Felices vacaciones

Hace un tiempo leí una entrevista a un lord inglés que ostentaba un alto cargo en la administración del Reino Unido. Ante el desconcierto de la entrevistadora, que no podía entender cómo alguien de su responsabilidad podía hacer un mes entero seguido de vacaciones, el lord, con toda su flema, le contestó: ‘Mire, señorita, ¿sabe qué me sucede? Que lo que puedo hacer en once meses no soy capaz de hacerlo en doce’.

Como hoy mismo me voy de vacaciones y no pienso perder un minuto en debatir si es mejor tomarse las vacaciones un mes seguido o varios días diseminados a lo largo del año, os dejo con este sugerente pensamiento y el regalo de un post breve. Y me despido hasta dentro de unas semanas.

¡Felices vacaciones!

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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Bodas y lluvias

Ayer, cuando volvía a casa, me encontré a una persona que, como es habitual en estos días de julio, hizo algún comentario sobre el calor. “Sí, pero dicen que va a llover”, le dije. “Sí, ¡pobres novios! -me dijo- Mañana tengo una boda”. “¡Anda, pues yo también, qué casualidad!”, pero, la verdad, en aquel momento no había pensado en las bodas, que, por cierto, eran diferentes. Y eso que, ahora que se me casa una hija, tendría que estar más sensibilizado con el tema…

Ahora mismo estoy sentado delante de la ventana. Mi mujer y mis hijas andan trajinando con todo lo necesario para la boda de esta tarde, que es de una buena amiga de mis hijas e hija de unos buenos amigos nuestros. Y, ahora sí, he pensado en la boda. La última a la que asistí fue también bendecida con una lluvia copiosa. Y hoy ha caído en Barcelona el diluvio universal. En este momento, el cielo parece haberse serenado y se ha refrescado el ambiente.

Me ha traído a la memoria la boda de un hermano mío, que todo el mundo recuerda por lo bien que se lo pasó, pues a la alegría y desinhibición propias de una fiesta grande se sumó la especial unión que las circunstancias excepcionales suelen generar que, en ese caso, fue una tormenta espectacular.

El salmo 68 de las Sagradas Escrituras reza así:

Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
allí se estableció tu familia,
y tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre.

En efecto, en la tradición bíblica y también en la humana de todos los tiempos, la lluvia es una bendición y cuando Dios promete vida, evoca a los manantiales, a la lluvia y a las fuentes.

Una hermosa manera de comenzar una familia, ¿no os parece? Porque una boda es precisamente eso: una lluvia generosa de entrega y unión; un manantial de agua que riega una tierra bien abonada; una fuente de alegría, de ilusión y de futuro.

La lluvia es algo más que un signo. Es una bonita manera de compartir con los demás el origen de la vida, para que todos los invitados puedan recoger alguna gota de esa energía vital que los novios han ido acumulando durante los meses previos a su entrega y hoy, con sol, con nubes o con lluvia, qué más da, irradiarán a todos los invitados.

Una boda es la oportunidad perfecta para crecer en el propio matrimonio, volverse a enamorar, recordar las promesas matrimoniales, pasárselo bien, reír y llorar y bailar (a quien le guste) y hablar y recordar y reencontrarse. En una boda hay que estar muy pendiente de lo esencial cuidando lo suficiente (sin obsesiones) lo accesorio.

Por lo tanto, mi consejo es: si hoy vas a una boda y llueve, aprovecha y recoge algunas gotas que rieguen tu propia vida. Yo ya lo he hecho, por si acaso no llueve esta tarde. Y si no llueve, no pasa nada, las gotas de agua pueden también ser espirituales.

¡Muchas felicidades a todos los novios de hoy, M y N, y de siempre!

Javier Vidal-Quadras Trías de Bes

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La familia, el rostro de lo humano

El fin de semana del 19-20 de octubre, la IFFD (International Federation for Family Development) celebra su congreso internacional sobre la familia bajo el título “La familia, el rostro de lo humano”, un congreso abierto a todo aquel que crea en la familia como hábitat humano. Quedan pocas plazas y un fin de semana en Londres es “familiarmente” muy aconsejable. Aquí os dejo el link: www.iffd.org.

Y, en efecto, desde cualquier punto de vista que se contemple, la familia es el rostro de lo humano.

La perspectiva biológica lo confirma cuando, sabiamente, permite que el cachorro de hombre, tan indigente en sus primeros años de vida, nazca del seno de una madre que lo ha llevado con amor consciente y muchas veces esforzado, y se encuentre con un padre dispuesto a ofrecer el mismo cuidado y mantener en la vida a ese ser que tardará años en ser autónomo y subsistente.

