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Familiarmente

~ Ser y vivir en clave de familia

Familiarmente

Publicaciones de la categoría: Familia y sociedad

1-0

28 jueves Sep 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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La verdad es que no pensaba escribir más este mes, y menos de este tema, pero mi mujer se ha ido a cenar con sus primas y cuñadas y yo, después de ayudar a mi hijo a terminar los deberes, he sentido el impulso de escribir. Me pasa a menudo: cuando algo sucede, me pongo a escribir.

Y qué quieren que les diga, a mí lo del 1-0 me da mala espina. Si, por lo menos, le quitaran el guion, podría confundirse con un 10, que representa la excelencia en muchos ámbitos de actividad social y académica. Pero con el guion, que es como se presenta, evoca a un resultado deportivo en el que uno necesariamente gana y otro necesariamente pierde. Y no me gusta.

No me gusta porque tengo amigos en los dos equipos. Es verdad que tengo más amigos en un equipo que en otro, pero, como explicó Kant, en términos de dignidad humana, no existen cálculos matemáticos ni comparativos posibles: cada vida, cada persona, es un absoluto.

Aunque aquí no hablamos de vidas, ¡espero!, sino de trayectorias vitales. Y, como cada uno tiene su biografía lingüística, cultural, geográfica y emocional, cualquier opinión merece respeto. Lo que no merece respeto, ni siquiera atención, es la demagogia y el sofisma en que nos tienen apresados nuestros políticos y agitadores de masas, tanto más cuanta mayor es la ignorancia…, que, últimamente, es mucha.

A lo que iba. A mí no me gusta que mis amigos pierdan, aunque otros amigos, o yo mismo, ganemos. Salvo en el juego, claro, que para eso está diseñado. Bien mirado, todo lo que está pasando… ¿No es como un juego? ¿No parece irreal? ¿No es increíble? ¿De verdad vale tanto un pedazo de tierra, de historia, de cultura, o nuestra vinculación con ellas -de los de fuera y de los de dentro- como para que nos peleemos de esta manera tan incomprensible?

A mí me sucede un fenómeno curioso: allá donde voy me siento como en casa. Viajo bastante y tengo la gran suerte de topar con grandes personas (lo habitual, vaya) que tienden a hacerme la vida agradable, aunque a veces el idioma nos distancie un poco, muy poquito, porque siempre suple el corazón. A lo mejor es desapego, desafección, como dicen ahora.

Pero yo no lo creo porque mi gran apego, mi gran afección son las personas, sobre todo las de mi familia: ¡ésa sí es mi tierra, esté donde esté! (y alguna, créanme, está muy lejos de aquí). Así que, como todo lo que está pasando estos días me parece una quimera y no puedo entenderlo, el día 1 de octubre me dedicaré a lo verdaderamente importante: mi familia.

Haré el propósito de sonreír a cuantos me encuentre en el camino, del equipo que sean y cualquiera que sea el resultado del partido. Llamaré a una tía mía muy querida que cumple 80 años. Es catalana y estará fuera de Catalunya ese día, visitando a un hijo suyo, como Dios manda. Felicitaré a una cuñada mía que también cumple años ese día (muy poquitos, creo, muchos menos que yo). Iré a Misa, como hago los domingos, con los que puedan venir de mi familia. Tendremos una comida familiar, compartiremos experiencias, reiremos y haremos una fantástica sobremesa entre cabezadas y cabezonadas. Seguiré por wassap las peripecias de mi familia de fuera… y de dentro, que algunos wassapean con tanta intensidad que a veces ya no sé si vivo mi vida o la suya. Iré a visitar a mi padre, que enviudó el año pasado y vive ahora solo. Probablemente, allí me encontraré con alguno de mis hermanos y comentaremos los eventos del día. Intentaré hacer algo de deporte en algún momento. Y ya por la noche, procuraré enterarme de las cosas secundarias a mi familia, como el lío ese del 1-0 que están organizando, y me iré a dormir esperando el día 2, que, por razones que ahora no vienen al caso, es para mí mucho más importante que el 1.

Feliz fin de semana.

P.D.: Para los de fuera de España que no hayan entendido nada (¡como yo!), 1-0 significa 1 de Octubre, el día en que algunos quieren concebir la independencia de Cataluña (aquí la escribo con «ñ» para compensar, que arriba la escribí con «ny»).

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Miradas

09 sábado Sep 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Romano Guardini escribió un librito titulado “El comienzo de todas las cosas” en el que sostuvo que el paraíso terrenal está a nuestro alcance y cuya tesis me inspiró para escribir el primer capítulo de mi último libro. Resumidamente, la argumentación del autor es la siguiente.

