Hace ya unos años, un amigo mío me comentó, preocupado, que últimamente su mujer rehuía habitualmente las relaciones sexuales. En los últimos meses (¿años?) las habían tenido raramente. La relación matrimonial era buena y no existían grandes discrepancias ni enfrentamientos en el matrimonio. Al indagar un poco más las probables causas, me contó que ni su propia mujer sabía bien lo que le pasaba. Una de las razones que ella le daba era que se sentía incómoda teniendo relaciones mientras los hijos, muy pequeños todavía, estaban en casa y estaba tensa por si se levantaban y entraban en la habitación.
Le hice una pregunta muy sencilla: ¿tenéis pestillo? No tenían.
Recuerdo que una de nuestras hijas, cuando era pequeña, llegó un día algo desconcertada del parvulario porque una amiga suya le había dicho que sus padres algunas noches se peleaban, ella se acercaba a ver qué pasaba y veía que su padre se ponía encima de su madre.