También la aproximación antropológica y pedagógica corroboran la necesidad de la familia, el entorno en que la naturaleza se hace cultura y donde el ser humano, como decía Karl Jaspers, puede llegar a serlo cabalmente. El padre y la madre tienen, en este sentido, afirma Fabrice Hadjadj, una autoridad sin competencia. El hijo tiene derecho a ellos, a recibir su formación humana de quienes un día decidieron darle la vida y están a priori en las mejores condiciones para hacerlo. Y tiene también derecho a que se formen y adquieran esa competencia que les transforme, en verdad, en los primeros, preferentes y mejores educadores.

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Familia sostenible

Una de las definiciones de sostenibilidad más citadas es la que propuso Brundtland en el ya lejano año de 1987: satisfacer las necesidades de la actual generación sin sacrificar la capacidad de futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades.

Han hecho falta muchos años para que fraguara una conciencia verdadera sobre la necesidad de hacer de nuestro mundo un mundo sostenible. Y aquí he de entonar el mea culpa, porque quizás yo soy de los retrasados en adquirirla. Y eso que esfuerzo ponía, pero a veces no acababa de cerrar el círculo. Por ejemplo, en nuestra casa, durante un largo tiempo, hemos estado discriminando la basura. Ha costado no poco esfuerzo. Incluso una de nuestras hijas dibujó un esquema de las basuras, que imantamos en la nevera, el punto de encuentro de toda familia numerosa. Poco a poco fuimos aprendiendo que aquello de nuestros padres de guardar cada cosa en su sitio había que completarlo con lo de tirar cada cosa en su lugar. Al final lo logramos. ¡Primer paso! Ah, pero el segundo fue mucho más arduo. No bastaba con echar cada desecho en su bolsa…, ¡había que llevar después cada bolsa a su contenedor! Eso nos costó un poco más y, durante un tiempo francamente paradójico, segregábamos en casa y agregábamos fuera. Esperpéntico, lo admito. Pero, lo hemos conseguido. La virtud no se suele adquirir en un día.

En cambio, en otros aspectos de nuestra vida, hemos intentado siempre ser muy sostenibles, y no nos va mal. Creo que, desde el punto de vista familiar, lo conseguimos en un alto grado.

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Design Holidays

Hoy, Loles y yo hemos hecho una excursión por un precioso valle del pirineo francés: el valle de Eyne. Era un día caluroso, pero el sendero, que ya conocíamos de otras veces, ascendía por la ribera de un arroyo de montaña alternando bosques y praderas. Como sé muy poco de botánica, no soy capaz de decir los nombres de las flores y plantas que ofrecían el indescriptible espectáculo de colores y formas que cada primavera se acercan a ver los mejores especialistas.

Durante los tiempos de silencio exterior que permite toda excursión he estado dando vueltas a las vacaciones de verano. Y las he conectado con un método de pensamiento para el cambio y mejora de las organizaciones que, por otros motivos, estoy aprendiendo últimamente. Se trata, básicamente y en lo que es trasladable a la familia, de intentar empatizar con el usuario para, partiendo de ese conocimiento y conexión, rediseñar tu propia realidad y generar un nuevo modelo de negocio que sea más eficaz.

Partiendo de esta base, he pensado que mi familia era también una cierta organización, aunque quizás es más acertado decir que es una NONG: “No Organización No Gubernamental”. Y el verano no deja de ser una época especial en que la organización, a veces, no acaba de funcionar como a uno le gustaría.

Por ejemplo, como se habrá deducido, me encantan las excursiones, pero mis usuarios, es decir, mis hijos y sus amigos, no acaban de estar de acuerdo en que esta sea la mejor actividad familiar. Hace unos años bautizamos algunas excursiones familiares como EFOs, que quiere decir Excursión Familia Obligatoria, con el propósito de blindar al menos una o dos excursiones a la semana.

Este año voy a intentar aplicar a mi familia el método que estoy aprendiendo. Por si a alguien le sirve, voy a intentar seguir los siguientes pasos:

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Tu verano en pareja… o no

Antes de entrar en materia, quiero daros muy sinceramente las gracias a todos por la increíble respuesta y difusión que ha tenido mi post anterior sobre Teresa Cardona. Fue un impulso del corazón, una exclamación más que una descripción, que el viento de las redes sociales, sin duda movido por el soplo de Teresa, ha difundido por todo el mundo. Muchas gracias de verdad. Teresa se lo merece.

Ahora, después de estos días tan extraordinarios, toca volver a lo ordinario. Y, sin embargo, este fin de semana ha sido también especial.

Mi mujer y yo hemos ido a Murcia, donde me habían invitado a dar una conferencia sobre el matrimonio. La ola de calor amenazaba con derretirlo todo, pero la experiencia ha sido inmejorable.