Hay días en que todo parece salirnos mal y otros en que todo va sobre ruedas. Pero el mundo de ayer era el mismo de hoy. Las cosas no han cambiado, ni las personas que nos encontramos. La misma maquinilla de afeitar, el mismo autobús, el charco en el mismo lugar, nuestro ordenador de siempre, el mismo compañero de trabajo que ayer nos eran favorables hoy parecen volverse contra nosotros.

¿Qué ha cambiado?, se pregunta Guardini. Nosotros. Nuestro estado de ánimo, nuestro humor, nuestros pensamientos, nuestra mirada al mundo exterior. Ayer estaban serenos y equilibrados; hoy están tensos y en zozobra.

Sucede, y aquí está el secreto, que, si cambiamos nosotros, cambia el mundo. Las cosas exteriores, el mundo, no se dan en la abstracción, no son algo extraño a nosotros. Mi mundo no es el tuyo, aunque parezca serlo. Para cada cual su mundo consiste no en las cosas exteriores, sino en su relación con ellas. Mi ordenador no es un ordenador cualquiera, sino el que yo quiero ver en cada momento. Es mi mirada la que hace, la que construye ‘mi’ mundo, el lugar en que voy a habitar hoy, aquí y ahora. Es decir, si yo estoy diferente, las cosas se me darán de manera diferente.

Esta tesis le permite concluir que, si el ser humano que se encuentra cada día con el mundo es un ser alegre, libre, equilibrado, respetuoso, lleno de vida y de ganas de vivir, optimista y volcado en los demás, el mundo que saldrá de su mirada, de su sentimiento, de su visión, será… ¡el paraíso!

José Antonio Marina nos puede ayudar a describir esa mirada de la que habla Guardini: “A mis alumnos les digo que las cosas no nos aburren porque sean aburridas sino que, porque somos aburridos nos aburren. Y es que ante una mirada pasiva las cosas se repiten, aunque sean nuevas y maravillosas. Por eso, lo que caracteriza, en último término, a la inteligencia creadora es la libertad para decidir en cada caso el significado que quiere que tengan las cosas”

En efecto, la realidad depende de nuestra mirada, porque nadie que no sea una almeja mira ni piensa en el vacío emocional. Una mirada activa y alegre es lo que hace falta en estos momentos de tensión postvacacional y de comienzo de un curso políticamente tenso en nuestro país y azotado por guerras y catástrofes naturales en otros.

Una mirada generosa, que no se deje influir demasiado por las circunstancias y que sea capaz de descubrir las necesidades de los más próximos para hacerles la vida un poco más agradable. Una mirada capaz de separar lo personal de lo colectivo, la persona de sus ideas, el individuo del grupo.

Puede servir de guía la recomendación de Unamuno a su sobrino en su opúsculo “¡Adentro!”: No quieras influir en eso que llaman la marcha de la cultura, ni en el ambiente social, ni en tu pueblo, ni en tu época, ni mucho menos en el progreso de las ideas, que andan solas. No en el progreso de las ideas, no, sino en el crecimiento de las almas, en cada alma, en una sola alma y basta (…) coge a cada uno, si puedes, por separado y a solas en su camerín, e inquiétalo por dentro, porque quien no conoció la inquietud no conocerá el descanso. Sé confesor más que predicador. Comunícate con el alma de cada uno y no con la colectividad.

En los días que vivimos y en los que se avecinan en Cataluña, en que la demagogia impera y las personas van a ser, ya lo están siendo, manipuladas, instrumentalizadas y confundidas con los grupos, ideologías y colectividades, reducidas a un número o, peor, a un solo aspecto, a una sola idea y des-personalizadas, es de vital importancia tener y ejercer la convicción de que, al final del camino y se defienda la postura que se defienda en el debate político omnipresente, lo que queda no son pueblos ni naciones ni países, sino personas. Personas que merecen siempre y en toda circunstancia respeto…, aunque lo que de verdad necesitan es amor. Y más cuanta más hostilidad muestren. La regla de San Juan de la Cruz no admite excepciones: donde no hay amor, pon amor y sacarás amor. Así podremos llegar a cualquier lugar y, en la meta, cualquiera que sea, nos volveremos a encontrar las personas de siempre, paseando, trabajando, comprando el pan o mandando un wasap, con la mirada alegre, confiada y distendida.

