo hacen alusión, sea jocosa, dramática, higiénica o informativa, a esta enfermedad.

Y, mira por dónde, ayer me topé con una persona que me contagió de “coronavirtus”, con t intercalada, porque la virtud puede ser también muy contagiosa. Se trata de una persona que dio conmigo a través de este blog, aunque luego ha resultado que tenemos bastantes puntos de conexión.

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Más digna es la vida

20 jueves Feb 2020

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Rousseau aconsejaba razonar “en el silencio de las pasiones” y, aunque es cierto que ningún ser humano puede pensar en el vacío emocional, sí es posible hacer un esfuerzo para alejarse de algunos condicionantes emocionales para reflexionar sobre ciertos asuntos. Y la eutanasia es uno de ellos. En esta era de populismo y propaganda la razón suele salir mal parada.

Cada uno tiene su aproximación biográfica a esta realidad, porque, a partir de cierta edad y experiencia de vida, no es difícil haberse topado con situaciones que, implícita o explícitamente, la hayan evocado.

Antes de vivir la dura enfermedad que sufrió mi madre en sus últimos años de vida, que me mostró inesperadamente una imagen diferente, digna y bella en su limitación, de la humanidad, la maternidad y la filiación y me confirmó en el valor y dignidad de cualquier vida, había tenido un curioso contacto con esta realidad.

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Parsifal

16 domingo Feb 2020

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Parsifal fue educado por su madre en la ignorancia de su estirpe de caballero. Pero su corazón presentía algo y partió, sin saberlo, en busca de su verdad.

Wolfram von Eschenbach escribió su famoso poema épico “Parsifal” (Parzival, en el original) en 1230 recogiendo las tradiciones de las fábulas artúricas cantadas por los trovadores provenzales y situó en el Noreste de España el templo de Montsalvat, más allá del bosque de Salvatierra, donde la orden de Caballeros del Grial custodiaba la copa que había recogido la ‘sangre’ de Cristo en la última cena y quizás también en la Pasión.

El último rey custodio del Grial, Amfortas, recibió una herida en la batalla, que le postró junto al santo Caliz. La herida abierta no cicatrizaba y su reino cristiano, sin rey, se desangraba. Solo un caballero limpio y honesto sería capaz de curar la herida y el reino.

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Vivir en ti

25 sábado Ene 2020

Posted by javiervq in Familia y sociedad, Matrimonio

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Cuando iba a primaria, las monjas de mi cole premiaban la buena conducta con medallas de disciplina, de aplicación y de honor. En primero tuve la fortuna de ganar una medalla de honor y el premio consistía en una estatuilla de la Virgen. Las había de todos los tamaños. Unas brillaban en la noche, otras estaban llenas de agua bendita y otras estaban pintadas de vivos colores. Pero a mí me atrajo la atención una pequeñita, de plástico color marfil y, ante la sorpresa de la monja y la alegría del que escogía detrás de mí, la elegí.

Desde ese día fue mi virgen preferida y me acompañó incluso en mis años de olvido y menosprecio, cuando no la miraba ninguna noche o la arrinconaba en un cajón. Alrededor de mis treinta años, la perdí. Por suerte, poco tiempo antes de perderla, le hice una foto, la que reproduzco en este post, y pasó a compartir mi cartera con el DNI. Ahora, además, tiene un lugar seguro en la nube. A lo largo de los más de cincuenta años que han pasado desde que la elegí, ha habido temporadas, a veces largas, en que no la he atendido como debiera, pero siempre ha estado ahí. Ha sido, podríamos decir, la imagen de la Virgen María que ha quedado grabada en mi retina y que me viene espontáneamente a la memoria cuando pienso en ella.

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¡No pertenezco a nadie!

19 domingo Ene 2020

Posted by javiervq in Familia y sociedad, Hijos

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El dilema que planteaba la ministra de educación acerca de quién tiene derecho a decidir sobre la educación de la conciencia de un menor lo resolvió mi hijo de 15 años en tres segundos.

