Se acerca el verano en el hemisferio norte y las vacaciones de invierno en el sur. Dicen las estadísticas que después de las vacaciones se incrementa el índice de separaciones matrimoniales. Al parecer, el mismo efecto ha causado la pandemia. El roce hace el cariño, afirma la sabiduría popular, pero, por lo que parece, el roce continuo también puede irritar la piel de algunos matrimonios.
Creo que este periodo prevacacional es un buen momento para entrenarse a amar. Sí, el amor tiene su técnica. Leí en un libro la anécdota de aquel catedrático de Estética (una rama de la filosofía) que impartió una conferencia sobre la belleza y, molesto ante la objeción de una de las asistentes basada en el argumento de que “sobre gustos no hay nada escrito”, le espetó: “Señora, sobre gustos hay mucho escrito; lo que pasa es usted no lee nada”. Pues, lo mismo sucede con el amor: hay mucho escrito, y no querer aprovecharlo podría ser un acto de absurda arrogancia.
Uno de los libros que a mí más me ha aportado es el de Aaron Beck, “Con el amor no basta”. Entre otras muchas cosas, trata allí las que él llama deformaciones cognitivas, una buena área de mejora en la comunicación matrimonial. Me he propuesto tratar algunas de ellas durante los siguientes posts, ¡a ver si, a fuerza de escribirlas, las voy corrigiendo en mí mismo!