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Ramblas

18 viernes Ago 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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En el mes de julio del año pasado escribí dos entradas sobre actos terroristas. La primera, el 6 de julio, después de los atentados de Estambul y Bagdad, ¡tan lejanos!, con más de 50 y de 200 fallecidos, respectivamente, reclamando un esfuerzo a la sociedad occidental ‘bienestante’ para empatizar con el dolor ajeno. La segunda, el 20 de julio, después del atentado de Niza, ¡tan próximo!, intentando entender (aún sin comprender) la monstruosidad y crueldad a que puede llegar el ser humano e insistiendo en la importancia del papel de la familia para evitarlo.

Hoy no puedo escribir sobre otra cosa. ¿Puede alguien hacerlo? El terror ha azotado inmisericordemente el corazón de mi ciudad. Una ciudad que es en sí misma una patria. Somos muchos los barceloneses, de nacimiento, de adopción, de profesión o de simple emoción, que nos sentimos eso, ciudadanos de Barcelona, nada más…, nada menos. Ser ciudadano de Barcelona es ser ciudadano del mundo, de la humanidad entera, que es exactamente donde queremos estar.

Paradójicamente, el atentado más cruel de los que ayer ensombrecieron el verano se ha ejecutado en la Barcelona culturalmente más islámica, comenzando por el nombre del lugar, las Ramblas, que procede del árabe clásico ‘ramlah’ (arenal), y es el lecho por el que discurren las aguas pluviales que caen copiosamente. En Barcelona y muchas otras poblaciones pasó a designar la calle ancha, con árboles y andén central por el que, junto con el agua, discurre también la vida de la ciudad… y, en Barcelona, del mundo entero.

Ayer corrió la sangre por nuestra Rambla. Una sangre de todas las razas, religiones y lugares que, si sabemos encauzarla, dará nueva savia a los árboles que contemplaron la tragedia y regará el mar, que siempre recibe el agua de las Ramblas para llevarla a otras lejanas costas, donde hacer florecer lo imprevisible.

En las películas, la sangre inocente clama venganza. En la política, genera declaraciones y condenas. En la sociedad, exige justicia. En los diversos foros y organismos, impone minutos de silencio.

En este blog no habrá venganza, ni condena, ni justicia, ni minutos de silencio.

Habrá -la hay ya en este momento- una oración profunda y triste, sencilla y esperanzada, que irá al encuentro del corazón herido: el de los fallecidos, que no mueren en el aparente silencio de los muertos, sino que viven en el más alto Diálogo imaginable; el de los heridos y familiares, que no buscan condena ni justicia, sino el calor de una mano amiga y de un corazón cercano que ayuden a soportar el desgarro del alma y de la carne; y también el de los que, directa o indirectamente, han sembrado el terror tan sin sentido, porque solo así, sin venganza, podrán encontrar algún día el camino de vuelta a la condición humana que con tanto sadismo han repudiado.

Escribo ante una imagen de Nuestra Señora de la Merced, Mare de Déu de la Mercè.

Princesa de Barcelona, ¡proteged nuestra ciudad!, ¡protegiu nostra ciutat!

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Qué es familia

22 sábado Abr 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Hace unos meses tuve ocasión de leer una conferencia que, bajo el título, hoy casi provocativo, de “¿Qué es una familia”? pronunció Fabrice Hadjadj, filósofo, director de la Fundación Anthropos, en Lausanne (Suiza).

En ella, el profesor Hadjadj constataba que existe un consenso generalizado en considerar a la familia como lugar del amor, lugar de la educación y socialización primera y lugar del crecimiento de la personalidad autónoma y respeto de las libertades.

Sin embargo, explicaba el autor, siendo ciertas todas estas afirmaciones, este enfoque desde sus características, sus competencias, sus deberes y derechos, en síntesis, desde su eficacia, se revela insuficiente y nos acaba distrayendo de lo esencial: el ser del hijo y de los padres.

Y buscando la familia perfecta podemos acabar topando con el perfecto orfanato o el centro de acogida más excelso, donde, ciertamente, priman el amor, la educación, la libertad.

El error básico consiste en considerar a la persona como mero individuo, no como hijo, no como ser familiar, con lo cual corremos el riesgo de proponer una familia ‘desfamiliarizada’, en la que lo primordial no sea el ser sino el bienestar. Y, en este terreno, las organizaciones, los centros de acogida, atendidos por especialistas y expertos, estarían siempre en mejores condiciones de educar con mayor eficacia ‘individual’ y ‘social’ que nosotros, los padres de la criatura. Incluso, llevado al extremo, cualquier otra pareja, de dos hombres, dos mujeres o mixta, o cualquier grupo entrenado podría ser capaz de dar a mis propios hijos un amor más perceptible, una instrucción más esmerada y unas cotas mayores de autonomía y libertad que las que mi mujer y yo podríamos proporcionarles.

