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Familiarmente

~ Ser y vivir en clave de familia

Familiarmente

Publicaciones de la categoría: Espíritu

¡Inmaculada!

08 sábado Dic 2018

Posted by javiervq in Espíritu

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En «El Banquete», un imaginario diálogo entre intelectuales de su época, Platón puso en boca de Aristófanes el mito del Andrógino, con el que intentó dar una explicación al origen de la Humanidad. Y tuvo una reveladora intuición: consideró que los primeros hombres eran seres esféricos, dotados de todas las perfecciones, que eso expresa la esfera. Tal era su fuerza, que se rebelaron contra los dioses y atacaron el Olimpo. Zeus les lanzó entonces un rayo que les partió en dos y, desde entonces, andan como incompletos, buscándose unos a otros (lo que explicaría, entre otras cosas, la atracción sexual).

Pero, ¿cuál era el estado del ser humano previo a esa división? ¿Cómo era ese ser esférico, unitario? Precisamente, podemos considerar que su rasgo principal era la perfecta unidad de su naturaleza: cuerpo, afectos, voluntad e inteligencia convivían en perfecta armonía. Los dinamismos del ser humano cooperaban al bien común de la persona y no había división interna entre ellos: lo que conocía con la inteligencia y juzgaba que era bueno, lo quería con la voluntad, lo deseaba con los sentimientos y lo hacía con el cuerpo, en un solo movimiento global de su entero ser. Dicho de modo más gráfico: «conozco que suena el despertador, pienso que es bueno levantarse, es lo que más deseo en este momento y mi cuerpo me obedece sin dudarlo».

Sin embargo, tenemos la experiencia de que esto, hoy, no es así; existe la conciencia universal (y no solo en la cultura cristiana, sino en muchas tradiciones sapienciales) de que el hombre es un ser incompleto, que no habita en sí mismo, que está como caído por debajo de su naturaleza y debe ascender a ella. No en vano Jaspers definió al hombre que «aquel que ha de llegar a serlo».

Ovidio lo experimentó y lo dejó escrito antes que San Pablo: «veo el bien y lo apruebo, pero hago el mal». ¿Qué sucedió? Parece haber acuerdo en que hubo una separación, una disgregación o desintegración. Los dinamismos humanos, antes unidos en perfecta armonía, se fragmentaron: en lugar de buscar siempre el bien que les mostraba la inteligencia, se disgregaron y cada cual tendió a su propio bien.

De esto va la fiesta de hoy, que mucha gente, me temo, no sabe bien qué celebra: la Inmaculada Concepción de la Virgen María en el seno de su madre, Santa Ana.

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Mindgodness

13 domingo May 2018

Posted by javiervq in Crecimiento personal, Espíritu

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Este fin de semana he asistido a un curso de mindgodness. La verdad es que, con mayor o menor acierto, vengo practicándolo a diario desde hace muchos años.

Y puedo asegurar que es cierto lo que dicen. Tiene efectos saludables para el cuerpo y para el espíritu. Reduce el estrés y la ansiedad, ayuda a dormir mejor, protege el cerebro, acrecienta la capacidad de concentración, desarrolla la autoconciencia y el autoconocimiento, calibra la realidad en su verdadera dimensión, desarrolla la inteligencia emocional, favorece la creatividad, mejora las relaciones personales y muchas cosas más.

Algunos maestros aconsejan comenzar con una postura cómoda pero atenta. Sentados en el suelo con la espalda apoyada en la pared, a ser posible. No es necesario que sea en la posición de loto. En el curso al que he ido, la verdad, nos sentábamos en unos bancos de madera la mar de cómodos oportunamente dispuestos para la ocasión. Y se meditaba de maravilla.

Tampoco nos era imprescindible repetir un mantra para estimular la liberación de pensamientos intrusivos porque el que dirigía la meditación la introducía con una serie de invocaciones que generaban el mismo efecto en un par de minutos. También los participantes, incluso los más noveles, podían sin dificultad hacerlo por su cuenta.

Una vez introducidos en el estado meditativo, se producía, sin embargo, un efecto no por conocido menos sorprendente. Mi primer impulso autoconsciente era encontrarme con el yo interior, ir en busca de mi ser más profundo y, desde allí, conectar con la realidad conscientemente.

Pero, cuando levantaba la vista y me concentraba en el objeto que tenía delante, una pequeña caja hacia la que todo estaba dispuesto en la habitación y a la que se orientaban todos los bancos, mi pequeño y aburrido yo se diluía y se me hacía esquivo, a tal punto que no lograba concentrarme en él.

En su lugar, surgía otra cosa, algo diferente y más grande, mucho más grande, que percibía como propio y ajeno al mismo tiempo. Era como si mi autoconciencia fuera, en verdad, al mismo tiempo, alteroconciencia.

