Estos días he podido terminar de leer, subrayar y meditar un libro muy interesante sobre el amor humano que ya en parte había comentado aquí.
En sus páginas finales aborda el tema del odio y la envidia, y alcanza una conclusión muy interesante: todo odio es causado por un amor, pues ninguna cosa se aborrece sino por ser contraria al objeto que se ama.
Parece evidente, pero expresada así, con esa naturalidad, ayuda a relajarse. ¿Quién no ha experimentado envidia o algún grado de odio en algún momento determinado de su vida? El odio y la envidia son bastante universales… y avergüenzan mucho.
Uno podría pensar ¿Cómo puede ser que yo, que intento siempre hacer el bien, comportarme rectamente y amar a todo el mundo sea capaz de sentir ramalazos de envidia, incluso de odio? La respuesta es muy sencilla: precisamente por eso, porque amas, odias. O, dicho de otra manera, si odias algo es porque también amas algo (y lo amas más que aquello que odias). El lenguaje del odio es siempre este: no quiero eso, pero por amor de aquello.
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