Si analizamos la familia desde el ser “hijo-de” y “padre-de o madre-de”, las características analizadas adquieren una tonalidad distinta.

  • El amor es un amor sin preferencias y sin elección, porque a nuestros hijos les queremos por el hecho de serlo, por lo que son y no por lo que tienen o aportan. Ni siquiera, en nuestra familia, son el objeto de nuestro deseo directo, porque nuestro deseo primero y primordial era (¡y, en mi caso, desde luego, sigue siendo!) su madre, y ellos fueron un regalo que nuestro amor generó. Como explica Hadjadj: “Cuando un hijo dice a sus padres: “Yo no elegí nacer”, los padres siempre pueden devolver el cumplido: “Nosotros tampoco, no te hemos elegido, nos has sido regalado y tratamos de cambiar nuestra sorpresa en gratitud “.
  • La educación se recibe en la familia desde una ‘autoridad sin competencia’ (que se ha de ir adquiriendo con el tiempo), es decir, a pesar de mis debilidades y carencias, y
  • La libertad responde a unos lazos que no se pueden anular y que generan una red de relaciones que nos desbordan y no forman parte del proyecto original (¿acaso alguien pensó en su suegra, y después abuela de sus hijos, como ‘proyecto vital’?).

La consideración de la familia como “elemento natural y fundamental de la sociedad” (definición del art. 16.3 de la declaración Universal de Derechos Humanos) nos sitúa ante una realidad que nos antecede. La familia, en efecto, estaba ahí antes de que se desarrollara la Sociedad, el Estado y cualquier institución humana, y se encuentra en el principio exacto de cada vida humana concreta. La familia es “fundamento” y, como tal fundamento, no se puede “fundar”: es ella la que funda.

Por eso, acaba diciendo el profesor Hajdajd (perdón por la larga cita, pero no me veo capaz de resumirla con palabras más acertadas), la familia es el lugar de la resistencia: “Resistencia a la ideología, al pensamiento políticamente correcto, a la programación. La familia es la comunidad de origen, dada por la naturaleza y no sólo establecida por convención. Por lo tanto, ofrece siempre, por su anclaje sexual, un contrapunto al artificio, y proporciona espacio para lo que podríamos llamar una verificación. El político puede cultivar su imagen pública, mostrar su mejor perfil en las redes sociales, pero, ¿cuál es su rostro en lo privado, ante su mujer y sus hijos? El gran Hércules, que derrotó a los monstruos, es patético ante Deyanira. El joven genio, que irrumpe en las pantallas, se avergüenza de ser visto con su papá y su mamá, que dan fe de su origen común. La voluntad de poder es siempre contrariada por la proximidad familiar. Por eso, tanto los totalitarismos como el liberalismo, los controles tecnológicos, o el fundamentalismo religioso, siempre empiezan por poner a la familia bajo tutela, antes de intentar destruirla”.

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Disforia LGTBI

01 sábado Abr 2017

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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A partir de Descartes ha ido evolucionando una corriente de pensamiento que ha situado la condición de persona en la voluntad, la razón y la libertad desnudas, es decir, en la parte espiritual del hombre. Esta corriente se ha ido radicalizando hasta el punto de negar cualquier significación a la parte corporal, que se comprende como algo extraño a la persona, con la que se puede hacer lo que se quiera según los deseos del espíritu. Por el contrario, otra corriente, en la convicción de que el cuerpo humano es portador de un mensaje ético que conviene atender, ha insistido en la unidad inescindible de cuerpo y espíritu y considera que la condición de persona reside en una razón, una voluntad y una libertad capaces de interpretar ese mensaje del cuerpo que invita a conducirse en la vida conforme a ese todo que forma la persona y no obedeciendo solo a una de sus dimensiones.

La primera doctrina justifica el suicidio y la muerte programada (mi cuerpo no soy yo, sino algo, una cosa que poseo y con la que hago lo que quiero) y niega la condición sexuada del ser humano (es mi yo espiritual quien decide el género que impondrá al cuerpo que posee). La segunda tesis opta por la vida en cualquier circunstancia (el instinto de conservación, que procede del cuerpo, me indica que he de luchar por mantenerme en la vida) y afirma la condición sexuada del hombre y la mujer (mi naturaleza corporal muestra una complementariedad biológica que he de procurar integrar en mi espíritu). Naturalmente, ambas aceptan que hay casos problemáticos que generan dilemas morales de difícil solución y que hay un amplio ámbito de ejercicio de la libertad personal que pertenece al terreno de lo moral y no de lo legal.