Iba el viernes en coche con una de mis hijas mayores, su novio y mi hijo adolescente. Una de las características propias de los adolescentes es que nunca sabes cuándo te escuchan y cuándo no. En un momento determinado, mi hija recordó la polémica frase de la ministra: “no podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres”. Como espoleado por un resorte de autodefensa, mi hijo adolescente se revolvió en el asiento y me interpeló: “¡¿Ah, no?! ¡Entonces, por qué no me dejáis salir y tengo que hacer lo que vosotros decís!” Y, gracias a la señora ministra, volvimos a tener la misma discusión de cada viernes, pero ahora con un argumento de autoridad, la voz de una ministra, a favor de mi hijo.

La trampa argumentativa que, conscientemente o no, introdujo la ministra me obligó a llevar la conversación más allá de una salida de viernes, que, por otro lado, no podía darse porque nos estábamos yendo fuera de Barcelona.

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Vocación y misión

10 viernes Ene 2020

Posted by javiervq in Crecimiento personal, Espíritu, Familia y sociedad

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Hoy me ha salido un post largo y pido disculpas. Debe de ser el año nuevo.

He comentado en posts anteriores que mi hermano pequeño es monje mendicante. Esta Navidad envió una carta preciosa a toda la familia que no he podido leer hasta hoy. Mi hermano está íntimamente metido en Dios y es muy consciente de su vocación y de su misión. Son cosas distintas.

La carta es una auténtica homilía (además de monje, es sacerdote) en la que mi hermano, como siempre hace, habla con la libertad de un alma enamorada (de Cristo, se entiende), y me ha traído recuerdos a la memoria.

Cuando tenía ocho o nueve años, yo quería ser misionero. Leía entonces una revista que nos repartían las monjas de mi colegio y que, si no recuerdo mal, se llamaba Aguiluchos, donde se explicaban las andanzas de mi santo patrón, San Francisco Javier, y yo me identificaba mucho con él. En aquellos años estaba seguro de que Dios había pensado en mí para una misión especial.

Después, entré en la adolescencia, creo que hasta los 30 años más o menos, y una nube negra devoró cualquier pensamiento sobre vocaciones y misiones infantiles. A los 22 años me casé y asumí como por inercia mi rol de esposo, profesional y, después, padre. Nada nuevo bajo el sol.

De pronto, sin saber cómo ni porqué, volví a experimentar la misma sensación de ser llamado a algo…, a algo más. Lo de misionero quedaba ya lejos, y me puse a buscar. La búsqueda, con altos y bajos, duró varios años. Nada me convencía hasta que di con algo que me pareció nuevo y que coincidía exactamente con lo que yo, sin saberlo, quería.

Todo lo que había encontrado en mi intento de responder a esa llamada se centraba demasiado en la capilla, en el altar, en la parroquia. No tengo nada contra ellas, claro, pero veía que me iba a resultar muy difícil pasar allí muchas horas. No me veía, la verdad.

En cambio, lo que iba leyendo de esa espiritualidad (que ya había conocido antes sin hacerle caso alguno) conducía a una conclusión que para mí fue una auténtica revolución: tu esposa, tus hijos, tu trabajo, tu deporte, tu vida social, tu diversión, tus cervezas, tus aficiones, tus dificultades, tus bienes, todo lo que haces y tienes, en lugar de ser una rémora para tu crecimiento espiritual, son el camino para lograrlo. No hace falta que te recluyas en la capilla para ser santo… o intentarlo, claro.

Me pareció espectacular entonces y me lo sigue pareciendo ahora. De hecho, hoy mismo me invitan continuamente a muchas actividades buenas que consisten en “retirarse”, digámoslo así, a la capilla, huir del mundo, adorar. Y bienvenidas sean, que buena falta hacen, pero a mí lo que me atrajo del Opus Dei fue, junto a eso, poder rezar bañando a un hijo, comiendo en un parque, pedaleando en la bicicleta, escribiendo una demanda, soportando el desplante de un cliente o intentando aislarse en el salón de casa con la tele encendida y siete pantallas destelleando, entre otras cosas.

