Estos días prenavideños son un momento entrañable para compartir mesa con los amigos, pero a veces los preparativos son realmente complejos y deparan momentos de gran tensión familiar, como el que viví la semana pasada junto con nuestro último hijo, Pablo, de 18 años.
Teníamos un encargo que parecía fácil de ejecutar por dos mentes privilegiadas como las nuestras. Las instrucciones fueron claras y precisas: “tenéis que comprar un corte de queso brie y otro de queso comté en la charcutería Sin-pérdida (es para no hacer publicidad gratuita) de La Illa (un centro comercial de Barcelona) y 12 croquetas (doce) de ceps (una preciada seta) en la pollería también Sin-pérdida de La Illa, que está justo al lado de la charcutería Sin-pérdida, ambas en la planta sótano, cerca de la salida de la calle Numancia, la que baja desde la Diagonal hasta la estación de Sants, justo detrás de la frutería Sin-pérdida”. No había margen de error.