La primera corriente parece haberse instaurado, y normativizado, en nuestro país de manera acrítica como pensamiento dominante. Se ha impuesto una suerte de dictadura ambiental que impide discrepar. Se han aprobado leyes en distintas Comunidades Autónomas de distinto signo político (Galicia, Catalunya, Madrid…) que mutilan la libertad, sancionan la discrepancia, obligan al estado a tomar partido por una ideología concreta -la denominada LGTBI, por ejemplo, imponiendo colocar en los edificios oficiales la bandera arcoíris en los días de celebración del orgullo gay-, imponen el adoctrinamiento infantil sin contar con la opinión de los padres, etc. Algunas de las ideologías del siglo XX que tantos sufrimientos causaron empezaron con medidas de este estilo, en una connivencia y confusión entre ideología, estado y democracia que intentó zanjar la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Y todo ello se está edificando sobre la base de un constructo intelectual altamente problemático: la llamada ‘disforia de género’. Este palabro, ‘disforia’, procedente de la Psicología y que todavía no recoge el diccionario de la RAE, es el antónimo de ‘euforia’ y significa ‘emoción desagradable o molesta, como la tristeza, ansiedad, irritabilidad o inquietud’.

En algunas de las leyes comentadas se recoge el derecho de quien sienta ‘disforia de género’ a exigir, sin más comprobación, que le dejen acceder a baños e instalaciones tradicionalmente reservadas para uno de los antiguos sexos (varón o mujer), al tiempo que se prohíbe (con las sanciones oportunas) a todo profesional de la psiquiatría o psicología realizar tratamientos que la ley, con gran carga ideológica, tilda de ‘aversión o conversión de género’. Es decir, un ciudadano puede estar incómodo (disfórico) con su sexo y exigir un cambio de sexo (por supuesto, las leyes establecen el deber del estado de cubrir estas operaciones), pero no puede estar ‘disfórico’ con su tendencia u orientación sexual y acudir a un tratamiento psicológico que le ayude a conciliarla con su sexo.

La conclusión es inevitable. Ahora que parece haberse descubierto la fuerza de la ‘disforia’ en la configuración personal, ¿por qué detenerse en el denominado género? Me pregunto: ¿puede un hombre que mide 1,60 estar disfórico con lo que su cuerpo le indica acerca de su altura y exigir que le cuenten como de 1,65, talla mínima para acceder a algunos cuerpos de seguridad del estado? ¿O alguien sentir ‘disforia de edad’ y exigir que le tengan por un niño de 7 años para entrar gratis a los museos o volver a ser penalmente inimputable? ¿Puede un ciudadano sentir ‘disforia de actividad’ -lo que antes se llamaba pereza- y exigir que le paguen el doble que a los demás porque eso, el doble, es lo que le cuesta a él ponerse a trabajar? ¿Dónde está el límite? ¿Quién lo decide? Y, lo más importante, si me doy cuenta de que algunas de estas disforias no me convienen y pienso que es mejor acomodar la vivencia de mi espíritu a lo que mi cuerpo me muestra, ¿no tengo la libertad para hacerlo? ¿No puede un psicólogo ayudarme a descubrir que es mejor la diligencia que la pereza, aunque con esta no haga daño a nadie?

“Los sueños de la razón producen monstruos”, advirtió Goya.

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Corazones rotos

15 martes Nov 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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Hoy voy a escribir sobre un tema difícil pero inevitable que todos hemos de afrontar alguna vez en nuestra vida: el dolor incomprensible.

No me refiero a las penas y contradicciones ordinarias con las que, quién más quién menos, todos aprendemos a convivir. Me refiero al gran desgarro, al más intenso sufrimiento, a aquel que no se puede entender, que rotura nuestras más profundas estructuras y, cuando golpea, parece imposible superar. Me refiero a la pérdida de un hijo, de un marido, de una esposa o de una madre en la plenitud de la vida.