Recuerdo que un familiar muy próximo y algo alejado de la Iglesia me dijo un día, después de conocer a un miembro de la Obra un tanto excéntrico: “Este tipo es la prueba de que en el Opus Dei cabe todo el mundo”. Y este fue otro elemento que me atrajo. Cada cual en su circunstancia puede recorrer su propio camino de vida interior.

Y eso que yo no soy ningún ejemplo. Una de las grandes paradojas de mi vida es que pocas veces me reconocen como lo que soy y quiero ser. Durante toda mi vida he oído: “pues tú no pareces del Opus”, que es justamente lo que me gustaría parecer. Aunque eso me pasa en otros órdenes de la vida. Me han dicho también muchas veces que no parezco abogado, y más todavía que no parezco catalán. Aunque el mejor piropo me lo lanzó una buena amiga mía y moderadora del Fert cuando me dijo: “tú, Javier, aunque eres varón, tienes alma de mujer”. En el fondo, estoy encantado de no responder a estereotipos, que en gran parte proceden de la ignorancia.

En fin, esta desnudez biográfica del post de hoy viene a cuento de la carta de mi hermano monje (iba a decir santo, que es lo que me sale cuando pienso en él). A lo mejor también de la copa de bourbon que me estoy tomando, quién sabe.

A lo que iba, mi hermano, además de vocación, tiene misión. Su misión consiste, como él mismo explica en la carta, en mostrar el rostro de Cristo a los pobres y abandonados. Y es cierto. Puede parecer petulante, pero decir otra cosa sería falsa humildad porque, en efecto, en su rostro se descubre a Cristo, y casi no hace falta ni que hable. Por eso, porque tiene clara su misión, no puede ni quiere dedicarse a otra cosa. No puede distraer la atención. Una hija mía le pidió si le podía casar y él declinó amablemente. A mí me encantó que lo hiciera porque casar sobrinas no es su misión. De hecho, ahora está en Kansas llevando la luz de ese Cristo que su rostro refleja a presos y a familias destrozadas.

Salvando las distancias -que, como se colige, son muchas-, a mí me pasa algo parecido. Una vez descubierta mi vocación, sin yo buscarla, más bien resistiéndome, di con mi misión, y no quiero distraerme. Mi misión es la familia: la mía y la de toda la humanidad. La vida me ha llevado a ella y yo quiero servirla. Gracias a Dios, esta misión la comparto con muchos.

Por eso, porque tengo vocación y tengo misión, cuando me invitan a otras actividades e iniciativas de vida interior, de apostolado, de influencia social o de lo que sea, todas ellas muy buenas, declino amablemente, aunque muchas veces no me entiendan, porque no es mi camino y no quiero dispersar energías (¡mi gran tentación!). Lo tengo claro.

¡Qué bueno es tener una vocación… y una misión (o varias, que hay quien tiene mucha capacidad) en esta vida!

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Colas

05 domingo Ene 2020

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Normalmente, en mi casa prefieren que yo no vaya a comprar porque soy un consumidor bastante ingenuo y los vendedores expertos me suelen colocar todo lo que quieren. Se ha dado el caso de ir con un encargo específico y volver con varias cosas y sin el encargo que tenía. Cosas de la vida.

Tampoco soy muy dado a recordar las tiendas. Mis hijos aún se ríen de cuando, en el Paseo de Gracia de Barcelona, pregunté por una librería a la que estaba seguro de haber ido unos meses antes y nos dijeron que había cerrado unos diez años atrás.

Pero llegó el temido momento de las compras, y fui. No solo, claro. Con mi mujer, y ahí ya cambia todo. Si lo sabes enfocar, es un momento matrimonial de alta intensidad. No deja de admirarme la habilidad que tiene para saber qué hay que comprar y cómo hacerlo. A ella no parece abrumarle, como a mí, la concentración de reclamos para la vista, el oído y el olfato que supone entrar en unos grandes almacenes. El efecto parálisis que a mí me invade no parece generarse en ella.

De todos modos, este año he salido triunfante. Y hasta me lo he pasado bien. Pensaba que no tenía ninguna aptitud -la actitud sí procuro ponerla- y he encontrado una especialización que se me da francamente bien: hacer colas.

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