Hablar de fortaleza es hablar de libertad, de libertad para amar, para hacer el bien. El bien es muchas veces arduo y difícil, y la tendencia a huir de lo doloroso es una dificultad para el uso de la libertad que libremente debo vencer, explica Carlos Cardona en Ética del quehacer educativo.
Este es el marco adecuado de la fortaleza: la tendencia al bien, al mayor bien posible. También para hacer el mal con eficacia es necesaria la fortaleza, aunque en este caso, al no estar informada por el amor, deja de ser virtud.