Leí en algún sitio que aquí, en la Tierra, estamos demasiado cerca del dolor, excesivamente pegados a él como para poder vislumbrar la otra cara del sufrimiento, la cara que no vemos, la que está oculta a nuestros ojos, la que solo se ve desde el Cielo. Para entender el sufrimiento solo hay un camino, un camino que parece una paradoja: abrazarlo. Solo así se logra apenas acariciar la otra cara del dolor, la que mira al Cielo y solo Dios conoce. Solo así las manos pueden recibir la luz imperceptible pero cierta que irá invadiendo la persona toda con la humilde suavidad de las cosas grandes. Una luz serena, incluso, con el tiempo, alegre, porque cabe alegría incluso en el dolor.

Abrazarlo, sí, pero no dejarse abrazar por él. Leí también en algún lugar que un alma desgarrada tiene tres salidas para evitar quedarse atrapada en el dolor: hablar, llorar y rezar. Hablar con quien sepa escuchar y pueda entender el dolor ajeno hasta donde esto sea posible; llorar todas las lágrimas interiores y exteriores que quiera verter nuestro amor; rezar con toda la fuerza de que seamos capaces. Hablar, llorar, rezar. Tres salidas para el dolor: boca, ojos, corazón.

Conocí a una madre que trajo varios hijos al mundo consciente del riesgo de que desarrollaran una enfermedad congénita de pronóstico reservado. Un día, alguien poco delicado le dijo: “¿por qué tienes hijos si sabes que se pueden morir en su infancia o juventud?” Ella sonrió y contestó con serenidad: “Traigo mis hijos a la Tierra, pero su último destino es el Cielo”.

Fue una respuesta valiente que escandalizó a más de uno. A mí me evocó unas misteriosas palabras de Santa Teresa: “sabe el Señor lo que puede sufrir cada uno, y a quien ve con fuerza, no se detiene en cumplir en él su voluntad”.  Palabras misteriosas, ciertamente, porque el dolor es un misterio. Pero no olvidemos que, como enseñó Romano Guardini, el misterio es “una medida sobreabundante de verdad, una verdad mayor que nuestras fuerzas. El misterio no está para que el hombre lo resuelva y, de ese modo, lo haga desaparecer, sino para que el hombre se ponga en concordancia con él, respire en él, eche raíces en él”. Probablemente, Santa Teresa se inspiró en el sufrimiento, incomprensible para ella, del amor de su vida, Jesucristo, en su Pasión.

Lo sé, he tenido que recurrir a la fe. Fuera de ella, lo admito, hay grados de sufrimiento difíciles de abrazar. Y en ella, aunque se abrace -que nadie se engañe-, hiere con la misma intensidad.

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Monstruos

20 miércoles Jul 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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En uno de los grabados de la serie Los Caprichos, de Goya, se puede leer la famosa frase: “El sueño de la razón produce monstruos”. El propio Goya la explica en el manuscrito que se conserva en el Museo del Prado: «La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas».

La fantasía, la utopía, la pasión incontrolada, en efecto, producen monstruos. Pero las mismas facultades unidas a la razón generan bien, verdad y belleza.

Después de los atentados de Niza, todos hemos oído y utilizado las expresiones habituales: es una salvajada, una bestialidad, ¿cómo puede hacer esto un hombre?

Solo el ser humano puede transformarse en un monstruo

Y, precisamente, ahí radica parte del problema, en la dificultad que a veces tenemos para aceptar que solo el hombre es capaz de una barbarie semejante. El animal, la bestia está limitada y condicionada por su propia estructura biológica, que sigue a ciegas, respondiendo siempre de la misma manera a los mismos estímulos. Por eso, el animal nunca se transforma en un monstruo: su propia naturaleza se lo impide. No mata por matar; no acumula riqueza por capricho…

Por el contrario, el ser humano es capaz de lo más alto y de lo más bajo, de lo más loable y de lo más despreciable, de lo más noble y de lo más mísero. Porque su naturaleza no es mera biología, sino cuerpo y espíritu: tendencias biológicas, sí, pero también afectos, emociones, pasiones, y, con ellas, razón, memoria, voluntad. “Inteligencia deseosa” o “deseo inteligente”, como decía Aristóteles.

El dominio de la pasión

Cuando la pasión, cualquier pasión, se separa o se apodera de la razón, produce monstruos capaces de generar el máximo mal posible, el dolor más profundo.

Los santos y héroes de la humanidad han sido grandes apasionados, pero no han renegado de su condición humana, no han vivido ni actuado de espaldas a la razón. El peligro no está en la intensidad de la pasión —un hombre sin pasiones no es un hombre—, sino en la usurpación del papel de la razón por parte del sentimiento. Cuando el sentimiento asume un rol que no le corresponde y dirige a la persona, la razón se pone a su servicio y puede concebir un monstruo inteligente.