Aunque en el fondo ya lo sabía, para mi tranquilidad, me volvieron a confirmar que eso era lo que sucedía cuando uno practicaba mindgodness. Que, buscándose a sí mismo en su interior, acababa siempre topándose con quien de verdad habita allí. Agustín de Hipona le llamó el “intimior intimo meo”, el “más íntimo a mí que yo mismo”, en traducción libre.

Es lo que tiene el mindgodness. Que siempre hay quien convoca al Espíritu Santo y trae a Jesús sacramentado, y, entonces, claro, entre que ya habitaba el alma y que se hace especialmente presente, todo se altera y se transforma de manera extraordinaria (sobrenatural, vamos).

Y, como era de esperar, volví a experimentar todos los otros efectos que el mindgodness añade a la clásica meditación del mindfulness y que, a veces, pueden parecer contradictorios. ¡Hay que ver qué lío de palabras! ¡Con lo fácil que era cuando todo era meditación!

¿Cuáles son esos efectos? La dedicación a los demás con olvido de sí mismo, la desconfianza en las propias fuerzas unida a la esperanza cierta de un mundo mejor que Alguien ha ganado ya para nosotros, una alegría inexplicable incluso en el dolor o la dificultad, la convicción de que la trayectoria personal no termina con la muerte, la unión (hay quien, para reforzar la idea, dice comunión) con los demás, la asunción (que no comprensión) de muchos de los misterios que la mente humana no alcanza a entender, la certeza de que sin la ayuda de una fuerza superior estamos condenados a la misma e irremediable historia de siempre… Y otros todavía más estrambóticos como, por ejemplo, ¡el deseo de cargar con una cruz diaria o de vivir más desprendido de los bienes materiales!

Lo que a mí me pasa cada año cuando voy a un curso de estos es que los efectos no me duran mucho. Por eso hago propósitos de continuar practicando mi mindgodness diario.

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Hoy

30 viernes Mar 2018

Posted by javiervq in Espíritu, Uncategorized

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Hoy, al verte en la cruz, ¡hoy!, enclavado,
la razón se rebela, humana y fría:
¿Cómo un Dios agoniza así, colgado?
¿Cómo un hombre doliente Dios envía?

Hoy, al verte en la cueva, ¡hoy!, sepultado,
la voluntad se rompe y desconfía:
¿Cómo un Dios bajo tierra y olvidado?
¿Cómo un hombre, acabado, nuestro guía?

Hoy, al hundirte, ¡hoy!, en la amargura,
el corazón repudia esta quimera:
¿Cómo un Dios que se cubre de negrura?
¿Cómo un hombre que puede ser cualquiera?

Hoy, al no verte, ¡hoy!, en mi alma oscura,
mi memoria se olvida y desespera:
¿Cómo un Dios sin presencia ni figura?
¿Cómo un hombre que muere y nadie espera?

Pero hoy, que mi mente no comprende,
hoy, que mi voluntad duerme vacía,
hoy, que mi corazón ya ni se enciende,
y mi olvido de noche cubre al día….

¡Hoy es cuando te entiendo sin pensar,
cuando quiero quererte sin querer!
¡Y hoy es cuando te siento de verdad
y veo lo que en ti no supe ver!

¡Hoy es cuando mi mente tú reclamas,
cuando mi voluntad tú solicitas!
¡Y hoy es cuando, en recuerdos, tú me llamas
y cuando más mi amor tú necesitas!

¡Porque hoy es mi razón… tu prendimiento
y hoy es mi voluntad… tu sufrimiento,
la fuerza que me mueve…, tu tormento
y hoy es mi corazón… tu sentimiento!

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¿Hablar de Dios?

05 sábado Ago 2017

Posted by javiervq in Espíritu

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Debe de ser el sereno discurrir de las horas en verano el que me invita a hablar de un tema tan extraño a los que acostumbro. La culpa es de mi hermano Guillermo, con quien, por aquellas casualidades de la vida, coincidí el martes pasado, 1 de agosto, en el AVE, camino de Madrid. Éramos casi los únicos que llevábamos americana y, acaso para consolarnos mutuamente, nos emplazamos en el coche bar. Y allí, olvidándonos del sempiterno referéndum catalán, de Maduro, de Trump y de otros desconciertos mundanos, hablamos del amor y del desamor, de lo humano y de lo divino. Yo le comenté alguna idea de un libro que acababa de leer (Cómo hablar de Dios hoy, de Fabrice Hadjadj), y él me aconsejó la lectura de la Contra de La Vanguardia de ese día.

La leí y me pareció muy buena. En ella, un lama budista del Nepal (¡propietario de siete monasterios, según decía!) daba tres consejos para ser feliz: contentarse con lo que uno tiene, querer lo mejor para los demás y alegrarse de que lo consigan. ¡Tan fácil, tan difícil!, concluyó mi hermano. Asentí. Un buen programa ético, que el monje resumía en dos palabras: calma y bondad.

