Este mes de agosto tenía que escribir un artículo sobre la familia y he dedicado parte del tiempo de lectura a releer algunos libros que me orientaran. Cómo no, uno de ellos ha sido una de las joyas sobre la ética educativa en la familia y fuera de ella: Ética del quehacer educativo, de Carlos Cardona.
Y, en esta grata tarea, topé con la enumeración de las que él llama “reducciones falsificadoras” de nuestra cultura. Una de ellas la enuncia así: “la eternidad como temporalidad ilimitada”. Y me llamó la atención.
Por aquellos enigmas de la mente, asocié este binomio (eternidad versus temporalidad ilimitada) con los best sellers Sapiens y Homo deus, de Yuval Noah Harari, una de cuyas tesis es que el ser humano está a punto de traspasar la frontera que le transformará en dios (con minúscula), es decir, en inmortal.