¿Cómo evitar que la fantasía humana o la pasión desmedida (¡tan humana!) se separen de la razón?

La familia como antídoto

Apunto un camino: la familia. La familia, sobre todo cuando es estable, nos da la identidad personal, nos ubica en el mundo, nos humaniza. La familia nos otorga la filiación, nos sumerge en la fraternidad, que es la base sobre la que se edifica la futura solidaridad.

En la mayoría de los casos, si se sigue la biografía de un terrorista, de un ‘monstruo’ humano, se descubre un momento en que se produce una ‘desafiliación’, una desafección familiar, un apartamiento. Al asesino de Niza le recuerdan sus vecinos como “solitario, silencioso, cerrado, aislado y de pocos amigos”.

Y el ser humano solo, sin lazos familiares, sin vida de familia compartida se encuentra perdido, no sabe quién es y busca un ‘lugar’ al que afiliarse, hacerse hijo, miembro de un grupo. Y ahí están las organizaciones terroristas, al acecho, para darle un cobijo, un techo de identidad compartida, despertando hábilmente alguna pasión que dirija y controle su vida a expensas de la razón.

Dolor

06 miércoles Jul 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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 Martes, 28 de junio. Cuarenta y tres muertos y más de doscientos heridos en un ataque suicida del terrorismo yihadista en Estambul. Una protesta, algún aspaviento, un suspiro, comentarios de rutina, imágenes en la retina ya medio olvidadas… Hace apenas una semana y ya es un vago recuerdo, sepultado por otras más de doscientas personas que encontraron la muerte en Bagdad antes de ayer, lunes, 4 de julio.

Me ha venido a la cabeza este versito de mi juventud:

Esas lágrimas que viertes
pueden al mundo salvar
si son gotas de una fuente
con que lo puedas regar.
Mas, si son lágrimas solas,
deja de lloriquear,
que ya tiene quien le llora
sin que le sepa aliviar

No es fácil hacer algo desde tan lejos. ¡Hay tantas causas por las que luchar! Sin embargo, hay una tarea pendiente en muchas familias y en muchos de nosotros: la educación sentimental. Consiste, básicamente, en lograr la que Alejandro Llano denomina “libertad emocional”: “la integración positiva de los sentimientos y pasiones en la recta comprensión del mundo y de uno mismo”. Es decir, sentir las cosas como son, que nos parezca y sintamos como bueno lo que es bueno y como malo lo que es malo.

Un primer paso es que lo verdaderamente importante no pase desapercibido ni resbale por nuestra piel encallecida, no vaya a suceder que sintamos más próxima y dolorosa la muerte de nuestro perro que la de doscientas personas. El dolor ajeno reclama algo más que un comentario. Exige, en primer lugar, tiempo. Un tiempo de reflexión, a solas, en tu habitación. Con esfuerzo emocional. Intentando poner el corazón para sentir el dolor y la tristeza que afligen a los supervivientes y a los familiares de las víctimas.

Consiste en hacerse poeta por unos momentos, intentar penetrar sus sentimientos, retener su angustia, capturar su desesperación, abrazar su impotencia y escribir un poema interior que nos ayude a ponernos en lugar del otro. Y, después, revestir la emoción de humanidad, no dejarla suelta ni encerrada en sí misma, dar sentido al sentimiento y transformar la rabia inicial en comprensión, incluso en amor. «Odia el delito, compadece al delincuente”, sugería Concepción Arenal.

Si se da este paso, la meditación personal, ya es mucho. El siguiente es compartirlo en familia, hacer ver a nuestros hijos que no pueden, no deben pasar de puntillas por el dolor ajeno, aunque sea lejano y casi imperceptible; que han de detenerse en él, no para recrearse, pero sí para ‘compadecer’ (padecer con) y acompañar, aun desde la distancia.

Esa es la libertad emocional, la capacidad de crear un sentimiento auténtico e integrarlo en nuestra biografía. La vida hará el resto, pues, como recordaba Julián Marías, “no se piensa con el cerebro, sino con la vida”. Ella, la vida misma, al “sentir” y no sólo conocer la verdad, nos indicará la causa que hemos de apoyar para que nuestras lágrimas no sean estériles.

Pactos

29 miércoles Jun 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

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El lugar del ser humano

Una de las ideas fuerza de este blog es que la familia es el lugar propio del ser humano y, por lo tanto, el referente de todas sus actuaciones. La empresa, la política, el ocio, el deporte, la cultura… y, dentro de ellas, cualquier grupo humano, ha de mirarse en el espejo de la familia ante las encrucijadas del destino si de verdad quiere respetar a la persona.