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Teresa: Dios sabe más

No la llegué a conocer muy a fondo. Cuando ella era pequeña, yo iba a jugar a su casa porque su hermano Javier era uno de mis ‘mejoresamigos’ en algunos años de primaria. Para demostrar que existió esa amistad que perdura, Javier (a quien mando un fuerte abrazo) y yo, cada vez que nos vemos, recitamos el teléfono de nuestros padres y nuestras fechas de nacimiento, aunque, como él dice, yo juego con ventaja porque su teléfono era muy fácil y él nació el mismo día que uno de mis hermanos.

Mientras escribo esto, Javier está volando a Abidjan, para repatriar el cuerpo de Teresa, fallecida en un accidente ayer mismo en Costa de Marfil.

Años más tarde, me la encontré inesperadamente en una reunión de Canigó, el colegio de mis hijas. La reconocí al instante. La sonrisa franca, la mirada limpia y transparente. Cruzamos unas palabras y enseguida detecté el sentido del humor característico de su familia (¡su padre me había dado clases de Derecho Político!). Después, fuimos coincidiendo en diversos eventos. Siempre atenta a todo, dispuesta a ayudar, sin querer hacer sombra a nadie, dejando que los demás brillaran, incluso con la luz que ella les prestaba. Ella fue asumiendo nuevas responsabilidades, acordes a su preparación y disposición. Ahora era subdirectora.

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Amor… y poco más

Hay un pensamiento que, a fuerza de repetición, se ha convertido en un lugar común al que se vuelve una y otra vez sin verdadero contraste: “hoy en día los jóvenes lo tienen muy difícil para casarse”, se dice. Se supone que la razón es económica.

Sin embargo, mi experiencia es que muchos jóvenes de hoy se emancipan mucho antes que los de hace unos años. La tendencia es irse de casa pronto, compartir un piso con un amigo o con varios, decidir con libertad el curso de la propia vida sin depender en exceso de la opinión de los padres o de las limitaciones que impone el dinero. ¿Por qué, entonces, lo tienen fácil para irse a vivir con un amigo y difícil para casarse? ¿Tan difícil es casarse, en lo material? ¿Qué hace falta para casarse? ¿Qué grado de seguridad económica se necesita? ¿Quién tiene la vara de medir?

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Noa

Me he retrasado en escribir el post y, antes siquiera de haber podido pensar en el siguiente, la muerte de Noa nos ha golpeado con dureza.

Sufrir es duro, muy duro. Hay grados de sufrimiento insoportables. ¿Se puede exigir a un ser humano que sufra lo insufrible? Y si duro es el sufrimiento propio, más cruel todavía es el ajeno, el de los seres más queridos, el de unos padres viendo sufrir irremisible a una hija sin recursos psíquicos ni emocionales para ayudarla a salir del infierno que la oprime. Tantos años luchando, luchando de verdad, hasta el agotamiento, y la vida que no asoma, se hace esquiva y se retuerce. Un golpe detrás de otro, una herida sobre otra. No hay más que ver los brazos de Noa, con sus cicatrices agoreras, para comprender el tremendo sufrimiento que la tiranizaba sin piedad. Esclava del infortunio y la tristeza, con la depresión agazapada, esperando a derribarla al levantarse después de cada caída. Exhausta, agotada, incapaz ya de soportar la misma idea de un futuro humanizado. Y un padre, una madre, viendo cada día la derrota al levantarse, sin descanso, una caída tras otra, imaginando un pasado imposible de dolor oculto en la intimidad de una infancia lacerada, robada de cuajo por unos monstruos desalmados.

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Sobrecarga emocional

Hace tiempo que no escribo sobre comunicación matrimonial. Quizás es por mala conciencia, pues últimamente ando más despistado de la cuenta…, y eso que la cuenta de mi despiste es bastante larga. Ayer, sin ir más lejos, entre un semáforo y otro, me olvidé de que tenía que recoger a mi hijo pequeño (¡15 años ya!) y le dejé tirado en la calle, con el agravante de que pasé por delante de él en coche sin tan siquiera verle.

Aunque peor fue lo que me sucedió el otro día en la oficina. Entré en el despacho de una compañera abogada, me fijé en una orquídea que tenía encima del armario, que me sonaba haber visto antes y, orgulloso de mis dotes de observación, le dije: “¡cómo ha crecido esta planta!” Ella, conteniendo la carcajada, me contestó: “hombre, no mucho, lleva aquí con el mismo aspecto unos diez años…, es de plástico”.

En fin, no sigo, cada uno tiene sus talentos y sus lagunas…

Estas anécdotas me han traído a la memoria un concepto que Aaron Beck describe en su libro “Con el amor no basta”: la sobrecarga emocional. Consiste este fenómeno en una cierta distorsión de la realidad objetiva que se suele dar en la relación matrimonial, y el autor lo describe así: “Las tareas prácticas y mecánicas se juzgan más por su capacidad de satisfacer valores y expectativas emocionales que por la de resolver problemas prácticos”.

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