Cuando uno ve la foto de un monje budista, con su sonrisa acogedora, su candidez, su indumentaria austera…, tiende a concluir casi espontáneamente que es un hombre coherente y vive lo que predica. No sabemos nada de él, pero transmite autenticidad.

Sin embargo, cuando un burgués se pone a hablar de Dios, no genera esta simpatía. Un halo de sospecha invade a su interlocutor, que no acaba de ver claro el programa moral que le ofrece. Si, encima, en lugar de conceptos universales como la paz o la bondad, se atreve a hablar de una persona que vivió hace más de dos mil años, pero que sigue estando presente de manera inexplicable e ininteligible, entonces la sospecha suele dar paso a la incredulidad, cuando no a la impaciencia o agresividad.

En cierto modo, de eso trata el libro de Hadjadj (filósofo, hijo de padre judío y madre musulmana con inclinaciones taoístas, padre de seis hijos y ateo converso al catolicismo): de burgueses que osan hablar de Dios. Y no solo burgueses, sino también intelectuales y obreros y pobres y aristócratas y toda clase de ‘payasos’ (así les llama, cariñosamente, el autor) que, para el mundo, hacen (¡hacemos!) el ridículo hablando de Dios.

El autor detecta la dificultad que entraña hablar de Cristo a cristianos descristianizados, porque creen saber ya quién es ese Jesús de Nazaret y, por lo tanto, no escuchan. Esto puede explicar que a muchos católicos les gustaría solo promover valores, hablar de grandes principios e ideas, como puede hacer un monje budista. Pero, tarde o temprano, se topan con la tozuda realidad del cristianismo, que no consiste en promover la cultura ni la humanidad, sino en propiciar el encuentro con una Persona. ¿Qué es una cultura cristiana sin Cristo?

El mismo Cristo, recuerda Hadjadj, cuando habla “no tiene como finalidad primera comunicar una teoría o dominar al adversario, sino establecer una alianza, disponer un lugar de encuentro”.

La Revelación no es una tesis filosófica, sino un hecho histórico, y el cristiano no es un maestro, sino un testigo…, testigo de un hecho histórico y de su encuentro personal con Cristo. Y esta primacía del encuentro sobre el razonamiento es, precisamente, la que salva al cristianismo de ser una ideología más.

Hadjadj se pregunta -como hacemos tantos- por qué debe el cristiano hablar de Dios si, como la Iglesia ha enseñado, quienes no conocen a Dios pueden alcanzar también la salvación. La respuesta es, desde luego, evangélica: porque Cristo así lo mandó y es de la esencia del cristianismo. Pero también antropológica: porque “la palabra es un acto, e incluso, para un ser vivo que se caracteriza por la palabra, el acto más profundo (…) El que dice sin hacer es un perverso. El que hace sin decir es un animal” (es decir, alguien que renuncia a lo humano), concluye.

El cristiano es, pues, un testigo que habla, pero, y aquí viene lo del ‘payaso’, el habla del testigo de lo sobrenatural es siempre balbuceante. Cuando el testigo de lo sobrenatural empieza a desarrollar una teoría a través de un discurso perfecto, empieza a levantar sospechas: ¿realmente es testigo? Despierta la misma desconfianza que suscitaría el testigo de un crimen horrendo que lo explicara con toda paz y perfección discursiva: ¿Tan poco le ha afectado lo que ha visto que no titubea ni balbucea al explicarlo? De ahí, la recomendación de Cristo: “cuando os conduzcan para entregaros, no os preocupéis por lo que debéis decir”.

Es un testigo que, tarde o temprano, ha de abandonar el discurso de los valores y sublimarlo, dando a conocer lo que no sabe, lo incomprensible: un Dios hecho hombre, un hombre que es Dios, presente en un trozo de pan, tres Dioses que son uno… Y no puede sino balbucear ante verdades super-racionales, que están por encima de la razón.

Un testigo, además, que no habla desde la superioridad de quien vive lo que predica, sino que se siente miserable y comprende que el otro, el que le escucha, es casi siempre mejor que él mismo y puede estar más cerca de Dios a pesar de cualquier apariencia. Un testigo que sabe que en ese maravillarse de que el otro exista y amarle siempre y en toda circunstancia se juega su identidad cristiana. Y, claro, balbucea.

Por eso, una de las tesis de Hadjadj, escrita antes de que Bergoglio fuera elegido Papa, coincide con lo que el Papa Francisco viene enseñando: el cristiano es, ante todo, un amador, no un moralista. Y recoge la respuesta que dio Tristán Bernard, un escritor francés, cuando le detuvieron los nazis: «hasta ahora vivíamos en la angustia; pues bien, ahora vamos a vivir en la esperanza».