El lugar de la diversidad

La familia es, además, el lugar de la diversidad. En ella hay esencialmente un elemento que une: el amor mutuo. Lo demás es pura diversidad: edad, salud, formación, capacidades, intereses, horarios, preferencias de ocio, opciones políticas… Pero lo que une, siendo poco en extensión es mucho en intensidad. Básicamente, que el otro interesa, es querido por lo que es y no por lo que hace, tiene o aporta.

Presunción de inocencia

Por eso, los pactos son más fáciles en familia, porque, por un lado, se impone una auténtica presunción de inocencia: “incluso cuando se equivoca creo que tiene buena intención y busca mi bien y el de todos, no el suyo propio”. Más que nada porque pensar lo contrario es considerarme a mí mismo un egoísta, pues estoy convencido de que nadie en mi familia dudará de que yo también tengo buenas intenciones cuando, por error o por torpeza, hago daño a alguien, lo que, a veces y muy a mi pesar, ocurre.

Averiguar lo que une

Y, por otro lado, aquello que une en la familia es tan fuerte que constituye un mínimo común denominador, una base sólida sobre la cual se puede construir. A veces, no sucede así, y la familia acaba rompiéndose, pero si uno se empeña, acaba siempre descubriendo el punto de partida que une y desde el que se puede volver a edificar la relación.

En efecto, todas las familias han de integrar biografías diferentes, procedencias diversas, estilos particulares. Y esta armonización exige concesiones. No se trata de anular al otro, sino de encontrar el equilibrio que permita a cada uno crecer en el nuevo horizonte de libertad que ofrece la unión, sin ceder en lo esencial, pero adaptando lo secundario, hasta edificar la nueva personalidad que nos identificará y distinguirá como familia. Agustín de Hipona aconsejaba: “in necesariis, unitas; in dubiis, libertas; in ómnibus, caritas” (en lo necesario, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad).

Pactos para formar Gobierno

En España es la hora de los pactos para formar Gobierno, y también la familia puede servir de ejemplo: buscar primero lo que une (que suele ser más que lo que separa), partir de la buena intención de todos (si no se acredita lo contrario, que todo es posible) y empezar a construir a partir de estas premisas.

¡Lo siento! ¡Olvídenlo! No funcionará. Me olvidaba de algo fundamental, tanto en familia como en política: la humildad de saber perdonar los agravios, olvidarlos y reconocer que el otro también puede acertar, o equivocarse sin mala intención. ¡Ah, y la capacidad de rectificación!

¿O… incluso esto es posible también en política?

Familiarmente

24 viernes Jun 2016

Posted by javiervq in Familia y sociedad

≈ 38 comentarios

¡Por fin, el blog! Lo mío me ha costado. Primero, mentalizarme («es exigente», «te obligará a escribir periódicamente», «cada semana», «no, quince días», «has de ordenar todo lo que tienes escrito»…). Después, aclararme (menos mal que mi hija y mi sobrino me han dado una clase de urgencia). Por último, lanzarme.

Así que me he puesto. Y aquí está. Todavía en pañales. Sin experiencia. Sin contenido suficiente. Poco colorido. Con estética discutible. Todo se irá mejorando. De momento, empiezo, que ya es mucho, y el tiempo dirá.

Y lo hago en un fin de semana especial: brexit, elecciones en España, escándalos políticos. ¿Especial? No tanto. Cambia lo que tiene que cambiar. Lo inestable, lo epidérmico: británico, europeo, escocés, gibraltareño, catalán y español, Ciudadanos, PP, PSOE, Unidos-Podemos… ¿Qué grado de influencia tienen en mi condición personal?

Y permanece lo que ha de hacerlo. Mi familia, mis amigos, yo mismo. ¿O acaso ha puesto usted su personalidad en su opción política, o en el lugar de su nacimiento, o en su nacionalidad? Si así fuera, ¡qué triste! ¿No? Confundir el todo con la parte. ¿No es capaz usted de reconocer en sí mismo un fondo auténtico, que le hace ser quien es con independencia de dónde haya nacido, a quién vote y cuánto baje la bolsa?

El ser humano es un ser familiar. Nuestra identidad está en nuestra familia. De ahí este blog. Sin familia todo es más difícil. Si tiene un mal día, viva en clave de familia, «familiarmente», y todo volverá a su cauce.

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