Un día, estábamos en familia y Loles, mi mujer, estaba comentando algo sobre un viaje a Italia de hacía ya un tiempo. Yo iba asintiendo, recordando vagamente los lugares que ella describía, hasta que comenzó a decir algo del hotel que yo ya no recordaba, y dije: “del hotel no me acuerdo mucho”.
Entonces, Loles me miró y, para sorpresa de todos, yo el primero, dijo: “claro que no te acuerdas; tú no viniste a este viaje; fui yo con la profesora y alumnas de nuestra clase de historia del arte”. Es fácil imaginar la carcajada de todos mis hijos, que me recuerdan a menudo la anécdota, una más entre mis muchos despistes.