Ayer cenamos tres matrimonios amigos. Los maridos nos conocimos en las milicias universitarias, aquel tiempo dedicado a la formación militar que los más jóvenes desconocen, que a nosotros nos parecía una pérdida de tiempo y que, finalmente, resultó ser la oportunidad para fraguar algunas de las amistades más profundas, intensas y duraderas de nuestras vidas. Todos llevamos en torno a 35 años casados. Hemos hecho muchos planes juntos: cenas, excursiones, eventos familiares varios (primero bautizos, después comuniones, ahora bodas de nuestros hijos), cursos de orientación familiar para formarnos como padres y como esposos…
Tenemos maneras de ser muy diferentes. Hemos ido a colegios distintos. Nuestras mujeres se conocieron a medida que cada uno fuimos teniendo novia. Congeniaron enseguida. Cada cual ha pasado sus avatares personales, profesionales, familiares…, y siempre ha encontrado a los demás ahí, sin entrometerse innecesariamente, sin hacer ruido, con discreción, pero aportando todo lo que tenía y proponiendo lo mejor, siempre dispuestos.
Cuando volvíamos a casa después de la cena, Loles y yo comentábamos: ¡qué suerte haber encontrado unos amigos como estos… y tantos otros que nos han ayudado a amarnos más cada día! ¿Y realmente es así? ¿Los amigos te ayudan a amar más a tu mujer, a tu marido?