Mi padre me explicó una vez una anécdota muy curiosa. Tenía un amigo que pasaba penurias económicas cuyo padre era muy rico y no quería dejar nada a los hijos en vida. El hombre vivía a la espera de la herencia. Cuando murió el padre, uno de los hermanos se encontraba fuera de España, y el amigo de mi padre le mandó el siguiente telegrama para informarle del triste suceso (entonces, no existía el whatspp y había que ahorrar palabras): “Papá ha pasado a mejor vida… ¡Nosotros, también!”
Me ha venido a la cabeza este recuerdo, por contraste, al afrontar la siguiente dimensión de la familiaridad, la fraternidad, porque, en la anécdota, el fallecimiento del padre parece actuar como espoleta de la unión entre hermanos (un poco materialista en este caso), mientras que muchas veces sucede lo contrario.