Y yo pienso que esto es lo que necesita este mundo tantas veces deprimido y descreído: ¡pasar de la angustia a la esperanza! Eso es Cristo. Pero necesita testigos que hablen, aunque al hacerlo acaben balbuceando.

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Chema Postigo

06 lunes Mar 2017

Posted by javiervq in Espíritu

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Me resistía a este momento. No quería escribir sobre Chema. Me parecía que no había papel ni teclado capaces de resistir la energía del trazo que una vida como la de Chema reclama. Siempre por delante, junto con Rosa. Por delante en el amor. Por delante en la entrega. Por delante en la generosidad. Por delante en el dolor. Por delante en la amistad. Por delante en la actividad. Por delante en la contemplación. Por delante… en el Cielo.

Hace más de 25 años, un grupo de matrimonios jóvenes iniciamos con Rosa y Chema la que su suegro, Rafael Pich, llamaba la nueva era de la orientación Familiar, la nueva era de la felicidad para miles y miles de familias. El curso de Primeros Pasos, y el de Primeras Letras y Decisiones y Adolescencia y Amor Matrimonial… Y Chema, con su muñeca, como en la foto, a todas partes, enseñando lo grande y lo pequeño. Enseñando el amor. Lo que quieras aprender, enséñalo, decía Rafael, y a él le resultaba fácil, muy fácil, porque se limitaba a enseñar lo que él era, un corazón inabarcable, sin afán de protagonismo alguno. Hacer y desaparecer, pero desaparecer estando ahí, en la sombra, al servicio de todos.

Nunca un no. Una llamada de Mari Carmen Navarro, desde el Fert: “Chema, nos ha fallado un moderador. Su sesión es dentro de dos horas… en Lleida”. Y Chema cogía su petate, su muñeca, apretaba el corazón entre sus dedos y salía hacia Lérida.

Y, después, los países. Desde la IFFD, federación que coordina los cursos de orientación familiar en todo el mundo, ni siquiera teníamos que llamarle. Brasil, Hong Kong, Corea, Chequia, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia, Costa de Marfil, Ucrania y tantos otros. Era él quien llamaba. ¡A la vuelta! Con todo hecho… y muchas veces, nosotros sin saberlo, y todo en marcha. Los lugares más comprometidos. Siempre dispuesto. Con Rosa, la mejor embajadora de la familia, llevando su libro, «¿Como ser feliz con 1,2,3… hijos?» y, con él, la verdadera vida de familia por todo el mundo.

Su última locura fue el Family Enrichment Holidays en Torreciudad. Quince días de vacaciones para los demás. Y Rosa y él sirviendo a las familias que venían de lugares lejanos para formarse como directivos de las actividades de Orientación Familiar en sus países. Recogidas en aeropuertos, viajes arriba y abajo, organización de actividades, sesiones de formación… Y la sonrisa permanente. Nunca pasa nada. Nada te turbe, nada te espante…

Chema tenía un sueño. Y lo vivió con Rosa. Un sueño que -hoy lo está comprobando- es un pensamiento divino: el sueño del amor sin límites. Amor a Rosa, a sus 18 hijos -tres, con él, en el Cielo- y también, en lo que a mí más me ha tocado vivir, a todas las familias del mundo. Quien no ha conocido a alguien como Rosa y Chema difícilmente puede entender la capacidad de expansión del corazón humano, que crece y crece y crece cuando se olvida de sí y se da sin reservas.

Estos días, rezando por la curación de Chema, pensaba que, con diez como Rosa y Chema, daríamos la vuelta a esta ciudad de Barcelona y, desde ella, al mundo entero, para hacer de él la Familia que nunca debió dejar de ser. Chema se sabía miembro de esa familia humana y luchó toda su vida por mantenerla unida y acercarla, uno a uno, corazón a corazón, como han de ser tratadas las personas, al Padre común.

Les confieso una pequeña intimidad: tengo la costumbre de pedir a Dios que me conceda un cachito, aunque sea pequeño, de la virtud más destacada de las personas próximas a mí que nos dejan, en la certeza de que ellas las tienen ya en grado sumo.

Encontrar diez Chemas es un imposible metafísico, pero nos queda Rosa… Con tu permiso, Rosa, me atrevo a pedir a todos cuantos lean estas palabras que hagan como yo y pidan al Señor que les conceda algo, por poco que sea, de Chema. Y quizás entre todos podremos ir colmando poco a poco ese gran vacío que ahora sentimos… y que Chema, irrumpiendo desde su nuevo hogar silenciosa y discretamente, como siempre hacía, sabrá llenar y desbordar con sobreabundancia de todas las cosas buenas que pidamos por su medio.

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Feliz Navidad

19 lunes Dic 2016

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Publicado por javiervq | Filed under Espíritu

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